«La mayoría de quiénes se quitan la vida son personas de la tercera edad y predominantemente del sexo masculino. Esto es una constante en el mundo, salvo en China y en algún país del sudeste asiático».
Preguntado acerca de si no caímos en un enfoque cuantitativista y frívolo del tema Hein replicó que «ese es el enfoque que nos permite sentirnos más cómodos. Nos permite golpearnos el pecho un momento y después proseguir sin sacar conclusiones de la enormidad de lo que perdemos, que un compatriota se nos vaya cada once horas por esa causa. Tanto es así que seguramente podemos pautar cuantos serán los suicidios que ocurrirán este año y cuantos en el siguiente. Pero no advertimos que hay una base social que nos predetermina en esa dirección».
«En este tema en particular -refiere Hein- debemos copiar lo que se está haciendo en países que han tenido éxito en sus estrategias de contención. A Europa le ha ido bien con el manejo de lo que llaman el ‘currículum emocional’ de las personas. Nosotros no manejamos ese concepto, sino que remitimos el tema al ámbito sanitario, a la psiquiatría, sin percibir que es un problema de todos. Tal como es el de la violencia, que va de la mano del suicidio».
Pablo Hein advierte que «el problema debe ser tratado desde edades tempranas, precisamente cuando se comienza a formar emocionalmente la persona. Y en ese período de la vida han puesto énfasis aquellos países que han logrado éxitos en problemáticas como la del suicidio o de la violencia. Para poner un ejemplo concreto, me referiré al País Vasco, que pudo celebrar por primera vez un año sin un solo feminicidio. Llamé a alguna gente con la que trabajamos para felicitarlos y ellos nos dijeron que esperaran cinco o seis años para felicitarlos, porque a esa situación se llega con mucho trabajo, particularmente en las edades tempranas».
En cuanto al predominio de la masculinidad en el fenómeno del suicidio, Hein se remitió a «pautas emocionales que no determinan con tanta fuerza a la mujer, aunque ella no es ajena a esos estereotipos masculinos en los que predomina la falta de empatía y la carencia de flexibilidad».
En definitiva, dice Pablo Hein, «si hiciéramos una autopsia psicológica de los procesos que conducen al suicidio, siempre llegaríamos a un fondo social y cultural. Eso es lo que nos determina. Ante un hermano que se suicida, siempre hay una claudicación de la solidaridad y de los afectos y debemos sentirlo como una derrota social que nos involucra a todos. Y nos equivocamos si medicalizamos el tema y lo remitimos a áreas ajenas a lo social. La cultura en la que nos formamos nos predetermina y a eso hay que apuntar».