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Roger Federer: símbolo y modelo

Por Rafael Bayce.

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El notable tenista Roger Federer perdió el fin de semana pasado el título más importante del tenis, el de Wimbledon, pero el resultado es apenas una anécdota. Pudo haber ganado perfectamente la final que disputó con Novak Djokovic: no solo por el ajustadísimo tanteador que el partido mostró (7-6, 1-6, 7-6, 4-6, 13-12 en tie break) en la final más extensa que se recuerde en la historia del torneo británico -de casi cinco horas-, sino también porque dispuso de tres match points, por lo que estuvo tres veces a un punto de ganar el partido.

El deportista suizo es el tenista más laureado de la historia. Además de ser un gran ídolo e ícono global, se mantiene en la competencia de élite a pocos días de cumplir 38 años el próximo 8 de agosto. Estar en el nivel que está, a su edad, es una hazaña múltiple que lo confirma como algo que viene demostrando desde hace varios años: símbolo de una serie de virtudes tenísticas y deportivas, es también modelo socio-humano alternativo de persona rica, famosa, idolatrada desde lugares altos en la sociedad del consumo y del espectáculo.

 

Federer como símbolo deportivo

¿Cuáles son las virtudes y rasgos que representa Federer como tenista y como deportista? ¿Qué encarna su actuación deportiva y mediática que lo distingue de otros colegas? En primer caso, demuestra una excelencia específicamente tenística, con virtudes que lo han llevado al estrellato global, trans-tenístico y hasta trans-deportivo.

Si bien las virtudes de Federer son específicamente tenísticas, vinculadas a su técnica, al uso táctico de sus recursos frente a los de sus rivales, a un biotipo específicamente tenístico, a un trabajo de entrenamiento equilibrado, a un balance en que el luchador, el atleta, el sex symbol, están subordinados al tenista, lo muestran como un deportista equilibrado que maximiza lo más específicamente tenístico dentro de un conjunto de factores responsables de su excelencia.

Un tenista, por ejemplo, es mejor que sea alto, sin que ese tamaño llegue a disminuir su velocidad de reflejos, su agilidad y plasticidad, su traslado en la cancha. Porque está claro que una altura mayor y piernas-brazos más largos aumentan los ángulos de incidencia de los saques, smashes y voleas, así como mejora el alcance de pelotas laterales y la cantidad de pasos necesarios como para ajustar a la mayoría de las distancias de juego. Pero una altura excesiva puede perjudicar relativamente la agilidad de las respuestas físicas, la coordinación fina, la manera de reaccionar a pelotas cercanas al cuerpo, que precisen de movimientos sin preparación ortodoxa para ser ejecutados.

Roger Federer es un deportista alto, lo suficiente como para que sus traslados tengan buen alcance, y para que sus saques, smashes y voleas puedan tomar con facilidad distintos ángulos de incidencia desde su raqueta; pero no tan alto como para restarle velocidad, agilidad, plasticidad. Hay sacadores más veloces y potentes en el circuito, pero ellos no tienen la variedad de los de Federer y, en compensación, su mejor angularidad física paga el precio de la menor flexibilidad, agilidad y repentización.

Es además un deportista muy bien entrenado y presenta valores altos en las valencias físicas necesarias para un rendimiento de excelencia en alta competencia deportiva: tiene velocidad física y técnica, resistencia con endurance (prueba son las 5 horas y 5 sets disputados en la final con Djokovic, cinco años menor, y luego de 4 duros sets contra Nadal en semifinal), resistencia anaeróbica para sostener esfuerzos reiterados en tiempos cortos, flexibilidad física para adoptar las posturas corporales rápidas y forzadas desde las cuales jugar sorpresivamente.

