Cualquier persona podría identificar el inicio del proceso de formación de trombos. Una de las alertas es un cansancio atípico que se siente en los pies después de pasear. Generalmente si la persona se acuesta, esta molestia desaparece. Pero, de todos modos, es necesario consultar al médico, ya que es uno de los síntomas tempranos de la trombosis, segura el experto.
Otros indicadores a tener en cuenta son la hinchazón del pie, el dolor y un aumento de temperatura en la zona de formación del trombo. En este caso, el especialista aconseja llamar al médico.
«Lo más terrible de la trombosis es que el mismo trombo que se ha formado puede desprenderse y precipitarse a los pulmones, al corazón, al cerebro», alerta el cardiólogo.
Si hablamos de un trombo ya formado, se trata con medicamentos para diluir la sangre o anticoagulantes. Pero cada tratamiento se asigna según el caso concreto, avisa Ruslán Rud. Los cirujanos deciden si es necesario eliminar un trombo.
Vacunas y trombos
Uno de los principales recelos contra las vacunas contra el SARS-CoV-2 se basa en que se han desarrollado en tiempo récord. Este motivo no tiene sentido si se tiene en cuenta que las condiciones tecnológicas actuales y los ensayos clínicos que se han podido realizar, al encontrarnos en una situación de pandemia, lo han permitido así.
Todo fármaco aceptado por los organismos reguladores y ya en el mercado pasa a lo que se llama fase IV, o farmacovigilancia. En esta situación se encuentran todas las vacunas aceptadas por la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés). Y debido a eso se origina la presión sobre la vacuna de Astrazeneca, por la posibilidad de que cause trombos en una proporción ínfima de la población, tan solo de 2-3 casos entre 1 millón de personas vacunadas.
La vacuna de Astrazeneca ha sido asociada a ciertos casos (222 por el momento) de trombosis venosas profundas. Estas trombosis se producen por anomalías que afectan al flujo sanguíneo en venas centrales del sistema circulatorio. Se pueden deber al sedentarismo o la obesidad, a pasar demasiado tiempo en un avión (síndrome de la clase turista), reposo en cama, factores genéticos, fracturas, embarazos o haber dado a luz, tomar anticonceptivos, etc… Es decir, múltiples actividades cotidianas.
¿Hay, por tanto, motivo para preocuparse?
No, estos son los argumentos: las vacunas están formadas por los antígenos contra los que queremos que el sistema inmunitario actúe y los coadyuvantes que ayudan a activar al sistema inmunitario. Si la producción de trombos dependiense de los coadyuvantes muchas más personas habrían sufrido el mismo problema, pero no ha sido así. Se puede, por tanto, descartar un efecto de los adyuvantes de las vacunas.
Se han realizado estudios de riesgo con la vacuna de Astrazeneca y todos ellos han indicado el alto beneficio de la vacunación especialmente en situaciones de alto riesgo de contagio. Es decir, la posibilidad de enfermar y morir por el contagio con el SARS-CoV-2 es entre 1.000 y 10.000 veces mayor que la de sufrir una trombosis, que puede ser solucionada clínicamente, por la vacuna.
Está claro que la vacunación es la única estrategia posible ante un virus contra el que no hay fármacos eficientes.