Este progreso refleja décadas de políticas estables, desde la educación obligatoria de nueve años hasta un acceso más amplio a la universidad. En 2017, China convirtió la protección de los derechos educativos de las mujeres y los niños en un objetivo clave del 13.º Plan Quinquenal (2016-2020). El Programa para el Desarrollo de la Mujer China (2021) reforzó la educación en todos los niveles, y la revisión de 2022 de la Ley de Protección de los Derechos e Intereses de las Mujeres introdujo por primera vez un sistema de aprendizaje permanente para las mujeres.
Invertir en la educación de las niñas no solo es correcto, también es inteligente. El Banco Mundial estima que garantizar 12 años de educación para todas las niñas podría generar entre 15 y 30 billones de dólares en ingresos vitalicios globales. Las mujeres educadas tienen más probabilidades de participar en la fuerza laboral, ganar salarios más altos y contribuir a los ingresos familiares, lo que a su vez impulsa el crecimiento económico.
Cada año adicional de escolaridad aumenta los ingresos de las mujeres en el mundo entre un 10 y un 20 % en promedio, y eleva la tasa de crecimiento del PIB per cápita de un país en 0,1 a 0,3 puntos porcentuales, según An Xuxin, investigadora asistente del Instituto de Educación y Desarrollo Social de la Universidad Normal de Beijing.
“Las mujeres que reciben educación pueden generar un ‘efecto madre’. Esto significa que sus decisiones en materia de maternidad, cuidado de la salud familiar y educación de los hijos pueden mejorar significativamente la calidad de la población y promover el crecimiento económico a largo plazo”, afirmó.
Brindar a las niñas un mayor acceso a la educación no solo estimula la economía, sino que también salva vidas, al reducir las tasas de matrimonio infantil, VIH y mortalidad infantil. Lo experimenté personalmente al registrarme para recibir atención obstétrica: la doctora me preguntó mi nivel educativo, lo que me recordó cómo la educación moldea el conocimiento y los cuidados maternos. Numerosos estudios han demostrado repetidamente que incluso completar la educación primaria puede mejorar considerablemente las habilidades parentales de una madre y la salud de los bebés.
A pesar de estos avances, aún existen desafíos. Un informe de la ONU señala que alrededor del 40 % de los países todavía no han logrado la igualdad de género en la educación primaria. En China, las niñas rurales enfrentan un mayor riesgo de abandonar la escuela debido a la presión económica, el matrimonio temprano o la carga del trabajo doméstico. En los centros educativos, las niñas suelen superar a los niños en rendimiento académico, pero siguen estando subrepresentadas en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM).
La educación no se trata solo de aulas; se trata de romper el ciclo de la pobreza, de soñar en grande y de moldear el futuro. Cuando a una niña se le da la oportunidad de aprender, eleva a su familia, a su comunidad y, en última instancia, al mundo entero.
Por Yu Bokun, CGTN
Yu Bokun es comentarista económico de CGTN. Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente las de CGTN.