Los negociadores accedieron a un pedido de Olsson: que fuera llevado al banco un antigo cómplice, que cumplía condena. Clark Olofsson tenía 26 años e ingresó al banco. El primer ministro, Olof Palme, siguió el caso y pudo hablar con una de las rehenes por teléfono. En esa conversación, la mujer, llamada Kristin Enmark (que fue quien propuso llamar al premier), dio los primeros indicios de lo que luego se tipificaría como síndrome de Estocolmo, al manifestar que se sentía bien en compañía de Olsson y Oloffson. Además, mostró preocupación por una acción violenta de la policía que afectara a los rehenes y también a los ladrones.
Olsson amenazó con matar a los rehenes si la policía intentaba entrar. Las negociaciones se estancaron y así pasó casi una semana, hasta que el 28 de agosto los efectivos ingresaron con gases lacrimógenos. Dos días antes habían podido sacar una foto que mostraba a Oloffson con los rehenes.
La acción de rescate fue exitosa. Los ladrones se rindieron y nadie resultó herido. Olsson recibió una condena de diez años de prisión. Oloffson también fue condenado, pero recuperó la libertad en la instancia de apelación.
Los estudios posteriores sobre la relación de los rehenes con los captores dieron lugar al síndrome de Estocolmo. Enmark declaró que Olsson se defendió cuando ingresó la policía. Fue más allá: sostuvo que se tendría que haber permitido la salida de quienes estaban en el banco para que se fueran en auto, como habían pedido los ladrones. Esa idea había sido descartada por el propio Palme.
La rehén se expresó de manera favorable a los delincuentes y remarcó que se tendría que haber cedido a sus exigencias. "No tengo miedo de Clark ni de este otro tipo. Tengo miedo de la policía”, dijo en un diálogo telefónico durante el cautiverio.
De hecho, la salida del banco mostró el mayor grado de empatía. Los rehenes se negaron a salir primero, y adujeron su temor a que la policía golpeara a los ladrones sin testigos. Así, los cautivos salieron después de Olofsson y Olsson.
El psiquiatra Nils Bejerot asesoró a la policía sueca durante el secuestro y consideró que hay grupos específicos en los que se puede manifestar esta condición, además de rehenes. Estimó que esa clase de empatía es proclive en víctimas de violencia intrafamiliar, miembros de una secta, víctimas de abuso sexual reiterado, prisioneros de guerra y víctimas de violencia en la pareja. Fue Bejerot quien sentó las bases de lo que se conoce como síndrome de Estocolmo.
Esa condición se volvió a ver en 1974 cuando, en Estados Unidos, un grupo de extrema izquierda, el Ejército Simbionés de Liberación, secuestró a Patricia Hearst, nieta del magnate de los medios William Randolph Hearst y ella se sumó a sus filas, al punto de aparecer filmada en una cámara de seguridad durante el asalto al banco. Cuando la capturaron, dijo que había sido sometida a abusos por sus secuestradores y se asoció su caso a lo ocurrido en Suecia.
Según la lógica presidencial, Kristin Enmark habría marchado contra el DNU.
Por Juan Pablo Csipka (vía Página 12)