Dueño de la palabra y centro de la atención por un rato, comenzó a deslizar una serie de afirmaciones que faltaron a la verdad. Afirmó porcentajes de reincidencia falsos respecto a la población reclusa liberada por imperio de la Ley de Humanización que impulsara el fallecido exministro José Díaz. Afirmó que fue del 55 % tomando equivocadamente el dato general de reincidencia como el particular de los liberados (que fue del 10,4 % en mediciones cercanas y acumuló un 33 % en mediciones posteriores tomando períodos mayores de tiempo).
A ese dato le siguieron otros como los relativos a la Guardia Republicana en tiempos de Bonomi, absolutamente falsos de toda falsedad pues fue durante su gestión que tomó dimensión nacional, se mejoró su armamento (incluidos vehículos blindados-Tiger rusos), junto a la dignificación policial en sueldos, vestimenta, capacitación y nuevas tecnologías. Haciendo abuso de la falta de respaldo informativo de aquella gestión merced a la acción ¿deliberada? de dar de baja el sitio web que contiene la década de gestión de la administración Bonomi (lo que ocurrió durante la pasada administración y aún resta por restablecerse), deslizó un caudal de falsas afirmaciones fácilmente contestables si estuviera en línea toda esa información.
Afirmó, también, que se iban a liberar presos, que se iban a cerrar comisarías, entre otros dislates que fueron desmentidos uno por uno por el ministro. Una sucesión de datos que desnaturalizó la instancia legislativa y sepultó cualquier atisbo de seriedad que se esperaba de su parte.
Entonces, con ese sesgo tan particular, la interpelación comenzaba mal y terminaría peor en lo que a expectativa se refiere, para quienes esperábamos una instancia de alta política que pusiera los intereses generales por delante de los puramente personales y electorales que finalmente siguen intactos en los impulsores de estas instancias.
Entre fotos, la película
Pero si esa desazón era previsible, también lo era el hecho de flamear resultados que son volátiles y están pendiendo del fino hilo de la violencia que todo lo rompe. Y allí es donde la película se debilita al impulso de las fotos que se acumulan de manera negativa haciendo fila para sumar capítulos.
Entonces, tenemos un panorama general (que fue en lo que se basó el ministro) para afirmar una baja de los homicidios que, si bien relativizó por su incidencia (todavía leve), implica una tendencia alentadora cuando se toman datos anualizados. Esa cifra (9,2 %) se basa en datos aún no publicados pero que se corresponderían con la cifra que reportan las fuentes abiertas de información que venimos registrando.
En efecto, respecto a 2025 (siempre según nuestros registros extraoficiales), el primer trimestre 2026 cerró con 83 homicidios frente a los 99 de 2025, una cifra inferior incluso a la correspondiente a 2024, que fue de 85 (siempre según nuestros registros de fuentes abiertas). Este dato fue objeto de crítica posterior por la oposición que reclamaba una comparación con el año 2024, sin reparar que hacerlo de ese modo llevaría a vulnerar los criterios estadísticos de comparación con períodos similares e inmediatos. Lo cual no invalida hacerlo como se reclamó, pero se entraría en la disputa lógica de estar eligiendo los años para comparar según convenga al relator de turno.
Hacerlo con el período inmediato anterior es un criterio objetivo y estandarizado que omite cualquier referencia o suspicacia política encubierta. Distinto hubiera sido que se comparara del modo pedido por la oposición para hacer que los datos dieran bien (si hubiera sido el caso), porque allí se estaría vulnerando el criterio establecido por regla con el solo fin de ajustar el relato que más convenga. Claro que en este caso no hubieran hecho reclamo alguno sino todo lo contrario. En fin...
De todos modos, esa discusión se derrumba cuando a la película se le van sumando las instantáneas que alimentan la agenda diaria. Esas fotografías que destruyen cualquier relato y atentan contra la mejor de las gestiones. Porque en realidad, este o cualquier otro ministro del Interior puede “colgarla del ángulo” un día, y al siguiente ocurrir un triple crimen en manos de un miembro de sus filas policiales para derrumbarlo dialéctica y matemáticamente en las cifras. Máxime si a ese se le suman otros homicidios que se amontonan en un fin de semana posterior y que cambia diametralmente el panorama anterior.
Al final de la película este impacto puede ser relativizado, pero la sensación que deja es otra en el común de la gente. Un estado que se percibe y mantiene mientras se emite la cinta y que podrá seguir o diluirse hasta desaparecer según sea el final de la misma. Mientras tanto, esa sensación es (mal) aprovechada por los oportunistas que hacen del tema un botín electoral, ese que les asegura su cuota y estabilidad política.
No podemos saber cómo termina esta trama compuesta por cientos de crímenes que siguen siendo noticia tristemente cierta en nuestro país. La mirada larga, esa que esperamos muchos, sería una salida para empezar a transitar un camino alternativo que hasta ahora no se usó. Tampoco parecería que en el corto plazo surja esa posibilidad a estar por las resultancias de una interpelación en que todos se sintieron ganadores sin reparar que, en realidad, todos perdimos.
Perdimos la oportunidad de empezar a derrotar a la violencia todos juntos.
El hombre miraba las fotos,
el perro spoileaba el final de la película...