En la entrada del campo de concentración, un cartel promocionaba una frase que terminó siendo una ironía letal: Arbeit macht frei (“El trabajo libera”). Irónica porque quienes por allí pasaron no trabajaban sino eran explotados en condiciones infrahumanas.
Sin embargo, el horror de los campos de concentración tarde o temprano salió a la luz. De hecho, dos fugitivos, Rudolph Vrba y Alfred Wetzler, contribuyeron con los Aliados, en 1944, para dibujar un mapa del campo de concentración.
Unos meses más tarde, cuando en la Operación Bagration los soviéticos liberaron a su propio país de las tropas alemanas, las SS destruyeron las cámaras de gas de Birkenau, el 24 de noviembre de 1944.
Diez días antes de que el Ejército Rojo llegara con sus tanques hasta Auschwitz, los jerarcas nazis ordenaron evacuar el campo y llevar prisioneros a Loslau. La mayoría estaba tan débil que no podía caminar y prefirió quedarse allí para esperar la muerte.
Podemos decir que ese hecho marcó la verdadera victoria moral de la civilización sobre la barbarie genocida, pero el hecho tiene numerosas implicancias más, y para toda la humanidad.
En la jornada de hoy 27 de enero la comisión permanente del Poder Legislativo volvió a referirse a la histórica fecha ocn la intervención de todos los legisladores de todos los partidos políticos.