Honduras, por su parte, registró una disminución drástica en los flujos hacia el norte. Según un informe de la OIM, entre enero y marzo de 2025 apenas 14.270 personas emprendieron el viaje, frente a las 133.518 del mismo periodo del año anterior.
Simultáneamente, se multiplica la llamada «migración inversa»: personas que, desalentadas o sin recursos, deciden volver a sus países de origen. En Colombia, más de 9.000 migrantes han cruzado de regreso el Tapón del Darién en lo que va de año, según la Defensoría del Pueblo.
Trump endurece el cerco y eso se siente en todo el continente
La vuelta de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. ha traído consigo medidas migratorias drásticas: cierre práctico de la frontera, cancelación de citas de asilo, despliegue militar y cero liberaciones de migrantes en situación irregular.
Maureen Meyer, vicepresidenta para Programas de de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), explica, en entrevista con DW, que «se ha creado un clima de miedo. Las vías legales se han cerrado y también los caminos para quienes buscan protección». Meyer alerta sobre el impacto humanitario: «Muchos migrantes que se encuentran varados en México están intentando regularizar su estatus allí o incluso regresar a sus países.»
Este retorno no siempre es voluntario. Desde EE.UU. también se está promoviendo la «autodeportación» mediante incentivos económicos y aplicaciones como CBP One Home. Sin embargo, advierte Meyer, «muchos de los migrantes con lazos familiares en EE.UU. difícilmente optarán por regresar, pese al endurecimiento».
Presión para los países de acogida y origen
El giro en los flujos migratorios plantea enormes desafíos para los países latinoamericanos. En palabras de Maureen Meyer, «ningún país de la región está preparado para una migración inversa de esta magnitud». La falta de recursos, la violencia en los lugares de origen y la ausencia de programas de reintegración complican el panorama.
Amy Pope, de la OIM, coincide en señalar que «no hay suficientes vías legales para que los migrantes puedan entrar de manera regular». A esto se suman los efectos de la desinformación y las tensiones en las comunidades receptoras.
Colombia, Panamá, Honduras, Venezuela y República Dominicana se encuentran en el centro de esta crisis. Algunos Gobiernos, como el de Venezuela, han reactivado programas de retorno asistido, pero las respuestas siguen siendo limitadas frente a la magnitud del fenómeno.
Un futuro incierto
Según Meyer, «es demasiado pronto para medir el impacto total de estas políticas». El riesgo es que, mientras los retornos aumentan, se agraven también las tensiones sociales y se debiliten los sistemas de acogida en países con economías frágiles.
La situación también plantea un dilema económico para Estados Unidos, que enfrenta escasez de mano de obra en sectores clave como la agricultura y la construcción, donde los migrantes indocumentados desempeñan un papel esencial.
«La migración no se detiene. Los seres humanos siempre se moverán», resume Amy Pope. La gran pregunta es cuánto daño se causará en el intento de frenarla y cuál será el costo humanitario para las comunidades afectadas en ambos extremos del continente.
Por Gabriel González Zorrilla – Deutsche Welle
FUENTE: Other News