¿Qué puede pasar en el Caribe?
No es posible determinar si Estados Unidos atacará territorio venezolano e iniciará una guerra abierta, pero en el caso de que así lo haga, el problema excede a la catástrofe humanitaria que se producirá en toda la región. Como advirtió el presidente Lula, las consecuencias van mucho más allá, porque significará la mayor afrenta a la soberanía de América del Sur desde la guerra de las Malvinas, y la primera agresión en territorio continental sudamericano.
El Gobierno de Trump es un gobierno débil, de un imperio cuyo poder declina frente al ascenso de otras superpotencias capaces de competir económica y tecnológicamente con Estados Unidos. La gestión de Trump es una gestión completamente inmoral, fascista, racista, liderada por un mentiroso absoluto que carece de la más mínima credibilidad y prestigio. La mayoría de los estadounidenses rechazan la guerra y, aún más, lo rechazan a él, convencidos de que es un impresentable que actúa por capricho y esconde un pasado turbio. Pero mientras tanto, gobierna. E incluso, si fuera sustituido mañana mismo por un demócrata, nada asegura que esa nueva administración, seguramente menos incivilizada, no continuaría con la misma estrategia de control total neomonroísta.
Como sea, el factor expansionista de los Estados Unidos ha cobrado el protagonismo de antaño y que quizás, en realidad, nunca perdió, pero pasó a ser indispensable conocer la posición de todos los actores políticos y líderes de opinión locales sobre este fenómeno. No hay pragmatismo que valga, no hay clima negocios ni prudencia diplomática: cuando el comando sur rodea las aguas continentales, y el presidente de Estados Unidos bloquea países, roba barcos, mata gente en aguas internacionales, amenaza con invasión en nuestro continente, agrede a los latinoamericanos en su territorio e impone su criterio en instancias electorales mediante chantajes descomunales, hay que saber de qué lado se encuentra cada uno: con el imperialismo o contra él.