Para el legislador, es imposible separar la dimensión religiosa de la institucional en la figura del pontífice. En ese sentido, cuestionó que se intente presentar su eventual presencia parlamentaria únicamente desde su condición de jefe de Estado. "Quieren eclipsar a veces, yo creo que de forma intencionada, que en definitiva lo excepcional de la visita al Papa es que es el líder religioso de la religión católica, poco peso tiene como jefe de Estado y mucho peso tiene como líder de la religión católica", expresó.
"Es imposible despojar al Papa de su investidura religiosa, de hecho no va a ir a la Asamblea General vestido de traje como un jefe de Estado, va a ir con sus atuendos de Papa", agregó.
Amado sostuvo que la defensa de la laicidad constituye un valor histórico del país y que la separación entre el Estado y las confesiones religiosas forma parte de un consenso ampliamente aceptado por la sociedad uruguaya.
"Fuimos pioneros, seguimos siendo incluso cien años después pioneros como país laico, sin religión oficial, pero además con una aceptación popular de nuestra ciudadanía, con naturalidad de la laicidad", afirmó. A su entender, "está bien que esté separada la religión del Estado, y ese valor para nosotros es muy claro y por eso lo defendemos".
Para el legislador, la Asamblea General tiene un carácter institucional que debe preservarse: "Las sesiones solemnes (...) son el reducto de la soberanía popular" y, por ese motivo, "no corresponde que sea un espacio en donde le cedamos a ningún líder de ninguna religión el altar laico para que predique desde su lugar de pensamiento".
¿Pluralismo o privilegio?
Consultado sobre la carta firmada por legisladores que solicitaron convocar una sesión extraordinaria para recibir a León XIV, Amado señaló que los argumentos presentados trascienden la condición del Papa como jefe de Estado. "Todas hacen alusiones no exclusivamente al jefe de Estado, porque evidentemente es mucho más que eso, su mensaje, su sabiduría, etcétera", indicó. A sue ntender, la petición "tiene mucho más que ver con que, quienes tienen fé católica, puedan sacarse un gusto de que el papa esté ahí".
A partir de allí planteó un ejercicio de comparación con otros credos religiosos para evaluar si existiría el mismo respaldo político. "Tendríamos la misma actitud ante el pedido de ese espacio (...) para que dé un discurso un líder religioso vinculado a lo Umbanda, vinculado a la religión judía, vinculado a distintas religiones. No, es la realidad", sostuvo.
En esa línea, advirtió que el argumento del pluralismo puede derivar en privilegios cuando no se aplica con el mismo criterio para todas las confesiones. "Cuando el pluralismo es para uno, se vuelve privilegio. No es pluralismo", afirmó.
Durante la entrevista también reconoció la incidencia que tienen las organizaciones religiosas en la vida política del país. "El lobby en Uruguay existe como en todos los países del mundo, y acá hay lobbies de todo tipo y el lobby religioso está presente", expresó. Según dijo, es natural que existan dirigentes políticos que profesen una religión y procuren trasladar esos valores a la actividad partidaria, aunque diferenció esa realidad del uso de espacios institucionales del Estado para expresiones religiosas.
La batalla por la laicidad
Finalmente, sostuvo que la discusión sobre la laicidad permanece vigente y requiere atención permanente. "La pelea por la laicidad se da todos los días, cambia de formas, de planteos, de discursos, pero en definitiva es una batalla naturalmente permanente", afirmó.
A su juicio, detrás de conceptos como el de "laicidad positiva", impulsado desde sectores de la Iglesia Católica, existe una estrategia para modificar la relación entre el Estado y las religiones. "Creo que hay detrás de esa interpretación un planteo de avance, de dar la batalla cultural por determinados valores y principios conservadores de la Iglesia Católica", concluyó.