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¿Dónde están los feminismos hoy?: la hoja de ruta que dejó el Encuentro Feminista Popular

A semanas del primer Encuentro Feminista Popular, Caras y Caretas dialogó con Fátima Amaral, integrante de Vía al 8M, quien analizó los consensos alcanzados y los siguientes pasos del colectivo.

Pasaron algunas semanas desde que se realizó el primer Encuentro Feminista Popular, convocado por la plataforma Vía al 8M, que logró reunir a unas 300 mujeres y diversidades provenientes de 18 departamentos del país. Esto sucedió los días 11 y 12 de abril, en la sede del Sindicato Único de Telecomunicaciones (Sutel), con el objetivo de “abordar los desafíos que enfrentamos y los deseos de cambio que nos mueven”, según la declaración que emitió la plataforma tras el encuentro y que fue consensuada en plenaria.

Este encuentro no solo buscó construir una agenda conjunta, sino que marcó el inicio de un proceso de reorganización del feminismo. Así lo planteó Fátima Amaral, integrante de Vía al 8M, en diálogo con Caras y Caretas. ¿Cómo se define hoy Vía al 8M y por qué vio la necesidad de encontrarse este 2026? A la primera pregunta respondió que “es un espacio de articulación feminista y popular, una plenaria, que nuclea diversidad de experiencias y grupalidades organizativas, ya sean sindicales, estudiantiles, cooperativistas, activistas, huertas comunitarias, merenderos, ollas populares”.

Amaral tambien Recordó que Vía al 8M surgió en el año 2024, a partir de la necesidad de reconstruir un espacio "participativo y horizontal" tras años donde la organización de la marcha por el Día Internacional de la Mujer se había vuelto “difusa”. “La idea principal fue generar un espacio abierto donde todas, todos y todes pudiéramos sentirnos convocadas a participar y construir el 8 de Marzo, pero con los reivindicativos de volver a hacer una única marcha, porque veníamos de hacer marchas distintas, más allá de que existen otras movilizaciones descentralizadas y eso está bueno que pase. Necesitábamos un espacio abierto para construir diálogos entre los feminismos que tienen distintas posturas, prácticas, y pedagogías”, expresó.

Un objetivo similar al de la creación de Vía al 8M fue el que motivó dos años después la realización del primer Encuentro Feminista Popular. Había, según Amaral, una necesidad de hacer un “mapeo real” para saber dónde están los feminismos hoy, especialmente aquellos que sostienen la vida en los territorios más precarizados. “Necesitábamos un encuentro feminista popular donde esa diversidad, que hasta el momento había integrado Vía al 8M, y también la que no, pudiera reencontrarse. Saber quiénes somos, en qué territorios estamos, haciendo qué, con qué mecanismos, y así potenciar lo que hay”.

Otro de los objetivos, explicó la entrevistada, es “fortalecer Vía al 8M como un espacio de articulación que pueda acompañar campañas amplias desde una mirada política participativa del movimiento feminista, por ejemplo, el reclamo de leyes que no se implementan o nuevas políticas públicas, pero también acompañar las luchas situadas”. Y profundizó así: “Si bien hay que manifestar la unidad para campañas más amplias, hay muchas luchas situadas que tenemos en nuestros barrios y comunidades, que no se pueden soltar, y que también debemos potenciar con otras prácticas preexistentes a este encuentro, por ejemplo, las alertas feministas”.

Al evaluar el impacto y la convocatoria del Encuentro Feminista Popular, Amaral calificó la experiencia como "súper positiva", destacando que se cumplió con uno de los objetivos centrales: descentralizar el movimiento. “La intención era romper la centralidad de Montevideo, ampliarnos y pensarnos como un país en sí mismo, ya que todas las desigualdades repercuten en todos los departamentos, aunque con diferentes características”.

La entrevistada destacó que la presencia de delegaciones de 18 departamentos fue el resultado de un intenso trabajo logístico y de red, que implicó resolver desde pasajes hasta alojamientos y alimentación para garantizar la participación. Según Amaral, este esfuerzo permitió un hito organizativo inédito, ya que "por primera vez se encontrarán dentro de una misma organización compañeras que habitan en Montevideo con compañeras que habitan otros departamentos del país". Haber concretado esta representatividad nacional en dos jornadas de trabajo, remarcó, resultó "muy enriquecedor" y un logro "ambicioso" para el fortalecimiento del feminismo popular en Uruguay.

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Encuentro Feminista Popular

¿Qué voces faltan?

