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Señor presidente, "tenemos un problema"

En las últimas horas, y a causa del asesinato del adolescente Jonathan Correa, escuchamos al ministro del Interior, Carlos Negro, afirmar que “todo el Estado falló”.

El 13 de abril de 1970 la aeronave Apolo 13 sufrió el estallido de un tanque de oxígeno criogénico cuando se encontraba en órbita lunar. El comandante John Swigert reportó entonces: “Houston, tenemos un problema”. Aunque la traducción exacta era “hemos tenido un problema aquí”, la cita errónea se popularizó para cada vez que surge un problema grave. Y vaya si el Gobierno de Yamandú Orsi los tiene.

En las últimas horas, y a causa del asesinato del adolescente Jonathan Correa, escuchamos al ministro del Interior, Carlos Negro, afirmar que “todo el Estado falló”. En tanto la presidenta de la Suprema Corte de Justicia, Doris Morales, dijo: “Hay un problema grave”. Mientras tanto, el INAU, la UTU, la Policía y la Fiscalía se pasan la pelota unos a otros intentando evitar responsabilidades.

En cualquier circunstancia deberíamos congraciarnos con gobernantes que reconocen los problemas. Pero justo no es este el caso. Ni este ni ninguno de los tantos que ya hemos terminado normalizando. Solo el año pasado descubrimos una red de explotación sexual en Rivera que reclutaba adolescentes en centros del INAU de esa ciudad. Pero no es el único lugar donde ocurre, lamentablemente es una realidad que afecta a casi todo el país. También el año pasado, pero en Maldonado, un padre desquiciado asesinó a balazos a su hija adoptiva de 13 años que esperaba turno para ser atendida por un médico.

Hacer una reseña de todas las circunstancias en que niños, adolescentes y mujeres han terminado victimizadas, aún con muchas alertas, llevaría varias páginas. A las niñas y adolescentes se las abusa sexualmente y en tanto los varones, cuando no tienen el mismo destino, son usados como sicarios o se los vincula a las bandas de traficantes en diversas tareas. Obviamente no son la mayoría, pero sí un número lo suficientemente importante como para preocupar y mucho.

Durante la crisis del 2002, oficialmente se informaba que más de la mitad de los menores de 4 años estaban por debajo de la línea de indigencia. Más abajo que la de pobreza. Niños que nacieron y crecieron en hogares monoparentales devastados por la situación económica o el consumo de drogas, cuando no con padres presos.

La única solución que se planteó fue intentar reducir la edad de imputabilidad por lo menos en dos ocasiones. Y aunque no pudieron, sí lograron endurecer las penas, por lo que hoy tenemos depósitos humanos, llamados cárceles, llenos de jóvenes, analfabetos y consumidores. Esos jóvenes del 2002.

No debería, entonces, llamar la atención la situación que estamos viviendo. El asunto es más grave cuando lo trasladamos al plano social. Tenemos una sociedad extremadamente violenta. Ya no hay lugar donde no se exprese la desesperanza en golpes. El desquicio está normalizado.

En primera persona, no puedo dejar de sorprenderme por la existencia de tantos colectivos que se ocupan de los animales o del medio ambiente y se manifiestan periódicamente, lo que es incuestionable. Sin embargo, no hemos visto a ningún colectivo manifestándose para reclamar soluciones para los niños pobres o para las personas en situación de calle.

A ti te pregunto: la gente en la calle, ¿te preocupa como un problema humanitario o sólo cuando te roban?

Entre la impericia y la desazón

No se nos ocurre culpabilizar al presidente Yamandú Orsi por todas estas calamidades que vienen desde muchos años atrás. Pero hoy es el “capitán de este barco” y a él debemos dirigirnos. Aunque a veces el tono y temas de los debates políticos parecen de otro mundo.

Todos, oficialismo y oposición, estaban de acuerdo en plena campaña con que la pobreza infantil era un asunto prioritario. Pero en los hechos ninguno de los dos bandos lo tiene hoy en agenda, salvo con declaraciones para la tribuna. La respuesta es siempre que hay problemas presupuestales. Pero no los hay para designar funcionarios con importantes salarios. Revisen la lista de “programas” que tiene cada entidad estatal y se van a sorprender. Son centenares y todos con algún jerarca con salarios que no gana ningún trabajador.

Cualquier lobbista con poder logra beneficios que jamás podrá tener quien no tiene a nadie que haga lobby por ellos. La oposición, que se queja de esto, tampoco ayuda mucho porque, aunque sea en menor número, siguen nombrando “asesores” para los diferentes cargos que ocupan.

