«Compartíamos la misma cama, jugaba con ella, la alimentaba. Puedo decir que soy su madre», afirmaba Bauma en 2014. «La amaba como a una niña, su personalidad alegre me hacía sonreír cada vez que interactuaba con ella».
14 años
Ndakasi vivió 14 años. «Dio su último aliento en los amorosos brazos de su cuidador y amigo de toda la vida, Andre Bauma», relataron desde el parque Virunga.
«Fue un privilegio apoyar y cuidar a una criatura tan amorosa, especialmente sabiendo el trauma que sufrió Ndakasi a una edad muy temprana. Se podría decir que se asemejó a su madre, Nyiransekuye, cuyo nombre significa ‘alguien feliz de dar la bienvenida a los demás», dijo Bauma.
Vía Cultura Inquieta