Consultada sobre las voces o sectores que aún encuentran barreras para integrarse plenamente al movimiento, Amaral reconoció que lograr una mayor participación general sigue siendo un reto complejo. Explicó que, aunque se esperaba convocar a unas 400 personas, la asistencia efectiva rondó las 300, una diferencia que también pone de manifiesto un síntoma social muy conocido, esa brecha entre el querer y el poder hacer. “La participación era un desafío que lo pensamos, no solo en términos cuantitativos, sino que interpela una realidad: ¿qué lugar ocupamos las mujeres y las disidencias en la organización de la vida cotidiana? Estamos en las tareas de cuidado; la precarización de la vida y el aislamiento que impone el individualismo capitalista de este sistema recae sobre nosotras y se hace muy difícil”. En este sentido, puntualizó que la ausencia muchas veces no se debe a falta de interés, sino a realidades estructurales que afectan especialmente a las compañeras de barrios marginados o inmersos en la violencia del narcotráfico. Al respecto, relató que durante el evento “hubo casos de compañeras que no pudieron retornar el segundo día porque estaban en situaciones de violencia y balaceras en sus barrios. ¿Cómo hacemos nosotras, como militantes feministas sociales, para llegar allí y alivianar las luchas situadas en contra de este tipo de violencias, ante la innegable ausencia de un Estado que no está llegando a abordar estas situaciones?”, planteó.

De todos modos, reconoció que, de acuerdo a lo sistematizado en los subgrupos de trabajo del encuentro, la articulación con los movimientos disidentes y las diversidades sexuales sigue siendo un horizonte en construcción. Si bien destacó la presencia de colectivos como Unión Trans del Uruguay, así como personas autoconvocadas, subrayó la importancia de seguir militando para que el espacio sea habitado con comodidad y sin exclusiones. “Todavía sigue siendo un desafío la unión del feminismo y los movimientos disidentes, las diversidades sexuales, un poco por lo que nos han impuesto. Cuando hablamos de un feminismo popular, por lo menos desde Vía al 8M, hablamos de un feminismo que no discrimina”.

Incorporar más voces de mujeres e identidades feminizadas que atraviesan directamente situaciones de violencia de género, es otra de las cuentas pendientes. Según explicó, “si bien existen muchos espacios de acompañamiento en situaciones de violencia, falta que esas propias voces puedan participar de estos espacios de construcción feminista popular, que puedan traer su voz, su experiencia y sus propuestas, porque muchas veces quienes atraviesan las situaciones son quienes mejor saben cómo acompañar a otras. Si bien hay muchas compañeras que lo hacen, todavía faltan”.

¿Cómo está el movimiento feminista hoy?

El pasado 8 de marzo, la proclama de Vía al 8M —"Acción feminista antiimperialista por la soberanía de los pueblos. No pasarán"— encendió un debate profundo en el movimiento. Mientras algunos colectivos y referentes cuestionaron el enfoque geopolítico, prefiriendo centrar la agenda en la violencia directa hacia las mujeres, la pobreza y la ausencia estatal, las voces de alerta sobre una supuesta fragmentación irreconciliable no tardaron en aparecer.

Consultada sobre la lectura que hace de la actualidad del movimiento, especialmente tras los debates sobre una supuesta fragmentación, Amaral sostuvo que el feminismo atraviesa un proceso de "reorganización", donde el encuentro funcionó como un hito para "reunirse y rediscutir". Para la entrevistada, más que una división irreconciliable, lo que existe es una pluralidad de metodologías y planteos que hoy buscan puntos de encuentro. “Siempre hubo diferencias en las posturas, en las prácticas y en las acciones feministas, que son diversas, pero estamos en un momento de reorganizar el diálogo, en el sentido explícito del diálogo, en participar en distintos espacios que quizá antes no armonizaban, hoy lo estamos haciendo. Hay un diálogo entre esas llamadas fragmentaciones, pero qué nosotras tratamos de no entenderlas de esa manera, sino como pluralidades y diversidades propias de los colectivos feministas, así como de cualquier organización de las diferentes luchas sociales”.

La necesidad de cohesión responde, según su visión, a un contexto "muy crítico" tanto a nivel local como mundial, frente al que el movimiento debe posicionarse con firmeza. “El movimiento feminista tiene que ser partícipe de las propuestas para enfrentarse a los discursos negacionistas, retrógrados, sumamente patriarcales y machistas que avalan las guerras y los genocidios en el mundo”. A estos desafíos globales sumó la urgencia de combatir las violencias cotidianas, desde los "micromachismos" hasta las formas más camufladas de opresión que afectan a mujeres, niñeces y adolescencias.

Los ejes abordados en el Encuentro Feminista Popular

La dinámica del encuentro se estructuró en subgrupos de trabajo que abordaron cuatro ejes centrales: la coyuntura frente al fascismo, derechos humanos e institucionalidad, alternativas populares y conflictos territoriales. Amaral contó que “en todo momento” se fomentó un debate “horizontal”, donde la discusión partió de las vivencias personales: “A raíz de la presentación de las experiencias vinculadas a la temática iban surgiendo los temas a discutir, a dialogar y a construir estas propuestas de agenda y de acción”.

