Por causa del sismo, con epicentro en la ciudad turca de Kahramanmara, miles de edificios han colapsado y los equipos de rescate están trabajando para develar el paradero de cientos de personas.
El presidente turco Recep Tayyip Erdogan se pronunció luego de la tragedia y detalló que casi 3.000 edificaciones se derrumbaron. Además, afirmó que es imposible predecir cuánto puede subir la cantidad de fallecimientos, en tanto que más de 6.000 ciudadanos de ambos países están heridos.
Este terremoto, el peor que ha padecido Turquía en este siglo, fue de tal potencia que hasta se sintió en países como Chipre, Israel, Egipto y Líbano, e incluso fue registrado por sismógrafos en Dinamarca y Groenlandia.
En Siria, el terremoto golpeó una región gravemente castigada por las consecuencias de años de guerra. Alepo, centro de los conflictos armados, fue una de las ciudades más dañadas junto a Latakia, Tartus y Hama.
El terremoto en suelo sirio también sucedió durante la madrugada en un contexto de intensas lluvias y aguanieve, lo que dificultó el inicio de las tareas de los equipos rescatistas, según imágenes mostradas por la televisión estatal.
Tras una reunión de gabinete de urgencia encabezada por el presidente Bashar al-Assad, el Gobierno sirio puso en marcha un "plan de emergencia nacional" y ordenó revisar las condiciones de presas, embalses y estaciones de agua para asegurar el suministro a los damnificados.