Frente a las acusaciones de la investigación administrativa que derivaron en su cese del SMI y posterior inhabilitación, Miralles detalló:
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El uso del equipamiento: Rechazó las versiones que indicaban un manejo irregular del carro de anestesia. "Si no hubiera estado prendido el carro, a los cinco minutos Soledad hubiese entrado en paro y la cirugía nunca hubiera empezado", afirmó.
Ausencia de la sala: Confirmó que se retiró del block quirúrgico, pero aclaró que fue por un lapso de "dos a tres minutos" para mojarse la cara debido a que se sentía mal, habiendo trabajado desde las 7:00 hasta las 20:00 horas tras negársele un reemplazo.
Maniobras posteriores: Explicó que al notar la bradicardia inició la medicación y, tras el posterior paro cardiorrespiratorio, se procedió a la reanimación. Defendió la decisión de extubar a la paciente basándose en criterios clínicos del momento y aseguró que el personal de enfermería nunca le notificó que la cama de CTI estuviera lista.
Rechazo a los rumores de adicción y falsificación de recetas
Miralles negó enfáticamente los rumores que la vinculaban con una adicción al fentanilo, una sospecha que la Comisión Honoraria ya había descartado previamente por falta de pruebas. Respecto al excedente de ampollas en la receta médica del día del incidente, la profesional aclaró que una pericia caligráfica demostró que la letra no era suya:
"Teníamos la costumbre de dejar la receta firmada; es un vicio y una mala forma de trabajar. Un enfermero terminó reconociendo que la letra era de él".
Desvinculación política y el proceso judicial
En el ámbito político, la anestesista desmarcó la resolución del MSP de cualquier tipo de tráfico de influencias relacionado con su hermana, Matilde Miralles (exvocal del SMU). Negó tener relación con la ministra Lustemberg o con la directora general de Coordinación, Zaida Arteta, aclarando que su hermana y Arteta únicamente coinciden en el ámbito gremial y laboral, habitualmente en listas opuestas.
Finalmente, al ser consultada sobre los motivos que la llevaron a aceptar la culpabilidad en la vía penal, Miralles argumentó una profunda desconfianza en el sistema:
"Durante el proceso no sentía las garantías de la Fiscalía. Ninguna pericia fue tomada en cuenta (...). Cuando hay falta de garantías, lo mejor es optar por lo menos malo. Creo que no fui yo y varios tenemos identificados a los responsables, pero no hay pruebas; así como no hay pruebas para inculparme a mí", concluyó.