Alckmin prometió lealtad a Lula y aseguró que eventuales divergencias del pasado, del presente o futuras no servirán de pretexto para que deje de apoyarle, porque Brasil vive hoy el Gobierno más “cruel y desastroso” de su historia y sólo Lula puede vencer al actual presidente en las urnas.
El líder del Partido de los Trabajadores (PT), por su parte, no hizo grandes promesas ni desveló detalles de su programa electoral, prefirió centrarse en los logros de sus años en el gobierno, cuando Brasil consiguió erradicar el hambre y se convirtió en la sexta economía del mundo.
Afirmó que todos esos logros están siendo “destruidos” y prometió trabajar para que Brasil vuelva a ser respetado en la comunidad internacional.
Triste papel
“Brasil es demasiado grande para ser relegado a ese triste papel de paria del mundo”, aseguró.
También avanzó que pretende fortalecer organismos multilaterales, como el Mercosur, la Unasur, la Celac o los BRICS, así como frenar privatizaciones de empresas públicas y proteger a la petrolera Petrobras para ponerla al servicio de los brasileños, cambiando su actual política de precios de los combustibles vinculada al dólar.
Lula avanzó que la campaña será difícil y pidió a sus simpatizantes que no caigan en provocaciones e ignoren las ‘fake news’ bolsonaristas, porque quiere promover “la mayor revolución pacífica de la historia del mundo”.
“El país necesita calma y tranquilidad para trabajar y vencer las dificultades actuales; que nadie más se atreva a desafiar la democracia y que el fascismo sea devuelto a la basura de la historia de donde nunca debería haber salido”, exclamó el expresidente hacia el final de su pronunciamiento.
El acto de presentación de la candidatura de Lula contó con la presencia de líderes de los seis partidos políticos que de momento conforman su alianza electoral y de decenas de figuras políticas, entre ellas la expresidenta Dilma Rousseff (2003-2011) y el anterior candidato del PT a las elecciones, Fernando Haddad.
(Vía Sputnik)