La amplitud política se combinó con pragmatismo: el martes, día de San Francisco de Asís, se reunió con frailes franciscanos y ratificó su creencia en Dios; luego el PT difundió un video con Lula manifestándose contrario al aborto con el cierre de “Lula está a favor de la vida”. La moderación se articuló a la reivindicación de los logros alcanzados durante sus gobiernos entre el 2003 y el 2010, así como, por ejemplo, la defensa y orgullo de su procedencia del nordeste de Brasil ante las declaraciones de Bolsonaro que relacionó el alto desempeño de Lula en la región -66.7% entre los cinco estados- con la alta tasa de analfabetismo.
Más redes y menos calle
Mientras Lula está en Belo Horizonte, Bolsonaro está en vivo por YouTube. El historial de su Twitter muestra menos grandes actos, movilizaciones, imágenes habituales de campaña, sino transmisiones por redes, actos de gobierno, clivajes ideológicos y noticias falsas o al límite. La última acusación contra Lula es que cuenta con el “apoyo masivo de presos” y de Marcola, el líder del Primer Comando de la Capital, el cartel narco que controla favelas, cárceles, y negocios diversos desde la droga hasta la minería ilegal. El hecho recuerda la reciente campaña en Colombia, cuando se difundió la noticia falsa acerca del apoyo que tenía Gustavo Petro entre capos y corruptos dentro de las cárceles.
No es el único paralelismo posible con Colombia. Allá también mientras el candidato progresista recurría a un despliegue clásico de campaña en primera vuelta, su contrincante Rodolfo Hernández apeló con fuerza a la estrategia de redes, desde Tik Tok a una maquinaria masiva y participativa de WhatsApp que le otorgó un crecimiento imperceptible a primera vista. Bolsonaro tiene larga experiencia en el uso de redes y sus números los demuestran: 9.2 millones de seguidores en Twitter vs 4.8 de Lula, 23.1 millones en Instagram vs 8.5, 3.94 millones en YouTube vs 693 mil, y 3.6 millones en Tik Tok vs 2.8 millones del líder del PT.
“Lo que está en juego en este momento es el futuro de nuestro país, es hora de unir fuerzas para proteger las libertades y la dignidad del pueblo brasilero y evitar que la cuadrilla que asaltó y casi destruyó al país vuelva al poder”, afirmó Bolsonaro en uno de sus mensajes recientes contra Lula a quien acusa una y otra vez de corrupto. El presidente también se alza a sí mismo como “el último obstáculo para el socialismo”, que según un reciente video de campaña encarnan tanto Nicolás Maduro y Daniel Ortega, como Alberto Fernández, Gabriel Boric y Petro.
Bolsonaro utiliza instrumentos y discursos característicos del repertorio de las nuevas derechas. El presidente brasileño es uno de sus principales referentes, y su desempeño el domingo, presidencial, regional, y en particular Legislativo, son la reconfirmación que una radicalidad puede cosechar buenos resultados, y que aún catástrofes, como su gestión ante la pandemia, pueden ser revertidas, como lo muestra el hecho de que no perdió votos en comparación con el 2018 en los municipios más afectados por la covid. Parte de sus resultados se deben, a su vez, a políticas sociales, como el Auxilio Brasil, que le permitió mejorar su performance en el Norte, Nordeste y Medio Oeste. Su primera acción de segunda vuelta fue adelantar los pagos del Auxilio para que coincidan con el cronograma electoral.
Números
El resultado obtenido por Lula en primera vuelta coincidió con lo que indicaban la mayoría de encuestadoras. El problema resultó en crear la expectativa acerca de un posible batacazo de más de 50%, algo nunca alcanzado por Lula que siempre fue a ballotage. Por esa razón, y sobre todo el número más elevado de Bolsonaro del que anticipaban las encuestas, corrió una suerte de desilusión militante en las filas del lulismo al conocerse los números el domingo pasado. Sobre-expectativa y cierta subestimación del arraigo y capacidad política del bolsonarismo marcaron una victoria con sabor a no haber ganado. Algo similar, también, a la primera vuelta presidencial en Colombia en mayo.
El voto oculto de Bolsonaro parece haberse debido a la desconfianza de su electorado con los grandes medios, las encuestadoras, ese establishment al cual dice enfrentarse el presidente en sus discursos en una lógica similar a la de Donald Trump. ¿Pasará lo mismo en la segunda vuelta? Por el momento las encuestas –IPEC, Datafolha, Quaest y PoderData- dan ventaja a Lula en lo que se anuncia como una larga campaña a la que aún le faltan tres semanas que se anuncian intensas, cargadas de noticias falsas, actos de campaña y seguramente tensiones, como las ocurridas durante la primera vuelta. Se trata, como dicen muchos en Brasil, de la elección más importante desde la vuelta de la democracia.
Por Marco Teruggi (vía Página 12)