Una elección transversalizada por la geopolítica (de los recursos)
Las diversas maniobras de presión de Washington encaminadas a beneficiar al hijo del expresidente convicto Jair Bolsonaro han convertido el evento electoral brasileño en un campo de batalla geopolítico. Combinando sanciones, aranceles y un tono fabricado de conciliación, Trump busca inclinar la balanza a favor de Flávio Bolsonaro con la vista puesta en materializar objetivos estratégicos del programa de la Doctrina Donroe.
Pese a que desde hace mucho es evidente la preferencia ideológica del mandatario republicano por Bolsonaro junior y su intento de impulsarlo en la carrera presidencial, un hace pocos días puso de manifiesto el carácter estratégico de la apuesta de Trump, configurada bajo una visión de largo plazo, de dimensiones continentales y enfocada en socavar a China.
El pasado 12 de septiembre, los periodistas Guilherme Amado y João Pedroso de Campos del medio Amado Mundo publicaron un explosivo texto elaborado por André Marinho, aliado de Flávio, aspirante a la gobernación de Río de Janeiro e hijo del senador suplente del candidato de derecha.
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Bajo el título “Alianza para la prosperidad”, Marinho presentó al grupo de donantes trumpistas Red Rockbridge, fundado por JD Vance en 2019, un “memorándum estratégico” con las líneas maestras de una eventual asociación Washington-Brasilia en el campo altamente disputado de las tierras raras si Bolsonaro gana las elecciones.
En el power point en inglés, Marinho señala a Lula como “pro China” y ofrece a EEUU posicionar a “Brasil como el principal proveedor y centro de procesamiento de minerales críticos alineados con Occidente en el hemisferio occidental”.
Una oferta de gran atractivo para un Trump que desesperadamente busca suministros alternativos para romper la gran ventaja geopolítica de China en materia de reservas y procesamiento de tierras raras, nombre que recibe un conjunto de minerales magnéticos excepcionales con una importancia central en la fabricación de productos tecnológicos e insumos militares.
Beijing no sólo conserva el 48 % de las reservas totales de tierras raras del mundo, sino que también controla cerca del 90 % de la refinación global.
China ha instrumentalizado este vector de superioridad contra EEUU, imponiendo controles de exportación generales y selectivos hacia la potencia del norte de acuerdo a la evolución de la conflictiva dinámica bilateral.
Ya que la propia condición de posibilidad de competir en la esfera tecnológica y militar con Beijing depende del suministro estable de estos recursos, Washington ha iniciado una cacería hemisférica en un intento por obtener acceso independiente y preferencial.
Es ahí donde entra Brasil, país en el que yace la segunda reserva más grande del planeta, con el 23 % del total mundial disponible hoy.
Cabildeando el despojo
La iniciativa de Marinho, validada por Bolsonaro el texto presentado lleva su nombre e indica claramente que forma parte de su campaña electoral de 2026, representa un ofrecimiento signado por el despojo de la soberanía brasileña.
A cambio de poner al servicio exclusivo de EEUU el inmenso potencial de tierras raras de la nación suramericana, el candidato de derecha espera que la Casa Blanca intensifique la presión contra Lula para evitar su reelección.
Para Trump, el negocio planteado es inmejorable en términos de inversión y retorno.
Con el solo acto de influir en la contienda sin asumir costos políticos significativos para satisfacer el espíritu antinacional del clan de los Bolsonaro, el republicano obtendría, hipotéticamente, un vasallo fiel dispuesto a dar rienda suelta al espoleo corporativo estadounidense y que, en última instancia, deberá su ascenso a Planalto a la Casa Blanca hasta el último día.
Bajo ese cálculo, el acceso prometido se convertiría en una válvula de escape al desafío planteado por China con sus controles de exportación de tierras raras. Una ganancia geopolítica de alto valor si se considera que sería materializada sin la necesidad de recurrir a una guerra convencional o una campaña de máxima presión extenuante, e incluso contraproducente en el mediano plazo para los intereses norteamericanos.
Por otro lado, las fechas del cabildeo son importantes, así como la red de contactos que hizo posible la presentación del documento de Marinho a los donantes trumpistas alrededor del vicepresidente Vance.