En tanto son varios los legisladores a los que no se les cae una idea pero cobran un salario suculento para twittear estupideces o mentiras. Otros usaron dinero y tiempo para colocar pasacalles acusando al Gobierno de mentiroso. Fingen demencia para que no recordemos que vienen de un gobierno que tuvo legisladores y ministros que se organizaron en una casona del Prado para mentirle al Senado de la República. Un escándalo que no tiene antecedentes.

Es verdaderamente desalentador ver a quienes fueron votados para mejorar la vida de la gente malgastando su tiempo para arrancarse los ojos unos a otros.

El drama de la calle

Hace dos días, decenas de personas fotografiaron a una mujer y a su pequeño hijo o hija durmiendo bajo el techo de una parada de ómnibus en la ciudad de Maldonado. Si hubiera sido un animal perdido, centenares estarían buscándole refugio. Pero a nadie se le ocurrió acercarse a esa pobre mujer para ver si la podían ayudar.

El exintendente Óscar de los Santos escribió entonces: “Estas cosas nos tienen que obligar a buscar respuestas nuevas. No puede pasar en un gobierno nuestro. Dudo que la solución sea separar a la madre mandando al niño o niña al INAU y a la madre a un refugio. ¿Qué tan mecánica tiene que ser la respuesta que separa a una madre del hijo? ¿Cuánto retuerce las tripas por la inocencia del que no entiende nada y lo sacan de al lado de la única referencia que tiene? Tiene que haber recursos del Estado nacional y buscar recursos de la Intendencia para resolver estos problemas ahora.

Soluciones de emergencia, aunque se improvise, aunque se comentan errores, aunque no esté dentro de los protocolos estándar. Pero hay que actuar ahora. ¿Cuánto cuesta alquilar una pieza de pensión, o una casita, amueblarla, poner un equipo a trabajar al servicio y abordar una solución? Sé que las respuestas pueden ir por la demagogia de que hay otros niños en situación muy precaria en una pieza de pedazos de chapa. Pero solos ahí, con la madre y un mundo que pasa al lado sin mirar siquiera, no nos lo podemos permitir”.

Y tiene razón De los Santos. Hace tiempo él mismo se preguntó: “¿Cuándo perdimos el sentido humano de la política?”.

Por eso mismo es justo decir que, aunque se mantengan muchas diferencias políticas, el intendente Miguel Abella viene mostrando una sensibilidad social y una capacidad de diálogo muy diferente a la de su antecesor, Enrique Antía. Entonces, ¿por qué De los Santos y Abella no se sientan a hablar y a escucharse para ver cómo pueden empezar a resolver estos problemas? Sería un gran mensaje para el resto del país. Hay miles de personas en situación de calle, y se viene el invierno. ¿A cuántos tendremos que ver morir?

Podemos hacer muchos foros o contratar consultoras para que nos den diagnósticos, pero la solución nunca llegará a quienes verdaderamente la necesitan.

El año pasado, Ignacio Ruglio dio un gran mensaje cuando decidió abrir las puertas del Palacio Peñarol para que más de un centenar de personas en situación de calle encontraran refugio allí. Lo inmediato fue que los hinchas se congregaron para ayudar, para cocinar. Fue un gesto, no la solución. Pero esas personas comieron y durmieron abrigadas todo el invierno.

Nos consta que en muchos lugares del país hinchas de Nacional, Peñarol y otros equipos se juntaron para recolectar alimentos y abrigos. Alguien de Canelones me dijo: “Hice amigos entrañables con gente con la que poco antes me hubiera agarrado a las piñas en el estadio”.

El lunes, en el acto homenaje a Eduardo Mondello en Piriápolis, Claudio Invernizzi dijo: “Solo la sensibilidad nos salvará en este mundo atroz”.

¿Y si en lugar de putearnos a diestra y siniestra probamos con recuperar esa sensibilidad que nos salve?

Cuando el Apolo 13 sufrió el incidente que casi impide el retorno a tierra, todos los técnicos de la Nasa se juntaron para traer a los tripulantes sanos y salvos. A lo mejor, los uruguayos podríamos probar con juntarnos para salvar vidas, para hacer que todos coman y tengan un hogar digno. Para que no haya niños en la pobreza y no haya más gente en situación de calle.

Si solo se gestiona el desastre no habrá solución posible. Es imprescindible dar vuelta la pisada. Porque el Estado no está teniendo la eficiencia que necesitamos.

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