Pasó un político, al que la suerte no ha acompañado en las últimas semanas y me agredió disimuladamente. No me afectó. Pero pensé, estamos recordando un hecho o haciendo historia con el recuerdo. Es decir, el respeto supremo por los adversarios, es un recuerdo coyuntural, de un acto contra la dictadura, o un valor que quedaba como legado por delante. O sea, un compromiso de que haberla enfrentado junto generara un compromiso de respeto junto al de NUNCA MAS.
No se me movió un músculo. La mente y las emociones estaban en otra. Muy por arriba de la desubicación de una figura en vías de extinción. Pero algo sí seguía revoloteando en mi cabeza: el tema de que no ocurran estas cosas porque superándolas fue que nos ganamos la democracia. Este es el tema del futuro. Es lo que a los jóvenes le dejamos como herencia y desafío.
¿No es a los jóvenes acaso que debemos darles la posta, para que sigan por ese sendero? ¿Los estaremos teniendo en cuenta a la hora de recordar el pasado reciente, de un modo que sientan el mandato que nos impone como propios?
Son preguntas que no tienen respuesta fácil. ¿Les interesará a los jóvenes los recuerdos que nos conmueven a quienes ya tenemos canas? Sí. Seguro que si. Por ejemplo no hay que ser historiador para darse cuenta y observar con nuestros ojos, que los 20 de mayo la marcha tiene cada vez más jóvenes. Cada año es más grande que el año anterior. Y año tras año es mayor la participación y la presencia juvenil en la misma.
¿Hemos sabido responder adecuadamente a esa demanda de heredar el pasado, venerarlo y mantenerlo vivo para las nuevas generaciones? No. Creo que no. No somos cuidadosos ni siquiera en el lenguaje de nuestros “sitios de recuerdo” que guardamos en el alma. Hablamos de “las cinco de la tarde”, de “la 30” y de la Huelga General del 73. Los cincuentones o no eran nacidos o eran apenas niños en algunos de estos hechos históricos.
El propio recuerdo del Río de Libertad no supimos trasladarlo a las nuevas generaciones. Para que sea exitosa, obviamente el proceso debe ser liderado por ellos. Nombrar jóvenes de las estructuras de los partidos de entonces, y leer algo propio para aquel tiempo dudo que haya sido una buena idea.
No está mal (y es inevitable) que nos emocionemos al ingresar a un Comité de Base. Así me pasó el sábado en Batlle en el local donado por Mirtha Guianze… allá donde nació mi viejo… Pero sepamos que los jóvenes tienen, aunque nos cueste entenderlo, otras formas no presenciales de decir PRESENTE.
Sartori: Sar-to-ri- usa Tick Tock. Primero aparece poniéndose la corbata, luego manejando, más tarde llega al Palacio, saluda a Beatriz Argimón y luego entra a sala. Usa técnicas nuevas y conoce su lenguaje, sus usos, sus funciones. Ya pedirle contenido de pasado reciente sería mucho. Nunca pedir peras al olmo. Pero ¿vamos a dejar solo en manos como las suyas el manejo de estas técnicas?
Los jóvenes merecen -nosotros merecemos- ni que hablar de los que ya no están, que el recuerdo del Pasado Reciente no sea más un recuerdo que nos vuelve nostálgicos. Es un arma de lucha. Nada más importante para construir el Uruguay del Futuro, que saber mantener ardiendo la braza del pasado reciente. Asegurarle a su recuerdo muchos años de vida.
Ojalá, sepamos cumplir.