Hay muy pocos como Maradona, Cantoná, Caszely, Sócrates, Lanao, Rubén Rossi, Rivada de Bahía Blanca, asesinado por los militares golpistas del 76, y otros registrados en el excelente libro de Quique Peinado «»Futbolistas de Izquierda».
Los hay, pero es justo decir que son cuidadosamente silenciados. Tienen, salvo que sean grandes estrellas, muy escasas o ninguna oportunidad de decir lo que piensan.
En cambio, aquellos que responden al pensamiento dominante, no solo son consultados con frecuencia para que expresen sus opiniones, sino que, además, reciben elogios por su «sensatez» política.
El fútbol se nutre, mayoritariamente, de jugadores pertenecientes a los barrios más humildes, a la clase obrera. Es decir, a los más castigados por las élites del poder. Sin embargo el sistema tiene los mecanismos adecuados para que, como ya sabemos, las víctimas odien a los verdugos y al mismo tiempo quieran imitarlos.
Por eso cuando acceden a una situación económica holgada, o muy holgada, piensan que ya forman parte de la clase social dominante y adoptan no solo su forma de vivir, sino también de pensar.
Desconocen que nunca son aceptados como nuevos miembros de las clases elitistas. El dinero nunca es el pasaporte para acceder al estatus al que aspiran (Marcos Roitman).
Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa
Como dice Zitarrosa en una canción, hay que distinguir una cosa de otra, Quiero decir, de los futbolistas que son utilizados involuntariamente, a los que se prestan a esa utilización, cuando resulta tan despreciable como evidente.
Messi no solo es el mejor futbolista del mundo actualmente, sino que forma parte de los mejores de la historia, junto a Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona. Ha repartido y sigue haciéndolo, alegrías y emociones por todo el planeta, desde hace muchos años, como lo que es: un genio, un inventor de maravillas.
Como cualquier persona, tiene derecho a pensar como le de la gana de política y de lo que sea. Pero acaba de aparecer junto a Mas Canosa, miembro destacado de la mafia internacional, y de Donald Trump, uno de los terroristas mundiales más temidos, un tipo que va por el mundo bombardeando países extranjeros, matando gente impunemente, y poniendo en peligro a la humanidad entera con la amenaza de una guerra mundial devastadora.
A los hinchas de fútbol, a quienes disfrutamos cada vez que Messi nos asombra con alguna jugada recién inventada, fue como una cachetada en plena estupidez sentimental.
Es que, no apareció, separado de sus compañeros de equipo, junto a unos personajes cualquiera, Lo hizo junto a dos de los peores criminales de nuestra historia contemporánea. ¿Fue obligado? ¿Lo hizo plenamente consciente?. No lo sabemos, ni lo sabremos. Pero en todo caso:
QUÉ LÁSTIMA, MESSI.