En referencia a las reivindicaciones del movimiento estudiantil y de su gremio en particular, contaron que hubo reuniones con autoridades de la Dirección General de Educación Secundaria y del Codicen, en la que estuvieron Robert Silva y Óscar Yáñez, que resultaron “completamente infructíferas”.
El gremio del Zorrilla, al igual que el resto de los movimientos estudiantiles durante el conflicto, se posicionan en contra de la reforma educativa que el gobierno pretende impulsar y además reclaman más presupuesto para la enseñanza.
En lo referente a la reforma educativa, sostienen que el gobierno “no está abierto al diálogo real”. También cuestionan los cambios en los planes educativos, donde “lo que se busca es generar en los alumnos una competencia que le sea servil a los intereses de las empresas”.
En este sentido, Pons aseguró que la reforma es “de carácter profundamente mercantilista de la educación”.
En tanto, Pallas señaló que se busca “relegar o acotar los contenidos en base a ser funcionales a las competencias” para la inserción laboral, dejando de lado el “conocimiento general, histórico, filosófico y literario” que hace al “capital cultural” de los estudiantes.
En torno a las reivindicaciones particulares de su centro de estudiantes, expresaron que principalmente tienen que ver con condiciones edilicias.
En este sentido, indicaron que en el liceo Zorrilla hay “grandes focos de humedad, revoques que se caen, filtraciones de agua, cables (de electricidad) pelados y falta de mantenimiento”, lo que configura un “ámbito riesgoso” para la práctica de la enseñanza.