Fernanda Aguirre, de la secretaría de derechos humanos del Pit-Cnt, dijo en su ponencia, transcripta en el libro, que en las charlas e intercambios se recupera "la memoria de Héctor como un joven inquieto, un joven militante, preocupado por la vida, preocupado por la situación social, preocupado por cómo encontrar caminos para mejorar las condiciones de vida de todos y enfrentar la injusticia que en esos tiempos ya se venía desplegando".
Por su parte, Álvaro Rico invitó a cuestionarse: "cómo habría transcurrido su vida sin aquel 17 de agosto de 1971, el día que lo secuestraron. ¿Cómo le habría ido en la venta de los discos si se hubiera podido instalar, de repente, en un puesto en Tristán Narvaja? O cómo habría vivido la alegría, que su madre cuenta en uno de sus testimonios de aquella época, por la invitación de ir a un encuentro de artesanos de América Latina y el posible viaje que nunca hizo. ¿Viviría en Tacuarembó?, ¿tendría hijos?, ¿cuántos?".
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