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Cuba: de amor estamos hablando

Escribir desde la herida abierta, conmocionada, poder unir palabras que salen de pálpitos desorganizados. Porque cuando hablamos de violencia, de intentar derrocar la humanidad, de tanta guerra, es momento de dejarse conmover.

Recordar que la revolución, para quienes estamos de este lado de la historia, es siempre una lucha por el amor, un amor tan íntimo que expande patrias, transmuta en amor a los pueblos, y por eso, para hablar de Cuba, hay que hablar de amor.

En el discurso del presidente Yamandú Orsi en la apertura legislativa hizo mención a los médicos cubanos que en solidaridad con nuestro país vienen hace muchos años realizando las operaciones para que miles de uruguayos recuperen la vista. En ese momento, todas las personas que concurrimos a las barras, legisladores y autoridades, comenzaron un aplauso visceral, un aplauso interminable, un aplauso que fue la traducción de un grito de resistencia. En ese momento, debo confesar que sentí una conmoción muy grande. Tome dimensión de lo que significa para nosotros. Tome dimensión de lo que nos sucede en la defensa de Cuba.

Recordé la primera y única vez que fui a Cuba, a través de un viaje que realizamos con televidentes de Legítima Defensa, allá por el año 2023. Un año muy difícil para la isla, sufriendo las consecuencias habituales del bloqueo criminal y a su vez los daños que generó el COVID-19, las bajas en las cifras de turismo y otras problemáticas. Aquí, en Uruguay, gobernaba Lacalle Pou, y recientemente el expresidente había realizado una intervención en la asamblea de la CELAC hablando sobre Cuba, donde dijo la frase “patria es vida”, un slogan parte de una campaña de complot contra la revolución cubana y su autodeterminación. Tuve la oportunidad de conversar allí con algunas personas que sentían mucho descontento con la situación de su país, y que a su vez, al mencionarles que yo era uruguaya, expresaban admiración por nuestro presidente de aquel entonces, Luis Lacalle Pou. Manteniendo un diálogo, sin prejuicios, entendiendo el padecimiento y la impotencia del día a día de estas personas, yo les comentaba que en nuestro país existían los asentamientos, que había ciudadanos que no tenían un hogar, que teníamos pobreza infantil, que muchas personas recurrían a la basura para poder subsistir de alguna manera, que incluso había niños y niñas que vivían en hogares sin piso, sin baño, sin la posibilidad de vivir medianamente de manera digna. Recuerdo el asombro de estas personas, incluso, tener que explicarles lo que quería decir un “asentamiento”, el no poder entender que no estaba garantizada la vivienda, y que las infancias también eran parte de este sistema de sobrevivencia en la pobreza.

También recuerdo, la conversación con niñas y niños en una plaza de Cienfuegos, que me contaban sus sueños, pausando su juego, y jamás me olvidaré cuando una niña, allí, me dijo: “Soy una hija del Che”.

Siempre pienso como consigna política el “despojar lo irrelevante, fomentar lo irreverente”. La pienso como una forma táctica de encauzar estrategias revolucionarias, porque estamos bombardeados y condicionados por dinámicas banales, irrelevantes -valga la redundancia- que apagan el motor de cualquier persona de izquierda: la irreverencia. Cuando debatimos las distintas circunstancias que suceden en Cuba, se termina teniendo una mirada cooptada por estas cuestiones, en vez de tomarse el tiempo de pensar, analizar, y ver a fondo de lo que estamos hablando. Muchos sommeliers de la democracia, quieren sumarse la voz cantante de que en Cuba se vive una catástrofe humanitaria feroz, cuando en sus países, bajo sus gobiernos, siguen habiendo personas sin hogares, infancias sin garantías, inseguridad alimentaria, penetración del narcotráfico, convivencias perforadas, y un montón de desigualdades estructurales que debilitan sus democracias.

Sí, Cuba está viviendo una crisis humanitaria muy importante, sí, quizá la más importante de su historia. Pero no nos confundamos. Aún en la agonía, no existe el desamparo absoluto, aún en el asedio de los más poderosos, hay una base de cuidar la no caída a la menesterosidad, que solamente la puede garantizar una revolución como la cubana. Una solidaridad que termina siendo la espiritualidad materializada de lo que va más allá, porque el amor, como siempre, termina siendo más fuerte.

También recuerdo una escena que me marcó la vida de la emblemática película “Diarios de motocicleta” protagonizada por Gael García Bernal y Rodrigo de la Senra. La escena en que el personaje de Ernesto “Che” Guevara, está intentando curar a una señora mayor en uno de sus viajes por América Latina, una señora muy humilde. Allí, hay una mirada que a Ernesto lo conmueve, porque en esa mirada se veía el dolor de una persona que por su realidad material no iba a poder recibir las condiciones adecuadas para tratar su salud. En la película, describen que esa mirada, fue la que despertó en El Che su espíritu revolucionario. El cariño, la ternura, la empatía y la necesidad inevitable de transformarlo todo, con una mirada. ¿De qué otra manera puede nacer una revolución? ¿Cómo podrían surgir las luchas y las ideas si no es mirándonos a los ojos y no pudiendo creer el mundo en el que vivimos? ¿Qué tropas, qué fuerzas, qué destino de vida se puede mover si no es con la herida compartida, con el dolor palpable con la búsqueda de sonrisas para pueblos que sangran?

Cuba atraviesa nuestra historia. Es la historia de nuestros abuelos, de nuestros padres, y también la nuestra. Un tiempo ambiguo, un presente cargado de linaje, una responsabilidad histórica permanente.

