El mandatario criticó con dureza a la ONU, al señalar que el organismo se apartó de su misión original para convertirse en “un modelo de gobierno supranacional de burócratas internacionales que buscan imponerle a los ciudadanos del mundo un modo de vivir determinado”. De todos modos, afirmó que Argentina sigue creyendo en la cooperación internacional para resolver problemas globales, aunque pidió rechazar “las extralimitaciones que acompañan a las agendas nobles”.
En su exposición, Milei sostuvo que “los políticos tienden a sacrificar el futuro en el altar del presente” y advirtió sobre los riesgos del aumento del gasto público y la expansión del Estado. Reiteró que “sin derecho de propiedad no hay inversión ni crecimiento posible” y planteó que el populismo es una amenaza compartida en varias democracias.
Milei reservó un tramo de su discurso para cuatro definiciones:
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Islas Malvinas: reafirmó el reclamo de soberanía sobre los archipiélagos del Atlántico Sur e instó al Reino Unido a reanudar negociaciones en el marco de la resolución 2065 de la ONU.
Terrorismo internacional: recordó los atentados contra la Embajada de Israel (1992) y la AMIA (1994), y pidió mayor cooperación jurídica internacional para que los responsables sean juzgados.
Violencia política de izquierda: denunció una escalada global en este tipo de ataques y afirmó que “es inadmisible recurrir a la fuerza allí donde fallan las razones”.
Caso Nahuel Gallo: exigió la liberación inmediata del gendarme argentino detenido en Venezuela y calificó su situación como “una desaparición forzosa”.
Con un tono confrontativo, el jefe de Estado buscó marcar un quiebre en la política exterior argentina. “Hoy la Argentina ha decidido emprender el camino correcto aunque sea el más difícil, porque la prosperidad y el progreso de nuestro pueblo no pueden postergarse más”, aseguró.