Según el Gobierno del Reino Unido, Israel debe "permitir que la ONU reinicie sin demora el suministro de apoyo humanitario a la población de Gaza para poner fin al hambre, aceptar un alto el fuego y dejar en claro que no habrá anexiones en Cisjordania".
El 23 de julio pasado, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, comunicó que este organismo está observando en el enclave palestino un drástico crecimiento del número de muertes debido a desnutrición, agravada por el cese de los suministros de ayuda humanitaria y el acceso restringido a ella.
La guerra en el enclave estalló después de que miles de palestinos liderados por Hamás atacaran el sur de Israel matando a 1.218 personas, la mayoría civiles, y tomaran 251 rehenes el ataque del 7 de octubre de 2023.
La cifra de gazatíes muertos en la guerra que comenzó hace un año y nueve meses asciende a más de 60.000 y los heridos superan los 145.800.
Luego de una tregua entre enero y marzo, Israel dejó de suministrar electricidad a la planta desalinizadora en la Franja de Gaza y cerró el acceso a la entrada de camiones de ayuda humanitaria al enclave.
En los últimos dos meses el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, permitió la entrada de ayuda, debido a la presión internacional, y adjudicó a la Fundación Humanitaria para Gaza (GHF, por sus siglas en inglés) el reparto, en contra de la opinión de todas las organizaciones que trabajan sobre el terreno, que la consideran una empresa no profesional humanitaria y que sirve motivos políticos israelíes.
Israel reanudó la ofensiva bélica, rompiendo el alto el fuego, a mediados de marzo aduciendo la inflexibilidad de Hamás.