En 2010, la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner declaró a Eva Perón “Mujer del Bicentenario” y decidió instalar dos imágenes icónicas en las fachadas norte y sur del edificio del Ministerio de Desarrollo Social, llamadas “Eva de los Humildes” y “Eva”, realizadas por el escultor Alejandro Marmo, con la colaboración del artista plástico Daniel Santoro. Durante los cuatro años del macrismo las imágenes de Evita permanecieron apagadas y nunca hubo una explicación oficial sobre los motivos por los cuales se tomó esa decisión, aunque el argumento extraoficial alegado era “la necesidad del ahorro de energía”.
Limpieza simbólica
Santoro recuerda que Carlos Menem también intentó destruir el mismo edificio para “liberar” la Avenida 9 de julio y mejorar el tránsito; pero entonces no estaban los dos retratos de Evita en la fachada. Para el artista plástico el edificio de Desarrollo Social tiene un sentido emblemático similar al Obelisco. “El Obelisco causa mucho más daño desde la circulación que el edificio del Ministerio de Desarrollo Social porque de hecho angosta muchísimo la avenida. Ninguno de los dos podrían ser demolidos”, aclara Santoro y menciona que en el siglo pasado hubo “muchos imbéciles” que propusieron demoler la Torre Eiffel. “Siempre hay tontos que quieren demoler emblemas urbanos por una cuestión puramente ideológica. A esta altura no tiene otra lectura; hay un empeño por destruir los símbolos que tienen que ver con el peronismo, como lo hicieron en su momento con la quinta presidencial (Palacio Unzué). Siempre está operando esta piqueta de limpieza simbólica”, explica el artista cuya obra despliega, pintura tras pintura, una indagación extraordinaria de la iconografía peronista.
Santoro vive a dos cuadras del edificio que García Moritán quiere extirpar del paisaje urbano. “La gente va al Ministerio de Desarrollo Social a sacarse fotos con los retratos de Eva. El edificio hoy es también un emblema turístico”, analiza el artista plástico. Eva Perón ya no es un símbolo que encarna al peronismo, es mucho más que eso, es un ícono del uso turístico, como lo es el Che Guevara también. “Esta propuesta es de un antiperonismo rancio y antediluviano; es lo peor que ha quedado de ese antiperonismo violento que sanciona la memoria del peronismo e intenta que se olvide como una especie de pesadilla de las clases altas”, reflexiona el autor de Manual del niño peronista y desestima que esta iniciativa pueda prosperar porque hasta “el negocio del turismo se dañaría” con el proyecto de García Moritán.
Hay una especie de fetichismo, evalúa Santoro, en esta empresa de demolición. “El edificio encarna el mal que para ellos el peronismo produce en la sociedad. Se destruye el edificio, se destruye el peronismo, se olvida el peronismo. El asesinato político también es eso: se mata a alguien y, como se suele decir, muerto el perro se acabó la rabia. Lo de García Moritán es un intento de magnicidio político que busca terminar con la memoria del peronismo eliminando un edificio”, subraya Santoro la lógica de razonamiento de Juntos por el Cambio. “No es solo la valla en torno a la casa de Cristina, acá le están queriendo cobrar otro vuelto”, concluye Santoro.
Fuente: Con información de Página 12