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El caso Moisés cruza fronteras: la BBC recogió el testimonio de Sara Martínez

La BBC le realizó una entrevista profunda a la hermana de Moisés, Sara Martínez, quien dio detalles de la extrema violencia y abusos sostenidos durante años.

El caso de Moisés Martínez, que ha ocupado un lugar central en la agenda pública uruguaya en los últimos meses, sumó una nueva dimensión internacional tras la cobertura realizada por la BBC. El medio británico difundió el testimonio de Sara Martínez, hermana del joven condenado por el homicidio de su padre, en una entrevista en primera persona que reconstruye años de violencia intrafamiliar.

El relato aporta detalles crudos sobre la dinámica de abusos físicos, psicológicos y sexuales dentro del núcleo familiar. Duchas con agua helada durante horas, encierros nocturnos y violencia sistemática contra toda la familia. Sara recordó que vivían con “una impunidad tremenda”, incluso compartiendo espacios mientras ocurrían los abusos.

En la entrevista para la BBC Sara contó con detalles de la respuesta institucional tras su denuncia a los 12 años y los traumas que le dejó ese proceso, que tuvo como resultado una condena para su agresor, que fue mucho mas corta que el tiempo durante el que la familia fue abusada.

La nota también destaca la conmoción que generó el caso en Uruguay y que el propio presidente Yamandú Orsi recibió a Sara y su hermana Ana en su despacho.

Los recuerdos más traumáticos

"La casa era de madera y no teníamos habitaciones para nosotros, siempre dormíamos en cuchetas (literas) en una pieza de madera de dos por dos. La primera situación de abuso que me pasa en esa pieza de madera ocurrió mientras mis hermanos estaban durmiendo. Mi padre estaba abusando de mí y tenía enfrente a mi hermano y al costado a mi hermana, con una impunidad tremenda".

"Cada vez que mi padre abusaba de mí, me pedía perdón llorando mucho. Al principio, yo intentaba creer que iba a cambiar. Pero llegué a contar hasta la vez 60 y dije: 'Ya está, este tipo no va a cambiar más'".

"Además de pedirme perdón, aparecía con un alfajor que me encantaba, de maní, chocolate y dulce de leche, y que ahora no lo puedo ni comer. Me sentía culpable, sentía que yo permitía que me abusara para comerme el alfajor".

"Yo no me olvido más de la primera vez que mi padre llegó del trabajo y yo no lo quería saludar porque le tenía mucho miedo y me dejó encerrada en el galpón hasta la madrugada, solamente porque no lo quise saludar".

"De madrugada se levantaba y nos llevaba al baño, nos abría la ducha y nos dejaba bajo agua fría por horas o nos ponía pedregullos (grava o piedras pequeñas de construcción) y nos hacía arrodillarnos y quedarnos ahí a modo de castigo".

"Cada vez que él llegaba de trabajar, yo tenía que limpiarle los pies y estar más de 40 minutos o una hora con sus pies apoyados encima de mis piernas".

"Cuando yo fui creciendo y él me hacía limpiarle los pies, me empezaba a tocar la vulva con el pie. Aprovechaba cuando mi madre se daba vuelta o estaba cocinando y lo hacía y se reía".

"Recuerdo hasta ir en moto y que mi padre agarrara mi mano para que yo le tocara el pene".

"Nosotros sentíamos diferencias con mi hermana. Él le compraba ropa o los championes (zapatillas) que ella quería. Nosotros podíamos estar con los championes rotos que a él no le importaba. Ahora entiendo la manera de manipulación y de violencia hacia ella, como silenciándola".

"De adolescente, a mi hermana le pasaba que cuando se iba al liceo, mi padre volvía y le decía: '¿Por qué estuviste en tal esquina? ¿Qué estabas haciendo? ¿Por qué hiciste esto a tal hora?'. Él sabía todos los movimientos, lo mismo con mi madre".

"Yo pensé que solamente abusaba de mí, hasta que un día vi cómo abusaba de mi hermana y ahí fue cuando me animé a denunciar".

"Cada vez que abusaba de mí, mi padre también me decía que le iba a sacar un padre a mis hermanos (si hablaba). Entonces yo me sentía recontra culpable".

"Encima del abuso, mi padre se sentía con la libertad de hacer comentarios todo el tiempo sobre mi cuerpo: que cuando fuera grande iba a tener unos senos lindos, de que me iban a crecer pelos como le crecían a él. Todo eso mientras transcurrían las situaciones de abuso. Era aberrante".

"Cuando fueron a capturar a mi padre, se dio a la fuga y lo detuvieron al tercer día. Él declaró que hacía lo que hacía porque sabía que tocando a una de sus hijas era la manera de lastimar a mi madre. Ese fue su argumento".

"Después de que salió de la cárcel, mi hermano (Moisés) intentó revincularse con él. Es como esa necesidad de tener un papá y de pensar que él había cambiado".

"Recuerdo un día que me marcó mucho de chiquita. Entré a casa porque sentí llantos y mi madre estaba colgada. Mi padre la levantó el cuello, me acuerdo patente de ver sus pies en el aire y yo salí llorando porque pensé que mamá no iba a vivir más".

"Cuando volví, en cuestión de minutos, mi padre estaba sentado con ella tomando mate. Yo no entendía nada, pero claro, mi madre no podía escapar de ese círculo de violencia".

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Sobre Moisés

"Con Moi hubo un ensañamiento. Si a nosotras nos daba con un látigo cinco veces, a Moi le daba 20 veces con el látigo".

"Hay muchas cosas que nos fuimos enterando en el juicio. Hubo un psicólogo, que era un perito, que confirmó que sí hubo situaciones de abuso hacia él".

"Como era carpintero y albañil, mi padre dejaba a mi hermano trabajando hasta horas de la madrugada en el galpón".

"Moi tiene una cicatriz (en la cara), que es donde tiene un tatuaje de una cruz. Eso fue un martillazo que mi padre le pegó".

"Me acuerdo un día que llegué de la escuela y no encontraba a Moi. Me fui al galpón y Moi estaba arrodillado, llorando".

"Tenía una remera blanca y cuando se la levantó, en la espalda tenía todas las marcas de los golpes que le había dado mi padre"

"Moi nunca se resistió, le tenía mucho miedo a mi padre. Era como omnipresente, hasta cuando no estaba generaba terror".

"Yo no dimensioné las secuelas que quedaron en él. Por ejemplo, le pasa que si ve unos zapatos de construcción, le genera mucho miedo porque le hacen acordar a mi padre".

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