Los reclusos aseguraban que este grupo era “producto de la mala administración de Enrique Navas (exdirector de Cárceles), que dejó que presos pesados convivieran con otros mucho más débiles e inexpertos”. En ese entonces, los altos mandos de la banda del Betito, Alejandro Píriz Brum, Nelson Peña Otero (Rambo) y Carlos Alvez (Carliño) -conocido por asesinar a Daniel Tosquellas- se contactaron con las jefes del PCC, con la intención de formar parte de la organización criminal y operar en Uruguay de forma similar a la que operaban en Brasil.
Según las autoridades norteñas, nuestro país era uno de los puntos de referencia a la hora de conseguir armas de fuego ilegales. De hecho, los jerarcas brasileños habían advertido tiempo atrás que el PCC era constantemente nutrido por armas que ingresaban desde Uruguay.
Entre 2016 y 2017 comenzó la gran expansión del PCC hacia fronteras vecinas y más allá, con el Proyecto Paraguay como modelo de un crecimiento que tenía como principal objetivo copar los canales estratégicos del tráfico de cocaína, sin descuidar su dominio sobre plantaciones de cannabis y el contrabando de tabaco.
En 2017 se conocieron los primeros informes sobre actividades del PCC en Uruguay. El por entonces ministro del Interior Eduardo Bonomi se refirió varias veces a esta situación, algo que se confirmaría en 2019 cuando fueron apresados cuatro presuntos miembros de esa banda, a partir de datos surgidos por la cooperación regional. En 2021, Bonomi, ya en el Senado de la República, advirtió por la falta de fondos para revertir la situación en las cárceles y recordó que este comando comenzó en Uruguay debido a las malas condiciones de las prisiones.
La alianza entre Marset y el PCC
“En la cárcel se aprende mucho. Se aprende lo bueno y lo malo. Yo aprendí cosas que me llevaron a donde estoy ahora”, declaró Sebastián Marset en la famosa entrevista que le brindó al programa Santo y seña a finales de noviembre de 2023.
Marset estuvo detenido desde 2013 hasta 2018 en el Penal de Libertad, y allí se puso en contacto con diversos narcotraficantes uruguayos y extranjeros. Vínculos que le permitieron obtener nuevos conocimientos y alianzas con varias organizaciones regionales e internacionales, y le permitió especializarse en el tráfico de cocaína.
En Libertad, Marset convivió con su primer gran socio narco, Juan Domingo Viveros Cartes (con quien cayó por transportar grandes cargamentos de marihuana en 2013) que, tras estar preso en Durazno, fue trasladado al Penal de Libertad, al módulo conocido como “La Piedra”, lugar donde se alojaban los principales narcotraficantes extranjeros que estaban detenidos en Uruguay y no tenían pedido de extradición. Funcionarios policiales contaron a La Diaria que Marset era una especie de “protector” de Viveros Cartes, debido a que algunos narcotraficantes extranjeros habían denunciado haber sido víctimas de extorsiones por parte de los reclusos uruguayos con más poder dentro del Penal. En ese contexto, Marset quedó alineado con la “hermandad” que se generó entre los narcotraficantes extranjeros que querían evitar las extorsiones de los presos uruguayos.
El desenvolvimiento de Marset le permitió tender puentes con otros delincuentes uruguayos como El Betito Suárez y Ricardo Hougham Guerrero, y también regionales como el paraguayo Víctor Hugo Giménez Rosas, conocido en su país como El Señor de los Cielos.
A su vez habría establecido contactos con integrantes del PCC, narcotraficantes colombianos, mexicanos, italianos de la 'Ndrangheta y miembros del cártel de los Balcanes. Contactos que utilizó al quedar libre en abril de 2018, cuando Marset creó su propia organización.
El PCU como aliado del PCC
Tras su salida de la cárcel, Marset formó y lideró el Primer Cartel Uruguayo (PCU), cuya sigla tiene tatuada en la mano derecha. La organización criminal se detectó por primera vez en agosto de 2019 tras la operacón Varsovia, cuando hallaron 872 kg de cocaína, acopiadas en una casa de Parque del Plata, que iban a ser exportada a Europa por vía marítima.
Según informes de inteligencia de Uruguay y de Bolivia, el PCU opera junto al PCC de Brasil como socio comercial en la tráfico a gran escala de cocaína procedente de Bolivia con destino a Europa y África.
En Paraguay fue donde Marset consolidó sus lazos con el PCC. Según información de la Unidad de Inteligencia (SIU) de Paraguay, Marset se asoció entre 2020 y 2021 con Marlon Douglas “Beiño” Santos, un narco brasileño, integrante del PCC, que operaba en Foz do Iguazú, y era quien estaba encargado de tratar con los productores bolivianos de cocaína y coordinar la llegada de la droga a suelo paraguayo.
La operación Smart, una investigación conjunta de Brasil, Paraguay y Argentina, permitió identificar que Marset, Beiño y otro narcotraficante, llamado Lindomar Reges Furtado, se reunieron en un restaurante de Asunción en mayo de 2021, semanas antes de que Marset viaje a Dubái con su familia el 7 de junio de 2021 (con una parada estratégica en Brasil) con el objetivo de escapar de la Justicia paraguaya -que ya lo investigaba en el marco de las operacioens Smart, Turf y a Ultranza Py- además de ampliar sus contactos en el narcotráfico internacional.