¿Cómo vamos a ser ajenos a la historia de nuestros exiliados? ¿Cómo vamos a olvidarnos que cuando nuestro país atravesaba la dictadura cívico militar más cruel y terrorista de nuestra historia, Cuba recibió de brazos abiertos a tantas y tantos uruguayos? ¿Cómo vamos a olvidarnos de la Operación Milagro, más de cien mil personas que recuperaron la vista? ¿Cómo nos vamos a olvidar del germen de la utopía que Cuba generó en las fuerzas políticas históricas de izquierda de nuestro país? ¿Cómo vamos a mirar al costado con el país que más solidaridad desplegó por el mundo?

La revolución cubana nos trajo a la historia la posibilidad de hacer política con amor.

Porque, ¿qué era lo que impregnaba el contexto del surgimiento de la revolución cubana?

Contexto de colonialismo acérrimo, política de sangre, de muerte, de desaparición de personas, una política de la muerte y de la faceta más perversa del odio. La revolución cubana habilitó las conversaciones sobre la luz, habilitó la viabilidad de la esperanza en tanta destrucción, despertó en los pueblos latinoamericanos la posibilidad de no subordinarse a la barbarie, Cuanta vigencia tiene el surgimiento del germen revolucionario, cuando la historia, como diría Marx “se repite dos veces, una en forma de tragedia y otra en forma de farsa”.

Los tiempos para nuestros pueblos, son de desorden, de preguntas sin respuestas, y sin embargo, hay una embestida que tiene muy claro cuales son las formas de derrocar todos los procesos históricos de tantas generaciones. Sí, ¿quién no se ha preguntado cómo termina toda esta historia? probablemente con un ánimo derrotista, dado a las condiciones materiales que nos encontramos quienes seguimos creyendo en una Latinoamérica soberana y permeada de justicia social. No es fácil, las democracias y las fuerzas políticas de nuestro tiempo, son fuerzas (por no decir en su totalidad) un tanto frívolas, marcadas por la eficiencia y el cumplimiento de un discurso que no moleste al status quo, muchas veces bajo la amenaza de que la ultraderecha termina siendo la alternativa “si no se hacen bien las cosas, y se atiende a ese electorado de clase media que no quiere mucho quilombo”.

¿Cuándo nos vamos a dejar conmover? ¿Vamos a ser partícipes de la historia siendo fuerzas que tengan matices por medianas sensibilidades sociales a la hora de gobernar? ¿Ya abandonamos nuestra historia, nuestra empatía por la desigualdad, ya no nos conmueve la injusticia? ¿A qué estamos jugando en tiempos de guerra? ¿Qué temperatura vamos a tener en un mundo que arde? ¿Cómo vamos a ser tibios con un país que cobijó nuestra historia, nuestros ancestros, nuestras familias?

Creo humildemente que cuando estamos hablando de Cuba, hablamos de amor, y hablamos del amor que solo la izquierda puede predicar. Casi como una religión, casi como algo que va más allá de todo, pero aquí, bien cerquita, codo a codo. Ser leal a la utopía y al origen, no ser indiferente al germen. Son momentos de valentía de los movimientos y gobiernos progresistas, son momentos de decir “estoy de este lado de la historia”, porque sino, que esperanza le damos a nuestros pueblos? ¿Ser cómplices de una guerra cognitiva recontra re mega financiada para que así suceda? ¿Vamos a seguir jugando a ese juego perverso de desvincularse de los pueblos que tomaron la decisión de gobernar dando cambios estructurales a un sistema capitalista que solo ha dado miseria, muerte, y hambre a pueblos del mundo?

¿Volveremos a ser patio trasero de EEUU?

Estamos en una fase del capitalismo donde las materias primas y las condiciones naturales que predominantemente hay en Latinoamérica, son claves para un imperio en decadencia como el de estados unidos precia como salvavidas en un mar de fondo naufragando. Es por eso que a veinte años de decirle no al ALCA, con una union sin precedentes, son momentos en los que no hay que dudar, los tiempos de solidaridad, de amor y de hermandad con nuestros pueblos se hace urgente para pensar una alternativa.

La historia de nosotros, los hijos de la revolución, es una historia de amor, es nuestra causa en vida, depositamos esa sensación de desborde por los otros en causas nobles, porque no se explica de otra forma. En un mundo donde todo invita a la mezquindad y a la utilización de las personas, en términos de “me sirve, o no me sirve”, nace con urgencia la práctica de la mirada, del oído, del acompañamiento, de la acogida, de la alegría, de la sonrisa, del sostén. Son tiempos de amor. La única manera que podremos salir adelante será así, en una potencia absoluta de nuestra red humilde, como los mil Vietnam, con las millones de anécdotas pícaras que todos tenemos de resistencias pasadas de nuestra historia. Porque somos eso, somos hijos de la revolución cubana, aprendimos a luchar por el amor. Porque somos víctimas de un sistema que nos deja en soledad, y allí, en la intemperie, en la perplejidad, hay algo, una mirada, un llamamiento, un abrazo, un síntoma inevitable, que nos despierta, en este tiempo incierto, ejercer nuestra responsabilidad histórica, desde el lugar que debe ser, desde pálpitos desorganizados, que luego leen el manifiesto comunista, o escuchan a Juan Grabois, a Álvaro García Linera, a Juan Carlos Monedero en algún streaming, y se dan cuenta que algo de su palpitar tiene algo que hacer,

Cuando hablamos de Cuba, hablamos de amor, cuando hablamos de nuestros pueblos hablamos de ternura. Por eso, en el desamparo, basta con hablar con nuestros abuelos, con nuestros padres, y recordar, que esto es un tiempo infinito, y si estamos aquí, hay mucho por hacer.

Que no decaiga, les pido, por favor.

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