La jefa del Servicio de Oncopediatría, Mariuska Forteza Sáez, describe el periodo posterior a la pandemia de covid-19 como “bien complejo”, marcado por la insuficiencia de fármacos de quimioterapia, la inestabilidad en su suministro y problemas en equipos de radioterapia afectados por obsolescencia y falta de piezas.
Ante la escasez, los especialistas se han visto obligados a modificar protocolos terapéuticos y sustituir tratamientos por medicamentos menos efectivos. Esta situación repercute no solo en los resultados clínicos, sino también en la carga emocional de médicos, pacientes y familias.
Dificultades para completar los ciclos terapéuticos
Liset Rodríguez, madre de un niño en tratamiento, relata las dificultades para completar los ciclos terapéuticos: su hijo debió atravesar tres fases con medicamentos distintos por la falta de disponibilidad, una realidad que obliga a racionar recursos destinados a múltiples pacientes.
Pese a las limitaciones, personal médico, enfermería, artistas y grupos solidarios trabajan para aliviar el impacto psicológico del tratamiento. La jefa de Enfermería de la sala pediátrica, Dayné Quintero Vázquez, subraya que la atención se ha mantenido con constancia, incluso en momentos críticos de desabastecimiento.
Aunque el 65 % de supervivencia infantil aún sitúa al país por encima de las metas internacionales fijadas por la Organización Mundial de la Salud, el sistema sanitario cubano considera el descenso un retroceso grave que se traduce en vidas perdidas y en mayores dificultades para sostener los programas oncológicos pediátricos.