En el cierre del encuentro se realizó una plenaria que, según explicó Amaral, no buscó la votación tradicional, sino la síntesis de voluntades que luego se sistematizaron en la declaración que difundió la plataforma. Entre los principales consensos, la plataforma reafirmó su lucha feminista, a la que definió como “popular, antirracista, antiimperialista, anticolonial, antipatriarcal”, a la vez que estableció una postura común contra los conflictos bélicos globales: “Nos parecía una reivindicación necesaria posicionarnos como un espacio de construcción feminista que está en contra del régimen de apartheid, las guerras y el genocidio; un genocidio en vivo y en directo es algo que nos atraviesa”.

En el plano local, las conclusiones apuntaron directamente a la responsabilidad del Estado en las violencias que afectan a mujeres y disidencias, así como a la exigencia de recursos. Amaral subrayó que la lucha hoy, “no solo busca que se creen leyes, sino que se implementen las existentes. Esto tiene que ver con el presupuesto, con las capacitaciones y con una voluntad política directa”. En este punto, mencionó normativas clave como la Ley Integral para Personas Trans, la de violencia basada en género y la de derechos sexuales y reproductivos.

Otra de los consensos del encuentro fue la afirmación de que el feminismo popular no separa la identidad de la economía ni del territorio. La plataforma acordó apoyar redistributivas, como el gravamen de un 1 % al 1 % más rico propuesto por el PIT-CNT, entendiendo que existe una “desigualdad estructural que recae sobre los cuerpos feminizados”. Asimismo, la agenda incorporó resistencias territoriales que suelen quedar fuera del radar capitalino: “Las compañeras de Río Negro están tomando la lucha por la derogación de las AFAP, y desde Paysandú se milita contra la implementación del mal llamado hidrógeno verde”.

“¿Qué tiene que ver eso con la lucha feminista?”

Todavía hay quienes consideran que la agenda económica y las consignas de soberanía son ajenas al feminismo. “¿Qué tiene que ver el feminismo con eso?” es un planteo muy recurrente en redes sociales o en comentarios de noticias acerca de batallas que la lucha feminista también decide protagonizar. Esto sucedió cuando se conoció el apoyo de la plataforma a la propuesta del 1 % de la central sindical. Para Amaral, desde la perspectiva de Vía al 8M, separar la supervivencia material de la lucha contra el patriarcado es una lectura simplista que ignora cómo la precariedad se ensaña con determinados cuerpos. “La violencia económica y la precarización de la pobreza tienen cara de mujer y de cuerpo feminizado”, afirmó, vinculando la falta de recursos con la imposibilidad de romper con los ciclos de violencia doméstica. Según explicó, la dependencia económica es, en muchos casos, el ancla que impide la autonomía: “No hay posibilidad de salir de un círculo de violencia cuando tu plato de comida o el de tus hijos depende de un agresor”.

Es esperable que la propuesta de gravar al sector más rico de la sociedad para redistribuir recursos se traduciría en políticas concretas de vida digna como el acceso a la salud, la educación y, fundamentalmente, la vivienda. Al respecto, Amaral sostuvo que la falta de un techo propio genera una vulnerabilidad que obliga a muchas personas a convivir con sus victimarios. “El tema de la vivienda tiene que ver mucho con la redistribución de la riqueza; nos genera dependencia a la situación de precariedad o a convivir con un agresor por tener un techo o un plato de comida. Si nosotras dependemos de un varón que puede darnos determinado sustento, es en sí mismo una violencia y una ausencia de Estado que no está dando recursos para que podamos vivir de forma independiente”, subrayó.

¿Hacia dónde van los feminismos?

Para Vía al 8M, el camino no termina en la declaración final del Encuentro, sino que se abre hacia una etapa de consolidación interna y apertura hacia quienes aún no forman parte del espacio. “Estamos abiertas al diálogo; invitamos a que nos podamos seguir apropiando de las herramientas y las redes que podemos construir desde acá”.

Amaral detalló que actualmente trabajan en sistematizar los contenidos para “llegar a una lista de temas de agenda política feminista común y acciones fuerza para llevar adelante”. Aclaró que este proceso no pretende jerarquizar unas demandas sobre otras, sino identificar nexos de unión: “La idea es potenciar propuestas de carácter público y acciones concretas, basándonos en esas redes más pequeñas que ya manifestaron la unidad de caminar en colectivo hacia objetivos comunes”.

Otra prioridad inmediata tras el encuentro reside en el fortalecimiento de los vínculos afectivos y políticos. “Creemos que ahora lo principal es militar y militarnos mucho para el cuidado entre nosotras y nosotres, y la apropiación de esta lucha y de este espacio en particular”.

Hacia el futuro, el desafío es convertir las propuestas en una fuerza de cambio palpable. La referente concluyó que el foco estará puesto en “seguir potenciando estas herramientas de construir red y acciones feministas concretas, buscando una transformación social que todavía creemos es posible”.

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