El año pasado, el exministro del Interior de Paraguay, Arnaldo Giuzzio, dijo que al poco tiempo de arribar a Paraguay, Marset se convirtió en el proveedor de droga para el PCC, considerando su gran conocimiento sobre las rutas del narcotráfico en la zona.
“Creemos que el PCC lo utilizaba como un proveedor de droga, como gran conocedor de las rutas en la región. (…) Y el PCC últimamente ha tenido contactos, se han encontrado vestigios también con la organización italiana ‘Ndrangheta a través de los últimos envíos tanto en Italia como en Alemania”, afirmó Giuzzzio en una entrevista con el programa Que no me pierda, de la red UNO.
En Paraguay, Marset es señalado de liderar -en alianza con el clan Insfrán- una organización que envió enormes cargamentos de cocaína a Europa y África. En Uruguay también se lo investiga como responsable de al menos cinco grandes cargamentos de cocaína y pasta base que fueron incautados entre 2018 y 2020 junto a miles de dólares, armas, vehículos y hasta una lancha. También lo investigan por la amenaza a la fiscal de Estupefacientes, Mónica Ferrero, y el ataque a la brigada antidrogas.
Justamente una investigación llevada a cabo por Ferrero concluyó en 2019 que había 84 delincuentes uruguayos que fueron reclutados por el PCC. La cifra surgió de las escuchas telefónicas ordenadas por la justicia de Crimen Organizado de 3º turno. La Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) señaló como uno de los líderes a Fernando Frabasil Gómez, con antecedentes penales por homicidio, rapiñas, encubrimiento y narcotráfico, entre otros delitos. El criminal señaló, en el momento de su primera detención en Uruguay, que era policía encubierto trabajando para la DEA estadounidense. Según Frabasil, trabajó bajo las órdenes del Ministerio del Interior entre 1992 y 1994.
La Policía detectó la presencia del PCC en departamentos fronterizos Artigas, Rivera, Cerro Largo y Rocha, informó La Diaria en marzo, a partir de un informe sobre grupos delictivos identificados por las unidades de la Dirección de Investigaciones de la Policía Nacional.
Se detectó que el PCC tenía diez miembros en Uruguay y que el líder era Diego Fernando de la Vega Hernández, que también es señalado como líder del grupo presente en Rivera "Os Cría Da Fronteira". No obstante, un reciente informe del medio brasileño O Globo, en base a información del Grupo de Acción Especial para la Represión del Crimen Organizado (Gaeco) del Ministerio Público de San Pablo, advirtió que el PCC tiene 42 mil afiliados en 24 países y que fuera de Brasil, uno de los que tiene más miembros del PCC es Uruguay, con 116 integrantes.
Cerro Norte, El Betito, el PCC y Marset
En 2012, el entonces juez especializado en Crimen Organizado, Néstor Valetti, definía a Betito Suárez como el “delincuente más peligroso del país”, y se alertaba sobre los vínculos que había forjado con integrantes del PCC, que lejos de haber terminado, esa relación parece haber permanido hasta estos días según el periodista Gabriel Pereyra que la semana pasada advirtió en su cuenta de X que "informes de Inteligencia señalan un vínculo del narco Beto Suárez con Marset y con el PCC, la mafia brasileña, la más poderosa del continente".
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Cargamento de cocaína vinculado a Marset en Cerro Norte.
"Tras las requisas de celulares en el Cerro Norte y en cárceles, al periciarlos, es cada vez más común encontrar contactos registrados como PCC y a continuación un nombre. La consolidación de un grupo de estas dimensiones en el país es algo que la Policía ha intentado evitar", añadió.
Vale recordar que Sebastián Marset sigue prófugo (aparentemente junto a su esposa y tres hijos en Dubái, según un periodista paraguayo) y El Betito Suárez está libre desde febrero de 2023; quien desde hace meses estaría “a la defensiva”, para tratar de mantener el dominio en su histórico bastión del Cerro, luego de haber perdido poder en algunas otras zonas en el marco de una “seguidilla de hechos violentos y en un medio delictivo que no tiene liderazgos duraderos”, advirtió Pereyra en marzo de este año. Además detalló que El Betito Suárez “se ausentó a una reunión de líderes de bandas locales para pactar territorio”, y así generó “el encono de varios rivales” en el narcotráfico local.
Hoy Cerro Norte es uno de los epicentros de esta sangrienta guerra narco. Pero este escenario empezó mucho antes. Pereyra recordó que Suárez creció bajo la égida de Gustavo de Armas, un “legendario” capo de Cerro Norte que “parecía intocable, pero en una señal de lo que serían los nuevos tiempos, durante una salida de la cárcel un menor de edad lo mató de un tiro en el pecho en pleno Cerro Norte, su feudo”.
Esos tiempos se podrían señalar como “el inicio del fin de los capos veteranos a manos de líderes jóvenes, lábiles y violentos”. “Hoy parecen ser mayoría en las bandas de la periferia y de ahí, en parte, este caos de violencia incesante”, finalizó.