Este lunes, un senador de la República, que parece empecinado en atacar los pilares de convivencia que han hecho de Uruguay un ejemplo en el mundo, nuevamente pretendió hundir el debate sobre temas relevantes de la vida del país en el barro más repugnante.
Me refiero por última vez a este tema para decirle que no cuente conmigo para socavar las formas ejemplares de convivencia política que tiene nuestro hermoso país.
El tamaño del Uruguay nos permite formas de relacionamiento que rápidamente posibilitan separar la paja del trigo. Sobran ejemplos cercanos de formas de frivolización de la realidad, pero no se corresponden con nuestra idiosincrasia.
A quienes de buena fe se interesen por el trabajo que realizamos las puertas del movimiento sindical están siempre abiertas. Los locales sindicales son espacios de intenso trabajo y alta exigencia, por eso la ley protege que las personas designadas por las organizaciones dispongamos del tiempo necesario para estudiar, intercambiar y participar en ámbitos de enorme importancia para las trabajadoras y trabajadores de nuestro país.
Existe derecho a no compartir la importancia de los sindicatos como garantes y defensores de derechos de las amplias mayorías trabajadoras del país, a lo que no hay derecho es a combatir a los sindicatos transformando la falta de argumentos o el miedo a desnudarlos en agresiones e injustas calumnias.