Por supuesto que tenemos las mismas dificultades que tiene la gran mayoría de los sindicatos, donde la participación activa de los afiliados se hace difícil, sobre todo cuando no están en juego los temas salariales. Pero, de todas maneras, COFE tiene una estructura importante y ha generado un estatus y un respaldo importante a nivel nacional, que ha llevado a que muchas veces sea identificada como la representación de todos los trabajadores del Estado.Eso no es así, porque hay otros sectores del Estado que tienen su propia representación, como la enseñanza, las empresas públicas o el Poder Judicial. Pero muchas veces, en el clamor popular y en los medios de comunicación, se identifica a COFE como una organización que nuclea a todos los funcionarios públicos, justamente por la presencia que ha tenido en todos estos años, no solo en los medios, sino también en las calles.
Por lo tanto, seguir generando un músculo importante es una de las fortalezas que tiene COFE. También nos hemos preocupado por establecer una campaña que nos permita cambiar la imagen del funcionario público a nivel general. Se llamó “Mis trabajos son tus derechos”. Esa campaña, que se realizó a través de las redes sociales, fue una buena medida para ir cambiando esa mirada de la población, bastante esquizofrénica por momentos, porque, por un lado, cuestionan a los funcionarios como si fueran aquel personaje del sketch de Antonio Gasalla que tanta repercusión tuvo, pero después, cuando hay un llamado público para ingresar al Estado, son miles los que se anotan.
Nosotros también, hacia la interna, hemos tratado de cambiar esa mirada que tiene la población, porque hemos avanzado en procesos de reestructuración de los servicios que les han dado más dinamismo y más eficiencia. Eso también ha ayudado a que esa imagen no sea tan acentuada como era en otros momentos.
Esas son fortalezas importantes que debemos cuidar. Además, está la presencia en las calles. En la última movilización, la columna de COFE era una de las más grandes de toda la movilización del PIT-CNT. En ese sentido, se demuestra que no es sólo una cuestión discursiva o mediática, sino que apostamos mucho a la negociación colectiva acompañada de la movilización y de la gente en la calle.
Eso ha sido una cuestión importante y la hemos acompañado de actividades, seminarios u otro tipo de instancias que no necesariamente tienen que ver con lo reivindicativo, sino con una mirada más a mediano plazo y escuchando todas las voces. Hemos hecho actividades en el Parlamento, con presencia de legisladores de todos los partidos. El año pasado hicimos una actividad en el Parlasur que contó con la presencia del senador del Partido Colorado Tabaré Viera, de la senadora del Partido Nacional Graciela Bianchi, de la vicepresidenta de la República, Carolina Cosse, y del ministro de Trabajo, Juan Castillo.
Es decir, estuvieron todas las miradas. Y este año, en el marco de ese aniversario que se ha transformado en un hito de actividades de este tipo, que ya venimos realizando desde hace por lo menos cinco años, tuvimos la presencia del presidente de la República, Yamandú Orsi, que no sucede todos los días y no sucede en todos los sindicatos. La presencia del propio presidente de la República en un aniversario de un sindicato como COFE, saludando ese aniversario, también demuestra el prestigio que tiene la organización sindical en nuestro país.
Tratamos de ser lo más abiertos posible porque representamos a trabajadores de los más diversos partidos políticos. COFE tiene más de 30.000 afiliados y obviamente son de diferentes orientaciones políticas.
Han consolidado un trabajo internacional potente con la CLATE
Sí. Por ejemplo en esta actividad que se desarrolló por el 62º aniversario de COFE tuvimos espacio para conversar sobre eso y participaron compañeros de Paraguay, Brasil, Argentina y Chile; tuvimos invitados de México y de Estados Unidos también, participando en la actividad.Tenemos esa organización que nos nuclea como trabajadores estatales a más de cinco millones de trabajadores estatales de toda América Latina y el Caribe, que es la Confederación Latinoamericana de Trabajadores Estatales (CLATE), de la que el presidente de COFE, Martín Pereira, es el secretario general. En ese marco hemos intentado desarrollar actividades que para nosotros son muy importantes. Y en este proceso es imprescindible recordar el papel del compañero Luis Iguini, fundador de COFE, que participó en la unificación de la CNT en 1966. Iguini también participó en la inauguración de la CLATE, sobre fines de 1966, junto con otros recordados compañeros militantes de Latinoamérica, que fueron muy importantes.
Este año firmamos un convenio con CEFIR, un centro de estudios para la integración regional que está instaurado en nuestro país, con Álvaro Padrón a la cabeza. Logramos firmar un convenio de cooperación y de formación que va a ser muy redituable para todas las partes y, sobre todo, para que podamos estar más unidos y contrarrestar algunos embates que vienen y que ya no responden a un tema corporativo de defender los puestos de trabajo en el Estado, sino de defender los Estados de cada uno de nuestros países, porque hay una ultraderecha que viene con una concepción de eliminar los Estados en América Latina.
¿Y en cuanto a las debilidades?
