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¿Por qué se están robando las estatuas de bronce en Montevideo?

El aumento del robo de estatuas de bronce en Montevideo reveló una trama vinculada al mercado ilegal, el vandalismo y las fallas en la prevención.

El robo de estatuas de bronce en Montevideo dejó de ser un hecho aislado para convertirse en una señal de alerta sobre el deterioro del patrimonio público. El reciente hurto del monumento al peón rural, ubicado frente a uno de los accesos de la Rural del Prado, volvió a poner el tema en el centro de la discusión.

La Justicia condenó a los dos autores del robo, ocurrido el pasado jueves, luego de que uno de los implicados confesara haber vendido la pieza por 30.000 pesos. La escultura, situada en la intersección de Buschental y Lucas Obes, fue sustraída tras una maniobra que quedó registrada por cámaras del Ministerio del Interior. El análisis permitió identificar al conductor de una camioneta vinculada al hecho, quien admitió su participación junto a otros dos hombres de 36 y 47 años, ambos con antecedentes penales.

Los responsables fueron condenados por hurto agravado a 12 meses de prisión, pena que será sustituida por un régimen de libertad a prueba. La sanción, sin embargo, abre un debate sobre la proporcionalidad del castigo frente al daño cultural ocasionado.

Mercado ilegal y vandalismo

El caso no es aislado. En julio de 2025, delincuentes robaron un brazo de la estatua de Albert Einstein en Cordón. También se registraron hurtos como el busto de Pierre de Coubertin en Parque Batlle. Estos episodios configuran un patrón, el bronce, por su valor en el mercado informal, se convierte en un objetivo frecuente.

El director de la Comisión de Patrimonio, Marcel Suárez, calificó estos hechos como un “suicidio cultural”, al entender que no solo se pierde material valioso, sino también símbolos que forman parte de la identidad colectiva. Además, cuestionó la levedad de las sanciones, que —según su visión— no logran disuadir este tipo de delitos.

Detrás de estos robos aparece una combinación de factores. Por un lado, el valor del bronce como metal reciclable, que puede ser reducido y vendido sin dejar rastros evidentes. Por otro, la vulnerabilidad de los espacios públicos, especialmente en horarios nocturnos y en zonas con escasa vigilancia.

Las esculturas, muchas veces de gran tamaño pero con anclajes relativamente accesibles, se convierten en blancos posibles para grupos organizados o incluso para delincuentes oportunistas. A esto se suma un contexto más amplio de vandalización del espacio público, que incluye grafitis, roturas y ocupaciones irregulares.

La respuesta oficial

Ante este escenario, la Intendencia de Montevideo comenzó a implementar una estrategia integral denominada “espacios cuidados”. El objetivo es abordar el problema desde múltiples dimensiones: prevención, vigilancia y recuperación del entorno urbano.

Uno de los ejes principales es la incorporación de videovigilancia inteligente. No se trata solo de cámaras, sino de sistemas capaces de detectar comportamientos sospechosos. Por ejemplo, si una persona permanece demasiado tiempo manipulando un monumento, el sistema puede activar una alerta en tiempo real e incluso emitir advertencias mediante altavoces.

Además, se prevé reforzar la presencia de “cuidaparques”, funcionarios que combinan tareas de vigilancia con un rol de cercanía con la comunidad. Su función no es solo reportar incidentes, sino también promover el uso adecuado de los espacios públicos.

La mejora de la iluminación en zonas críticas es otro punto clave. Muchas de las sustracciones ocurren en condiciones de baja visibilidad, por lo que fortalecer la infraestructura lumínica actúa como medida disuasiva.

El plan incluye también mantenimiento constante —con cuadrillas dedicadas a limpieza y remoción de pintadas— y la recuperación de espacios ocupados irregularmente, en coordinación con políticas sociales.

Más allá del delito

La estrategia se complementa con un trabajo conjunto con el Ministerio del Interior, que se encarga de la respuesta policial. Mientras la Intendencia se enfoca en la prevención, la Policía actúa ante los delitos consumados.

Existe, además, un relevamiento detallado de los monumentos de la ciudad. En una primera etapa, se priorizan zonas de alto riesgo como el Prado, Parque Batlle, Parque Rodó y el Parque de las Esculturas, donde la extensión territorial y concentración de obras dificulta el control.

El robo de estatuas de bronce implica una pérdida económica pero también cada pieza sustraída representa un fragmento de memoria colectiva que desaparece. El desafío, por tanto, no se limita a reforzar la seguridad, sino a reconstruir el vínculo entre la ciudadanía y el espacio público.

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