En marzo fue redactado el documento y, nueve días después, el 28 para ser exactos, Flávio participó en la CPAC en Dallas, desde donde expresó: “Brasil será el campo de batalla donde se decidirá el futuro del hemisferio, porque Brasil es la solución de Estados Unidos para romper su dependencia de China en materia de minerales críticos, especialmente elementos de tierras raras”.
Casi un mes después, la empresa estadounidense USA Rare Earth anunció la adquisición de Serra Verde, la única empresa brasileña, ubicada en el estado de Goiás, dedicada a la producción de minerales raros mediante la explotación del rico yacimiento de Pela Ema, donde se concentran importantes depósitos de arcillas iónicas, terbio, itrio y disprosio.
En febrero, Serra Verde ya había recibido un préstamo de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de EEUU para ampliar la explotación de la mina en Goiás, por un orden superior a los 500 millones de dólares. En ese contexto, el secretario de Estado, Marco Rubio, lideró una conferencia internacional sobre minerales críticos en Washington con más de 50 delegaciones extranjeras y se anunció el Proyecto Vault, una iniciativa de 10 mil millones de dólares diseñada para acelerar la producción de tierras raras y configurar líneas de abastecimiento independientes de China.
Es evidente que Marinho y Flávio leyeron la importancia estratégica que Trump le estaba dando al tema. Y es ahí donde el aliado de Bolsonaro, cuya hermana cantante Giulia Be está casada con Conor Kennedy, hijo del secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., hizo su movimiento.
Kennedy Jr. fue el puente entre Marinho y Vance a la hora de hacer un ofrecimiento antinacional que implica la promesa de cambios regulatorios favorables a las empresas estadounidenses, la concesión de licencias mineras (cerrándole espacio a China) y la construcción de un club de minerales críticos con EEUU cuando Flávio sea elegido presidente apuntalado por la interferencia norteamericana.
Lo que está en juego
La cronología de eventos permite entender la dimensión de varios aspectos de importancia cardinal. Entre ellos, la decisión del Pentágono del mes pasado.
El Departamento dirigido por Pete Hegseth anunció la inversión de 750 millones de dólares con el objetivo de asegurar “carbonatos de tierras raras mixtas” de la mina de Pela Ema, elementos considerados “fundamentales para la defensa nacional y la seguridad económica”.
Por otro lado, clarifica que los crecientes ataques de la Casa Blanca contra Lula se circunscriben en una inversión geopolítica, enmarcada en la Doctrina Monroe, a cambio de un lucrativo retorno geoeconómico y de contención de la influencia de China en Suramérica. El texto de Marinho es la garantía de la apuesta, vinculada a su vez con Peter Thiel y Rebekah Mercer por su cercanía con la Red Rockbridge.
Durante todo 2026, la Casa Blanca ha ido jugando por adelantado para construir el marco de acceso a minerales brasileños, lo que evidencia la trama interna, visible hoy, de la presión contra el gobierno de Lula.
En consecuencia, hay algo mucho más pesado en juego que sustituir a un gobierno progresista por uno alineado con EEUU, sumar a un nuevo aliado al Escudo de las Américas y reclamar como un giro estratégico el cambio de signo ideológico de la región.
Se trata de una elección existencial para Washington, en la que Trump se juega su supremacía militar en la región y la capacidad de competir con Beijing en ámbitos tan decisivos como la tecnología, desde los semiconductores hasta el desarrollo de la IA.
En abril de este año publiqué un artículo con el título “Escudo de las Américas y tierras raras”, en el cual advertí que la operación de Serra Verde tenía entre sus objetivos principales sustentar la capacidad militar de esta alianza anticarteles como brazo armado de la “Doctrina Donroe”.
Dicha hipótesis ahora está en el centro de la disputa geopolítica por Brasil, marcada por una voracidad extractiva estadounidense anclada estructuralmente a la sostenibilidad de su todavía significativa capacidad tecnológica y militar.
Lo que se juega en Brasil no es una plaza ideológica, sino la materialidad misma del imperio estadounidense, bajo una oferta de políticos irresponsables que felizmente cambian la soberanía de Brasil por las migajas de Washington.
William Serafino