Las debilidades son las que tenemos los sindicatos en nuestro país. No es fácil, en estos tiempos en que la comunicación transita por carriles muy diferentes a los tradicionales de hace algunas décadas, poder tener un contacto presencial de la misma manera que lo teníamos antes. Por lo tanto, esto de aggiornarnos a este nuevo mundo que vivimos con las comunicaciones ha sido todo un desafío. Venimos con dificultades pero intentando sortearlas, porque son cuestiones fundamentales para la vida misma de la organización. Tenemos que continuar fortaleciéndonos para poder seguir avanzando en esa dirección.
En su intervención en el aniversario de COFE plantó la necesidad de una “revolución interna en la forma en que nos organizamos”.
Esto fue discutido en su momento en el Congreso del PIT-CNT. La estructura actual del movimiento sindical viene de la década del 60, cuando el mundo del trabajo era muy diferente al que tenemos hoy. Actualmente tenemos una atomización muy importante de los puestos de trabajo y no tenemos aquellas grandes fábricas que nucleaban a centenares o miles de personas.
Esa atomización del mundo del trabajo ha generado que la organización laboral sea muy diferente y que organizar a los trabajadores también requiera otras estrategias, que no son las que normalmente utilizábamos. Entendemos que, sin descuidar la estructura actual del movimiento sindical, porque la tenemos que seguir fortaleciendo, tenemos muchos trabajadores que están lejos del movimiento sindical y que, de alguna manera, tenemos que llegarles. Llegar a esa gente que está lejos del movimiento sindical no puede hacerse con las mismas herramientas que hemos utilizado toda la vida, porque el mundo del trabajo ha cambiado. Hay un número muy importante de trabajadores que están en la informalidad, que están en las plataformas, que están en otras formas de trabajo muy diferentes a las estructuras que tenía el movimiento sindical como fortaleza.
Para eso estamos definiendo estrategias que nos permitan acercarnos a esos trabajadores que están en la informalidad, que trabajan de manera unipersonal, que son emprendedores, que están en ese tipo de trabajo que no es el tradicional e histórico del movimiento sindical.
El año pasado el PIT-CNT desplegó una campaña de afiliación. ¿Cuáles son los resultados obtenidos hasta ahora?
Los resultados no han sido los esperados todavía. Por eso creo que hay que definir nuevas estrategias para poder acercarnos a esa gente que no tiene una cultura sindical, que no tiene un sindicato de referencia. Por lo tanto, hay que organizarla de otra manera.
No es yendo con una ficha de afiliación o convocándola a una movilización, sino que hay que buscar otras alternativas que tengan que ver con cómo podemos acercarles lo que necesitan esos sectores de trabajadores.
Se está hablando, por ejemplo, de los Centros de Referencia Territorial, que son núcleos del movimiento sindical donde tendría que haber un coordinador político, algún abogado, un economista, alguien que maneje la comunicación, para establecer un programa que nos permita acercarnos a toda esa gente que está por fuera del movimiento sindical.
En vez de ir a buscarla directamente para una afiliación, si le ofrecemos algo que le permita organizarse y tener mejores insumos para el desarrollo de la tarea que está haciendo, vamos a tener más suerte que llevando una ficha de afiliación y queriéndola afiliar al movimiento sindical.
El presidente de la República, Yamandú Orsi, en el aniversario de COFE, dijo que hay “una crisis de legitimidad” y una “creciente desconfianza hacia los ámbitos políticos y sociales”. ¿Cómo afecta eso al movimiento sindical uruguayo en particular?
Es compartible esa visión. Normalmente, en las redes sociales, cuando sale una noticia, son muchos más los detractores que los que respaldan lo que se está informando. Y es mucho más fácil destruir que construir.Se refiere a eso: a que siempre se pone en duda todo lo que se haga desde los organismos colectivos. Muchas veces, los dueños de los grandes medios, que son quienes forman la opinión, también generan esa permanente inestabilidad ante lo que puede florecer y ser bueno para el conjunto de la población. Así que interpreto y comparto lo que dijo el Presidente en ese sentido, pero también creo que es un desafío para nosotros.
El politólogo Daniel Chasquetti considera necesario que el gobierno profundice las medidas de izquierda. ¿Cuáles serían las que el movimiento sindical entiende imprescindibles que el gobierno concrete?
También comparto esa visión. Hay algunas cosas que la gente esperaba de un gobierno de estas características que no están sucediendo o que no se notan, más allá de que hay otras que sí, pero que no tienen la misma efectividad en la comunicación como para determinar que son temas interesantes para el país.
Todos los que esperábamos un cambio con el gobierno, también teníamos la expectativa de que se profundizara un poco más en algunas medidas de las que se consideran de izquierda. Y lo primero que debería hacer el gobierno, para no generar una sensación de frustración, es cumplir con lo que acuerda. Esto por lo que pasó con el tema de la seguridad social y el Diálogo Social en Seguridad Social, donde se acordaron algunas propuestas que después no se cumplieron. Eso le quita potencia a las decisiones del gobierno, genera más frustración y hace que desde el movimiento sindical, sobre todo, tengamos que salir a presionar más.
