A este factor demográfico se suman otras variables económicas y sociales. Las secuelas de la pandemia, la migración de familias hacia otras zonas del país o del exterior, y la creciente competencia entre instituciones educativas con modelos y enfoques diversos.
La comunicación del cierre se realizó cumpliendo con los plazos establecidos por la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), que exige a las instituciones privadas informar la medida con al menos 90 días de anticipación.
En el mensaje dirigido a las familias, la dirección de la ACJ expresó su compromiso de acompañar el proceso de transición de los alumnos. Para ello, se prevé la creación de un espacio gratuito de continuidad institucional, orientado a mantener el vínculo de los niños y niñas con las propuestas recreativas y de animación educativa de la organización.
Asimismo, la institución informó que trabajará junto al Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop) para brindar herramientas de formación y apoyo a los educadores y funcionarios afectados por el cierre.
La carta finaliza con un agradecimiento a la comunidad educativa por “la confianza y el camino compartido”, reconociendo el valor de las experiencias vividas durante los años de funcionamiento del centro.
Crisis estructural
El caso no es aislado. En 2024, al menos seis colegios privados de Uruguay comunicaron su cierre definitivo. En algunos de ellos, grupos de padres intentaron sostener los proyectos educativos a través de cooperativas o asociaciones civiles, aunque con resultados dispares.
Datos recientes indican que siete de cada diez colegios privados del país perdieron estudiantes en el último quinquenio, y uno de cada diez redujo su matrícula a menos de la mitad. Los centros de menor escala, especialmente aquellos con proyectos educativos personalizados o con cuotas accesibles, son los más golpeados por esta tendencia.
El cierre de escuelas privadas se ha convertido en un fenómeno sistemático que refleja los desafíos estructurales del sistema educativo uruguayo, la baja natalidad, la desigual distribución de la población, las nuevas demandas pedagógicas y los efectos de un mercado educativo cada vez más competitivo.
Mientras tanto, familias y docentes intentan procesar la noticia, conscientes de que detrás de cada cierre hay historias, vínculos y proyectos truncados por una realidad que supera las voluntades individuales.