Sin embargo, por más sumisa que se haya mostrado Europa ante los designios de la Casa Blanca, la política real es mucho más compleja, el cruel invierno hace que el consumo energético se dispare y reformular toda una política energética a la medida de la diplomacia de Washington es verdaderamente complicado para casi todos esos países.
La historia ha demostrado que la prohibición es la amorosa madre del contrabando, por lo que se ha generado toda una ruta de combustible ruso hacia Europa llamada Dark Fleet, o la Flota Fantasma que permite que los países involucrados cumplan con la orientación de no comprar combustible a Rusia y a esta le ha permitido mantener el flujo más o menos constante hacia occidente, mientras aumentó significativamente las ventas hacia oriente durante el último año; nuevamente la Casa Blanca pierde.
El comercio mundial
Reduciendo a un análisis hiper simplista los procesos comerciales, Estados Unidos no tiene el control de la producción ni de la compra-venta de los combustibles provenientes de Rusia, por lo que otro factor de tensión se genera en el control de las rutas comerciales, factor de control determinante de la geopolítica desde hace siglos.
En ese sentido existen unas rutas críticas que marcan el ritmo del comercio global, que al hablar de bienes y materias primas continúa siendo por vía marítima. En América se encuentra el Canal de Panamá como ejemplo. La comunicación entre el Atlántico y el Pacífico por el centro del continente es determinante a la hora de mover grandes cantidades de recursos. Se han abierto posibilidades en los últimos tiempos para abrir otro canal interoceánico en Nicaragua por el lago Cocibolca, proyecto que en 2014 entregó permisos a una empresa China para su construcción y usufructo.
Entonces el centro del debate no está en dónde se encuentran sino en quién controla estos pasos, de los que en el caso de América solamente hay uno y este queda en un país, pero al moverse muy hacia el oriente la fórmula se complejiza, ya que las rutas comerciales involucran decenas de países y tres continentes (Europa, Asia y África).
Las puertas de Rusia
Las rutas comerciales que unen los tres continentes pasan por dos estrechos pasos de agua cuando se trata de los países más cercanos, el primero sirve para ir de Europa a Asia por medio del Canal de Suez, que une el Mar Mediterráneo, por lo tanto el Océano Atlántico con el Mar Rojo hacia el Océano Índico, ruta de llegada al Asia oriental y Oceanía. Sin embargo, esta ruta está en disputa armada desde 2023 cuando el Movimiento Ansarolá desde Yemen, conocidos como Hutíes, ha reaccionado a la operación de tierra arrasada en Gaza, saboteando el comercio desde y hacia el sur de Israel por este paso.
El segundo paso es el del Golfo Pérsico que mueve todo el petróleo producido en lo que se conoce comúnmente como Medio Oriente (Asia Occidenteal) hacia el Océano Índico, esta delicada ruta mueve la quinta parte del consumo mundial de petróleo por el Estrecho de Ormuz, paso de solo 33 km de ancho (el Canal de Panamá tiene 80 y el de Suez 193) que está bajo control de Irán.
Pero dentro de todos los países que tienen presencia en este complejo entramado político - comercial no está Rusia, cuyos recursos deben recorrer primero un largo camino antes de llegar al Mediterráneo o al Golfo Pérsico. El caso del gigante euroasiático es complejo, ya que todos sus recursos, arriba descritos, se encuentran tras una barrera natural tan colosal como el país mismo.
Pese a las dimensiones del país, las salidas marítimas de Rusia son relativamente escasas, ya que aunque tiene salidas oceánicas directas, estas se encuentran al extremo norte, cerca del Polo o al extremo oriente sobre el Océano Pacífico. Para entrar a las principales avenidas del comercio internacional euroasiático el petróleo ruso sale principalmente desde el puerto de Novorossiysk, ya que el grueso de los yacimientos energéticos de ese país se encuentran hacia el centro oeste.
El puerto de Novorossiysk está ubicado en el Mar Negro, que igual que el Mar Caspio son mares interiores, sin salidas directas hacia los oceanos, por lo que los barcos deben hacer un recorrido através del Estrecho de Bósforo para salir al Mar Egeo y de ahí finalmente al Mediterráneo. Aunque Rusia tiene acceso al puerto de Sebastopol en la República de Crimea que hace parte de la Federación Rusa, y que también se encuentra sobre el Mar Negro, este hace parte de un territorio en una fuerte tensión con Ucrania y no está significativamente más cerca de una masa oceánica.
En suma, de los 67 puertos que tiene Rusia, es solamente uno el que representa un flujo de comercio verdaderamente rentable para su economía según los parámetros clásicos de la distancia entre el lugar de producción y las rutas más cortas de comercialización, y en este momento salvo Ucrania, todos los países por los que pasa esta ruta comercial en dirección a los mercados del Atlántico, hacen parte de la OTAN. Es decir que de concretarse la anexión de Ucrania a este organismo, la principal ruta comercial de Rusia estaría controlada por Estados Unidos, y de continuar el avance expansionista de Israel, este controlaría las rutas hacia el Índico, que al final es lo mismo a que las controle Estados Unidos.
A modo de conclusión podemos ver que en la reconfiguración de un mundo multipolar con Rusia como uno de los referentes alternativos al eje USA-OTAN, la guerra en Ucrania y la llamada guerra de los 12 días entre Israel e Irán no son acontecimientos aislados y lo que se está jugando hoy la Casa Blanca aún en medio de la inverosímil política exterior de Trump, entre otras cosas es la posibilidad de frenar el ascenso ruso encerrándola dentro de sus propias fronteras y controlando las condiciones bajo las que desarrolla su comercio internacional.
En las últimas horas se ha dado a conocer que Putin y Trump se reunirán pronto con el fin de conversar sobre el conflicto, por lo que es posible que se llegue a un acuerdo que permita cesar las hostilidades, pero difícilmente se puede creer que dicho acuerdo parta de que Rusia acepte la anexión plena de Ucrania como miembro de la OTAN.