Pero no es un atleta por sobre el tenista: no tiene los brazos de Nadal, no luce torso trabajado de sex-symbol, puede tener alguna curvita de más o un relieve abdominal diverso del de una tabla de lavar, piernas y glúteos trabajados pero que no despiertan envidias ni pagan tributo a los tipos físicos de moda en el jet-set de la sociedad del consumo y del espectáculo. Es un ‘tenista’ por sobre cualquier otra cualidad deportiva que pueda poseer y por sobre cualquier otra valencia humana, pese a que su excelencia prolongada lo ha catapultado hacia algo más que un tenista, hacia deportista-modelo, o aún hacia persona-modelo. Específicamente, en cuanto tenista, Federer posee, antes que nada, una técnica variada, completa, lujosa y elegante, inteligentemente usada tácticamente: tiene fuertes ‘derechas’ planas, cortadas con slice, con top-spin, cruzadas y paralelas, drop-shots. Lo mismo con los ‘reveses’. Lo mismo con las voleas y los smashes. Y sus saques, una de sus especialidades técnicas, son de una variedad sin par, privilegiando la colocación y la sorpresa sobre la potencia.

Es terrible ser receptor de saques de Federer, sabiendo que puede sacar plano o cortado, abierto para sacar de la cancha, o central a la T, con o sin efecto. Hace imposible saber dónde pararse como lugar básico de respuesta. Posee además una vista ejemplar, una muy buena ‘lectura’ del juego del rival, y un juego de piernas estupendamente balanceado para su traslación en la cancha, en el que hay que fijarse, porque es una de las claves de su nivel. Su ‘lectura’ y la facilidad para adoptar las mejores posturas corporales para responder a esa lectura son virtudes fundamentales en Federer, y no son normalmente subrayados. Véalo jugar, que vale la pena y se aprende mucho. Estética y técnicamente, por ejemplo, un revés paralelo de Federer en movimiento es un espectáculo humano que reúne eficacia y estética, una obra de arte cinética, una coreografía natural.

 

La elegancia corporal

Debe agregarse, entre las principales virtudes de Roger Federer, una elegancia que muestra una sinergia consumada, para una movilización exacta y económica de los grupos musculares necesarios al ejecutar cada gesto deportivo: sin tensiones excesivas que resten flexibilidad, muñeca firme con brazos sueltos, siempre técnicamente orientado en todos sus movimientos.

Lo que luce como estético y elegante en el tenista suizo es el resultado de la precisión y soltura de los grupos musculares movilizados para golpear la pelota y para trasladarse para hacerlo; y de la carencia de tensión rigidizante en grupos musculares innecesariamente involucrados para optimizar la eficacia del gesto técnico intentado. Elegancia es eficacia técnica transformada y expresada en la estética de un gesto técnico-físico. No se puede ser elegante y estético sin ser técnica y físicamente correcto. La admiración de muchos aficionados, en cualquier deporte, por los técnicamente dotados es apreciación de la estética resultado de una ejecución técnicamente correcta, con suficiencia y economía, de los gestos específicos de cada deporte: un implícito homenaje a ese deportista especializado y a lo más específico de cada deporte en el contexto de todos los deportes.

 

Federer como modelo socio-humano

Ponderado, reflexivo y fluido en varias lenguas (alemán, francés, inglés), es como se muestra públicamente Roger Federer en sus comunicaciones públicas. Además, opina con mesura pero con contenidos, sin lugares comunes fáciles y vacíos como los futbolistas. Federer era un adolescente rebelde, impulsivo, malcriado; y fue corrigiéndose progresivamente hasta volverse un ejemplo de mesura, prudencia, naturalidad gestual legitimadora de la veracidad y autenticidad de los conceptos vertidos. No es hosco ni extrovertido; festeja sin rabia y sin excesos demagógicos; reconoce a rivales, organizadores y público sin desequilibrios.

Federer es visto como un modelo de rol alternativo como deportista rico y famoso. Permanece deportivamente joven pese a su edad cronológica y no se mimetiza de los exclusivismos y desplantes de los nuevos ricos del jet-set. Tampoco luce ropa glamorosa o de moda, ni autos caros, ni mansiones rumbosas, ni hermosas acompañantes rotativas. Aunque la gente se rinda a las luces del jet-set que no es como Federer, también le reconoce la nobleza de su olímpica ignorancia del estatus espectacular y exhibicionista.

Anoto para el final un dato anecdótico y que ejemplifica lo expresado en este artículo. Novak Djokovic, su gran rival del domingo, es conocido como imitador de los gestos típicos de todos los tenistas profesionales. De hecho, su imitación de Nadal es desopilante y suele arrancar carcajadas del propio Rafa. Hace un tiempo, cuando le preguntaron al serbio por qué no imitaba a Federer dijo: “A él no, es demasiado perfecto”.