Se podrá servir champaña, vino, whisky y otras bebidas alcohólicas en las zonas para personalidades de los estadios. Fuera de esos espacios, la cerveza de Budweiser (patrocionador oficial) era el único tipo de alcohol habilitado para los compradores de boletos.
AB InBev, dueña de Budweiser, no respondió de inmediato a una solicitud de reacciones.
AB InBev desembolsa decenas de millones de dólares en los mundiales por los derechos exclusivos de vender cerveza y ya había transportado la mayoría de su producto, de Gran Bretaña a Qatar, con la expectativa de venderlo a millones de aficionados. El contrato de la compañía con la FIFA comenzó a partir del torneo de 1986 y mantienen negociaciones con el fin de renovar el acuerdo para el próximo Mundial en Norteamérica.
Si bien una decisión súbita como esta podría ser considerada como extrema en Occidente, Qatar es un autocracia gobernada por un emir que tiene poder absoluto en todas las decisiones gubernamentales.
Gracias al gas y el petróleo, Qatar es uno de los países más ricos del mundo. Sigue el wahabismo, una forma ultraconservadora del islamismo, al igual que su vecino Arabia Saudí. Sin embargo, ha permitido la venta de alcohol en los bares de los hoteles durante años.
Cuando Qatar lanzó su candidatura para obtener la sede del Mundial, el país aceptó los requisitos de la FIFA para vender alcohol en los estadios. También lo hizo cuando firmó los contratos tras imponerse en la votación en 2010.
En el Mundial de Brasil 2014, el país anfitrión se vio obligado a aprobar una reforma de sus leyes con el fin de permitir la venta de alcohol en los estadios.