Mientras la escucho, mis ojos se fijan en el auditorio, una inmensa mayoría de mujeres apenas interrumpida por algunos -muy poquitos- hombres, y siento, puedo palpar la atención, la concentración en el acompañamiento de cada razonamiento, de cada idea, de cada propuesta. Sé que está inaugurado este proceso de despatriarcalización, pero no me engaño, aún falta. “Todos somos machistas en recuperación”, me dijo alguna vez alguien cercano y siento que ese lunes pude palparlo como un deseo latente en esa multitud de mujeres enunciándose desde una presencia comprometida derramada en el espacio disponible de la sala. Hay muchos feminismos, nos dice Rita Segato, y eso es bueno porque los pluralismos son necesarios en una democracia alertándonos acerca de no caer en el engaño de una dictadura de las mayorías, convocándonos a defender los pluralismos como verdaderos modos de expresión de lo democrático. Son tiempos estos de enunciaciones y reconstrucciones identitarias, de vínculos que se estrenan y están caprichosamente obstinados en la construcción de la justicia y la igualdad. Ya es tiempo de desactivar los chips que nos programan.
Hay muchos desafíos por delante. Superar esa matriz que durante tanto tiempo funcionó como un modo indiscutido e indiscutible de estar en el mundo no es tarea fácil. “Que la mujer del mañana no sea igual al hombre que estamos dejando atrás” son las palabras del jefe de Policía de El Salvador, evocadas por la conferencista al final de su discurso. Ya no quedan más palabras para compartir por hoy, sin embargo, quedan miles sostenidas en el pensamiento necesario para seguir trabajando en la transformación hacia un mundo más justo. El resto es celebración pura, aplausos, miles de aplausos de pie durante varios minutos.