La negatividad el constante regalo
El pedagogo Andrés París, en referencia a esta cuestión, confirma lo bonito que puede resultar apreciar la sonrisa, sorpresa, gratitud e ilusión en el rostro del niño cuando recibe un regalo que, por otra parte, no tiene por qué ser muy caro. Sin embargo, en la actualidad vivimos una realidad en la que priman los detalles materiales, en muchos casos para compensar la ausencia de detalles en otros planos. ¿Qué sucede? En opinión de París, el niño termina por perder la ilusión.
Entonces, ¿existe algún tipo de opción para variar esta situación? En efecto, París recomienda el regalo emocional. ¿Por qué? Porque el niño ya recibe obsequios de forma constante en cumpleaños, santos, comuniones, Reyes Magos y Navidad, bautizos, cuando pierde un diente, cuando obtiene algún logro, cuando se va de viaje con su familia o con los compañeros del cole…
Existe infinidad de ocasiones para recibir regalos. Por eso dejan de valorar. Los pequeños se acostumbran a recibir constantemente y eso se convierte en norma.
Así pues, se pierde el verdadero valor de un juguete e incluso se entra en una espiral competitiva y absurda por ver qué regalo es más impactante, más caro, más grande o más tecnológico.
Los regalos emocionales
Entonces, ¿en qué consisten los regalos emocionales? A tenor de la teoría de Andrés París, estos serían aquellos detalles que no son físicos, pero sí tienen la capacidad de perdurar en la memoria y la consciencia de la persona que los da y la persona que los recibe desatando sentimientos agradables de cariño, ternura, amor, etc.
En este sentido, si quieres dar más regalos emocionales a tus hijos, el pedagogo recomienda optar por los siguientes:
Tiempo de calidad: este puede ser, aunque parezca mentira, uno de los regalos más difíciles de dar a los niños. En la actualidad, vivimos a toda velocidad, casi estresados, buscando optimizar nuestra productividad. Pero, ¿qué hay del tiempo que se le debería dedicar a la familia? Es más, ¿qué pasa con ese tiempo que deberías dedicarte a ti mismo? Así que, si de verdad deseas dar un bonito regalo a tus hijos, el tiempo que paséis juntos disfrutando, aprendiendo los unos de los otros y conociéndoos será un obsequio inolvidable para todos.
Una sonrisa: a veces solo hay que mirar al niño y sonreír. Según París, este es un regalo fantástico y contagioso, ya que el pequeño también disfruta cuando se ríe.
Un abrazo: otro de los regalos emocionales más bonitos y sentidos. El contacto piel con piel y, como dice poéticamente el propio Andrés París, una unión de corazones que permite que demuestres a tus pequeños que siempre estarás ahí para protegerles, quererles y hacer que se sientan seguros.
Notas escritas: esta es una costumbre que se está perdiendo en cierto modo. Una pequeña nota escrita en un lugar donde el niño la pueda encontrar fácilmente es un detalle maravilloso, una sorpresa y un regalo que a buen seguro le llenará de alegría.
Aplausos: los niños necesitan saberse valorados. A veces, un aplauso por un triunfo del pequeño es un regalo emocional maravilloso.
Si de verdad quieres disfrutar de la sonrisa sincera de un niño, recuerda: los regalos emocionales pueden ser una opción maravillosa para que nuestros pequeños sean felices durante un buen rato.
¿Te parece si entre todos nos reímos más y nos gastamos menos en cosas que luego no vamos a necesitar o no nos harán sentir tan bien como un abrazo o una caricia?