La familia fue encontrada muerta luego de la ausencia del hombre a su trabajo. Era capataz de obra, tenía 62 años y no solía faltar. A sus jefes les llamó la atención esto. Lo llamaron por teléfono, pero no les respondió. Entonces decidieron ir a buscarlo a la casa. Allí se encontraron con el hijo, que dio un relato confuso que los hizo recurrir a la Policía. Cuando los agentes llegaron al lugar dieron con una escena que describirían como “dantesca”.
Decisión de la justicia
Según la investigación judicial, el triple homicida primero mató a su madre y luego a su padre. A su hermano lo dejó para lo último: el sábado de noche se lo había visto con vida y el examen muestra que murió unas 48 horas antes de que apareciera.
El psiquiatra concluyó que el homicida no era capaz de “determinarse libremente” y que su “enfermedad mental alienante” no le permitió controlar sus impulsos, comprometió su juicio crítico y autocuidado, y sufrió una descompensación.
Contó, por un lado, que fueron “hombres de negro” los que atacaron a su familia, aunque en algunos momentos se ponía a él como agresor. Estas personas imaginarias habían aparecido cuando él estaba discutiendo con su madre. Luego llegó su padre y la escena se repitió. El último en llegar fue su hermano y, otra vez, pasó lo mismo, según su relato.
El triple homicida dijo que oía voces que le decían que agrediera a su familia y dijo haber escuchado golpes imaginarios de personas del otro lado de la puerta. “Veo mucho 666, no puede ser casualidad”, señaló en otro fragmento, al explicar que estaba siendo “acosado por entidades del mal”.