Dólares a la hoguera
Es oportuno sustentar este análisis con palabras de Juan José Ramos, entonces presidente del Consejo del Sector Financiero Privado al diario Cambio de Salto, para captar cómo veía AEBU la situación del país: «En cuatro meses, de mayo [de 2002] hasta casi agosto, hasta cuando asumió Atchugary, fue un 'desgobierno'. O sea, hicieron el primer acuerdo [con el FMI] cuando aprobaron el segundo ajuste fiscal que se votó en el Parlamento, que no paró la corrida. Mil y pico de millones de dólares vinieron del Fondo Monetario, y en realidad esos mil y pico se fueron en dos semanas. Entonces, lo que nosotros vivimos desde mayo hasta casi agosto, hasta el feriado bancario, fue un proceso de desgobierno, de claro desgobierno, y nosotros más que a las medidas prontas de seguridad, lo que temíamos es que la corrida en las dimensiones que se estaba planteando lo que provocara fuera un quiebre institucional jodido».
Y el desgobierno citado era fruto de la división política del Partido Colorado y de la propia coalición bipartidista que se había formado para impedir en la segunda vuelta el triunfo del Tabaré Vázquez. Para Juanjo Ramos, «desde mi punto de vista, el gobierno generó los hechos que activaron la corrida. La corrida empezó por los no residentes, y fundamentalmente se agravó cuando Cesar Rodríguez Batlle [entonces presidente del Banco Central] y Bensión dijeron que los no residentes del Banco de Galicia no iban a ser garantizados por el Estado. Para los argentinos, que vivían el corralito en su país, eso fue explosivo. Por lo tanto, a partir de ese hecho hubo una incapacidad de generar señales de confianza. Nosotros planteamos desde el mes de febrero al gobierno la necesidad de hacer un acuerdo político con todos los partidos para bancar la corrida. Lacalle y Vázquez lo apoyaban, pero no se pudo concretar porque el sector de Sanguinetti del Partido Colorado no estaba de acuerdo con una salida de este tipo».
Un argentino, un hermano
Si retrocedemos un poco en el tiempo, recordaremos que, a principios de junio de 2002, en una entrevista con la agencia Bloomberg, Jorge Batlle había acusado a los argentinos de ser «una manga de ladrones, del primero al último», para hacerlos responsables difusamente de la corrida bancaria y del vaciamiento del Banco Comercial. Estas manifestaciones merecieron entonces un severo juicio de Óscar Bottinelli: «Un presidente de la República en este estado emocional, comunicando así su estado emocional, es en sí mismo un factor de desestabilización en el país. De desestabilización anímica. Mirando eso uno se siente mal, siente que las cosas están horribles por cómo está el presidente. Uno no sabe cómo están los indicadores económicos, qué pasa con la moneda, los cambios, los depósitos bancarios, pero uno ve al presidente transmitiendo una inseguridad muy grande. Ese factor es muy peligroso; por eso decía que en el Crucero del Amor se puede hacer chistes y bailar, pero en el Titanic se necesita dar tranquilidad, no entrar en pánico». El citado fue un comentario que dejó en evidencia un desconcierto muy grande, al grado de la desesperación, en el presidente.
«Crear de una vez por todas la cultura de la unidad nacional»
Con estos antecedentes cabe ahora incluir las palabras de Eduardo Lalo Fernández, entonces presidente de AEBU entrevistado por Jaen Motta: «Tratamos de encontrar soluciones y salidas junto a los ahorristas, los deudores y el propio Parlamento. Porque somos conscientes de que estamos ante una enorme crisis. Y hay dos caminos claros: tratar de encontrar de forma inteligente las salidas, o dejar que caiga todo. Lo cierto es que la actual situación debemos definir un nuevo sistema financiero que contemple a todos los protagonistas. Es por ello que a la hora de discutir salidas AEBU convocó a otros sectores para explicar qué se jugaba cada uno de ellos en cada alternativa que se planteara. Ello determinó que no solo se tuviera en cuenta la fuente de trabajo de cientos y cientos de compañeros. Si se hubiera tenido en cuenta solamente este problema, la reacción natural del gremio habría sido el inicio de drásticas medidas de lucha y no la búsqueda de salidas. Si se hubiera optado por el paro y la huelga, no tendríamos hoy fuentes de trabajo que defender en muchos lugares. No debemos olvidarnos, además, de que en determinado momento nos encontramos con un ministro de Economía que había renunciado, un directorio del BCU que había caído, la mitad del sector financiero privado quebrado, un BHU mal gestionado y golpeado. En este marco AEBU tuvo que reunirse con el Gobierno y otros actores para encontrar salidas. La otra postura que se podía haber tomado hubiera sido la del enfrentamiento y —estamos convencidos— estaríamos en un caos total en todo el país».
Información es poder
En medio de la situación descrita AEBU tenía el poder de la información. Así lo escuchó Motta de los labios de Lalo: «Los únicos que teníamos las cifras de la corrida día a día éramos nosotros. A través de un mecanismo muy artesanal pero muy lógico: llamábamos todos los días a los bancos a preguntar 'Oiga, cuánto se fue y cuánto ingresó'; el Banco Central nunca tenía esos datos porque el sentido común o el sentido profesional del directorio, de las autoridades máximas del Banco Central, no permitía hacer esas gestiones por la información. Por tanto era lógico, el Parlamento nos preguntaba a nosotros… […] Los propios parlamentarios venían acá [local de AEBU] a pedirnos información; es más, muchos parlamentarios del Gobierno o de la oposición, en forma callada pedían: '¿me puedo reunir callado con fulano, con mengano?'"
Estos testimonios intentan transmitir por una parte el caos gubernamental que se vivía, y por otra la claridad de espíritu, determinación y firmeza con que se movió AEBU en todo momento, cuando los poderes naturales, «las instituciones centrales» —como las denomina técnicamente Motta— defeccionaban.