¿Qué pasa si el gobierno no aprueba la sobretasa del 1% para el 1% más rico y toma otros caminos para intentar abatir la pobreza infantil?
Esa propuesta no es un fin en sí mismo. Nosotros estamos convencidos de que la propuesta del 1% es absolutamente legítima y no es una propuesta improvisada. Podrá gustar o no gustar, pero tiene una legitimidad importante desde el punto de vista académico y político. Lamentablemente, el gobierno no la ha aceptado, pero nosotros insistimos. Por lo tanto, si hay otras alternativas que el gobierno determine para buscar generar insumos que permitan que la población esté mejor, estamos dispuestos a analizarlas y compartirlas si van en ese camino.
Compartimos que el gobierno haya definido como prioridades el tema de la infancia, la seguridad, la situación de calle, la salud y la educación en esta Rendición de Cuentas. Aunque no compartimos cómo se va a financiar, porque es vestir un santo para desvestir otro.
Creemos que hay margen y que, más temprano que tarde, va a haber que discutir una reforma tributaria de nuevo tipo, porque hay exoneraciones tributarias en algunos sectores que no las merecen.
Casi el 80% de la mano de obra en nuestro país la emplean las medianas y pequeñas empresas. Sin embargo, las exoneraciones tributarias se las dan a las grandes empresas en nuestro país. Ahí hay un campo fértil para ver por dónde se puede ir para buscar recursos para mejorar la situación que tiene el país.
Las cárceles están llenas de jóvenes, especialmente jóvenes pobres, y al mismo tiempo una parte de la sociedad ve a los jóvenes como una amenaza, los considera sospechosos, pide penas más duras y más encierro. Hasta se ha instalado la discusión sobre los resultados del “modelo Bukele”. ¿El camino con los jóvenes infractores de la ley penal es más encierro, más punitivismo y mayor dureza?
Yo creo que no. Conozco el tema porque trabajo desde hace mucho tiempo cerca de la privación de libertad y de todo lo que tiene que ver con las medidas socioeducativas para jóvenes que cometen infracciones a la ley penal, pero tampoco soy un experto.
Sí puedo decir que, en su momento, acá se hablaba de bajar la edad de imputabilidad cuando el delito transcurría en una gran dimensión por las rapiñas y eso generaba una respuesta de privación de libertad. Pero el delito ha ido cambiando y, de más de mil jóvenes en privación de libertad que había una década atrás, hace más de cuatro años que estamos en el entorno de los 300 jóvenes en privación de libertad.
Eso no quiere decir que no haya delito juvenil; sí quiere decir que ha cambiado la forma del delito. Hoy está mucho más volcado al narcotráfico y al narcomenudeo. Y muchas veces ese delito no se paga con privación de libertad. Por lo tanto, se ha reducido la cantidad de jóvenes en privación de libertad.
Pero qué paradoja: en la LUC se aumentaron las penas para los jóvenes menores de 18 años que cometen infracciones a la ley penal. Podés tener un joven hoy en un sistema penal juvenil, privado de libertad a los 17 años, que puede llegar hasta los 27 años, porque llevaron las penas de cinco a diez años.
No es razonable para nada que en el sistema penal juvenil, donde los jóvenes tienen que cumplir su pena por haber cometido una infracción a la ley penal, estén hasta los 27 años.
No creemos que el aumento de las penas sea la mejor medida. Sí entendemos que tiene que haber más eficiencia en cómo determina el Poder Judicial que hay que aplicar las diferentes políticas que se resuelven en el Parlamento, que muchas veces son erráticas.El poder político y el Poder Judicial necesitan revisar algunas de las medidas que han definido, porque no son efectivas y generan una situación compleja.
Algunas encuestas muestran que aumenta la cifra de jóvenes que comienzan a volcarse hacia posturas de derecha. ¿Cómo se enamora a las nuevas generaciones para hacerlas partícipes de los cambios y de una sociedad mejor? ¿Con influencers en TikTok o “farmeando aura”?
Creo que con todo, con un poco de cada cosa. Tengo entendido que en la última elección en Uruguay un porcentaje mayoritario de jóvenes se volcó hacia un gobierno más progresista que hacia la derecha, pero es cierto que a nivel mundial parece que esto es algo a analizar.
Las derechas, porque muchas veces son los dueños de la comunicación y del poder, invierten mucho y van adelantadas respecto al resto de la sociedad. Eso genera que tengan mecanismos de llegada más importantes. Desde el punto de vista de la discusión política partidaria y político-sindical, tenemos que estudiar este fenómeno para llegar de mejor manera a la juventud.
El movimiento sindical tiene una crisis de militancia juvenil y eso tiene que ver también con las nuevas formas de trabajo. Hoy no son muchos los jóvenes que permanecen mucho tiempo en el mismo trabajo. Normalmente cambian rápidamente de empleo y eso es un punto a analizar para definir políticas concretas que permitan generar una reacción, porque si nos alejamos de la juventud, tendremos problemas en el futuro.