Solo para recordarles algunos aspectos clave, pongo en esta instancia de diálogo el cambio sustancial que vivimos en relación a la inversión en gasto social que llegó al récord histórico para favorecer a los que menos oportunidades tienen, apostando -por ejemplo- por un modelo de salud que nos contempla a todos y una inversión en educación que ha llegado a límites históricos. Ya sé que la educación es el gran “caballito de batalla” de los discursos de la oposición y que hay muchos ajustes para hacer, pero es importante recordar que no solamente se ha impactado en la mejora del salario de los docentes, sino que se ha realizado una gran inversión en edificios educativos, en materiales y en disponibilidad de proyectos adecuados para que todos los uruguayos logren transitar por los ciclos educativos y construir una vida digna. Hoy hay un millón de uruguayos/as participando de alguna propuesta educativa, una cifra nada olvidable, máxime si consideramos el impacto que esto tendrá en cada una de sus vidas y el derrame que produce en el entorno de la persona que está estudiando.
Quizás los más veteranos entiendan la importancia del dato que voy a traer a continuación: hemos logrado bajar la deuda en relación al PIB, pero sobre todo hemos logrado una deuda soberana. Es decir, que no solo se disminuyó casi a la mitad, sino que además nos hemos logrado desentender de la presión del Fondo Monetario Internacional, aquel organismo que arruinó la juventud de los que hoy ya contamos con un anecdotario vasto para narrar historias vividas durante muchas horas. Logramos recuperar el grado inversor, y seguro, seguro que no fue por la buena disponibilidad de la economista Azucena Arbeleche. Fortalecimos, gracias a un equipo económico de excelencia, la estabilidad económica. Crecimos y distribuimos. Impulsamos sectores productivos, transformamos la matriz energética, generamos industrias creativas, desarrollamos el turismo como nunca antes se había visto y creamos un paquete de incentivos para las pequeñas y medianas empresas (Pymes), solo para mencionar una parte del sinfín de decisiones acertadas que permitieron que económicamente podamos tener una estabilidad que nos hace sostenernos en una región tambaleante. De alguna manera, logramos la mayoría de edad frente a nuestros vecinos, proyectando y manteniendo nuestro propio modo de vida sin depender de Argentina y Brasil como históricamente nos había sucedido.
Logramos mecanismos para proteger a los trabajadores, convocamos a los Consejos de Salarios, mejoramos el salario mínimo nacional y procuramos el crecimiento de los ingresos de la población activa en relación a los precios al consumo. Protegimos a los más débiles cuidando las condiciones regulatorias de las empleadas domésticas y de los trabajadores rurales. En un mundo inevitablemente cambiante, estamos abocados a la capacitación y readecuación formativa de los trabajadores para dar respuesta a la nueva matriz productiva, de manera de proveer a los y las uruguayos/as de mejores herramientas para acceder a nuevos espacios laborales, teniendo en cuenta el avance de la tecnología que particularmente en Uruguay se ha democratizado a través de la fibra óptica y del maravilloso Plan Ceibal que atiende con especial énfasis a niños, adolescentes y ancianos para que no queden al margen del ritmo del mundo.
Para que un país tenga un buen nivel de distribución debe ahondar en la agenda de derechos y desde allí es necesario recordar concreciones palpables que han impactado directamente en la vida de todos/as, pero sobre todo en los siempre olvidados e invisibilizados. Nos queda por delante un trabajo muy profundo con los derechos colectivos en relación -por ejemplo- a lo medioambiental, a las poblaciones migrantes, a la regulación del uso de la tecnología y el cuidado de la intimidad, entre otros. Pero si hemos dado pasos tan firmes en años anteriores, es previsible llegar a dar los que nos quedan.
El 25 de agosto del año 1972, nuestro general Liber Seregni expresaba claramente: “El ayer se hace testimonio de nuestra actualidad y también imperativo de nuestro futuro. Hemos tenido una verdadera obsesión con nuestra continuidad nacional. Hemos nacido afirmando esa continuidad […] Lo hemos recordado siempre y a cada paso para explicar […] la razón de ser histórica, última del propio Frente Amplio”.
Te espero el domingo en las urnas para sostener lo hecho y dar continuidad a una historia que nos reclama a todos y que tiene motivos sobrados para pedirte el voto de confianza. No nos falles, el Uruguay de la justicia social reclama profundizar la ruta inaugurada.