En Estados Unidos
“Desaparece de nuestra vida por un tiempo y se vuelve a cruzar nuevamente por 1976. Poco después de la muerte de (Orlando) Letelier (exministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Salvador Allende), con quien yo trabajaba, un columnista que en ese momento era el periodista más renombrado, Jack Anderson, comenzó a publicar una serie de artículos donde dice que que fuentes del FBI le informaron que están detrás de la pista de un posible atentado contra un exiliado uruguayo en Washington”, recuerda Ferreira al mencionar otra de las veces en las que Sofía se cruzó en la vida de su familia. “El único exiliado que había en Washington era yo. El FBI nos informó que me habían puesto una protección inadvertida, así la llamaron, porque tenían alguna información pero ya estaban sobre la pista”.
Por esos días Ferreira comenzó a recibir en su apartamento una serie de amenazas. El edificio tenía un sistema por el cual mediante una sencilla operación el teléfono del apartamento quedaba conectado a la portería, la que recibía las llamadas. “Cuando salía del apartamento movía una perilla y el teléfono quedaba conectado con la portería. Y allí tomaban los mensajes. Yo llegaba y encontraba mensajes que no llamaban la atención de la portería pero sí la mía, del tipo de: ‘Llamó Zelmar Michelini, que se verán pronto nuevamente’. Mensajes que solo yo podría entender y que eran una amenaza. Con estos antecedentes me presento ante el FBI y a las 48 horas declaran a Miguel Sofía persona non grata. En ese momento era secretario de prensa de la Misión Militar de la Embajada de Uruguay en Estados Unidos. Cuando llegó a Uruguay dijo que lo habían expulsado porque había robado un queso en un supermercado”. No obstante, ese mismo año hubo algunos episodios que dejaron en evidencia que el gobierno de Estados Unidos “no quería que Miguel Sofía se tomara el tema en joda. Durante una escala técnica en un vuelo a Taiwán, donde solo tenía que cambiar de avión sin ingresar a territorio estadounidense, fue detenido y deportado a Uruguay”.
“En esos mismos días sucede una cosa parecida, amenazas de muerte, con mi padre en Londres. Más o menos similar a lo sucedido conmigo pero sin identificar a los responsables, sin nombres y apellidos”, señaló.
El caso Bardesio
La presencia de este personaje en la vida de los Ferreira tuvo un antecedente previo al golpe de Estado de 1973, pero que produjo sus consecuencias entrado el siglo XXI. En febrero de 1972 el Movimiento de Liberación Nacional (MLN-Tupamaros) secuestró a Nelson Bardesio, funcionario policial sindicado como integrante del denominado Escuadrón de la Muerte. En sus declaraciones Bardesio nombró, entre los integrantes de la organización, a Miguel Sofía, por ese entonces militante de la JUP. El escuadrón era responsable de las muertes y desapariciones de Abel Ayala, Héctor Castagnetto, Manuel Ramos Filippini e Ibero Gutiérrez. “Cuando los tupas liberan a Bardesio se lo entregan a mi viejo. Lo liberan donde yo hacía los preparatorios, en el Seminario de los jesuitas. Se lo entregan al padre Aguerre que era el rector y mi viejo lo recibe. Wilson manda a buscar a (Julio María) Sanguinetti y al jefe del Ejército. Pone como condición para entregarlo que no sea a las fuerzas policiales sino a los militares. Se lo entregan a los militares y estos se lo entregan a la Policía violando la palabra. A raíz de eso en mi vida me vuelvo a cruzar con Sofía cuando cae Nelson Bardesio, que estuvo oculto mucho tiempo. Es extraditado y juzgado”.
En ese contexto “la jueza a cargo, Graciela Eustaquio y el fiscal Hugo Gómez, me llaman a declarar. Y ahí surge el nombre de Miguel Sofía. Me interrogan sobre Sofía, fui a declarar por Nelson Bardesio y terminan interrogándome sobre Miguel Sofía. El abogado de este era el doctor Miguel Langón. Después de esas declaraciones mías, él desaparece.
Ahora, con Sofía detenido, voy a ponerme a disposición de la Justicia. Capaz que no me necesitan pero voy a ir. Antes no había fiscalía especial como hay ahora y mis declaraciones eran en el expediente de Bardesio, pero lo que dije de Sofía fue a pedido de su defensa que en ese momento sostenía que el atentado del año 71 había sido en realidad por error y justo tocó en el mismo edificio donde vivíamos, que lo que quería era una venganza por un tema amoroso”, finalizó Ferreira.