La amenaza arancelaria también reafirma la impresión de que con Trump Estados Unidos se ha convertido en un socio muy poco fiable. Por su parte, Lula consideró esta amenaza como un ataque directo a la soberanía brasileña. También dijo que tratará de resolver el asunto mediante negociaciones, y añadió que, si fuera necesario, no dudaría en aplicar como represalia aranceles de 50% sobre las exportaciones estadounidenses a Brasil, a lo que Trump, a su vez, prometió responder aumentando aún más los aranceles estadounidenses sobre los productos brasileños.
Salvando la piel de Bolsonaro
Durante su presidencia (2018-22), Jair Bolsonaro mantuvo estrechos vínculos con Trump, pero no pudo conseguir un segundo mandato en unas elecciones muy reñidas y polarizadas. Como recordarán los lectores, cientos de partidarios de Bolsonaro asaltaron los tres edificios más importantes del Estado brasileño -el Congreso de Brasilia, el palacio presidencial y el edificio del Tribunal Supremo- ante la pasividad de las fuerzas de seguridad.
El propio Bolsonaro se encontraba por entonces en Florida, desde donde se negó a aceptar la victoria de Lula. Tardó casi tres meses en regresar, y cuando lo hizo se encontró con que era objeto de una investigación penal. Si es declarado culpable de delitos que incluyen la participación en un intento de golpe de Estado y una asociación criminal armada y la abolición violenta del Estado de Derecho, podría enfrentarse a penas de hasta 43 años de prisión.
Bolsonaro y su familia están haciendo todo lo posible para impedirlo. En los últimos meses, el hijo de Bolsonaro, Eduardo, junto con Paulo Figueiredo -empresario, periodista y nieto de João Figueiredo, que dirigió la dictadura militar de Brasil de 1979 a 1985- han estado en Washington presionando a legisladores estadounidenses para que sancionen a los jueces del Tribunal Supremo brasileño que supervisan el juicio contra Bolsonaro.
Entre ellos figura Alexandre de Moraes, el ex ministro de Justicia que encabezó los esfuerzos de Brasil por regular las plataformas tecnológicas. Como presidente del Tribunal Superior Electoral durante la campaña para las elecciones de 2023, Moraes ordenó la retirada de cientos de noticias falsas y el bloqueo de cuentas en redes sociales, principalmente de bolsonaristas, que le acusaron de buscar censurarles.
Las acciones de Moraes le han valido los elogios de la izquierda y el oprobio de la extrema derecha. También le ha colocado directamente en el punto de mira de la administración Trump. En mayo, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, anunció una restricción de visados para funcionarios extranjeros que «censuren» a ciudadanos estadounidenses. Aunque la declaración no mencionaba específicamente a De Moraes, el propio Rubio reconoció en una comparecencia ante el Congreso que el juez del Tribunal Supremo probablemente sería sancionado.
Pero ahora con Trump, la Casa Blanca ha pasado de sancionar a un juez a sancionar a toda una economía, y además, una con la que EEUU tiene superávit comercial. Con su característica “intensidad de lenguaje”, en su carta Trump acusa al Tribunal Supremo de Brasil de emitir “cientos de Órdenes de Censura SECRETAS e ILEGALES a Plataformas de Medios Sociales de EE.UU., amenazándolas con Millones de Dólares en Multas y Desalojo de la plataforma de medios sociales brasileña.”
La administración Trump probablemente desee mantener a Bolsonaro fuera de la cárcel para que pueda volver a presentarse a las elecciones presidenciales del próximo año, probablemente con la esperanza de que una nueva administración Bolsonaro sabotee a los BRICS desde adentro. Sin embargo, esto es muy poco probable dado que Bolsonaro ya ha sido inhabilitado por el Tribunal Supremo.
Existen otros motivos para la última amenaza arancelaria de Trump, entre ellos dos de carácter geopolítico. El lunes, Brasil y China firmaron un memorando de entendimiento para iniciar los estudios técnicos de un proyecto de ferrocarril bioceánico que conectará la costa atlántica brasileña con el puerto de Chancay, en la costa pacífica de Perú. El acuerdo fue firmado entre la empresa estatal brasileña Infra SA, dependiente del Ministerio de Transportes, y el Instituto de Planificación e Investigación Ferroviaria de China.
Hay que reconocer que este proyecto lleva mucho tiempo en marcha, y no hay garantías de que llegue a completarse, especialmente si un político del talante de Bolsonaro ganara las elecciones del año que viene en Brasil. Sin embargo, el hecho de que Chancay ya esté operativo (aunque no totalmente construido) confiere mucho más peso al proyecto ferroviario propuesto. Y si se completara, no se puede negar que disminuiría aún más la influencia de Estados Unidos en Sudamérica.
Otro punto de discordia es el dólar estadounidense. En su rueda de prensa posterior a la cumbre, Lula advirtió que la época del dólar como moneda de reserva mundial está llegando a su fin. Durante la cumbre, el líder brasileño también subrayó el papel que los bancos centrales de los BRICS han venido desempeñando en el desarrollo de sistemas de pago “transfronterizos, instantáneos y seguros” que no incluyen el dólar.
A pesar de estos pronunciamientos, los compromisos de los BRICS parecen ser característicamente tímidos en cuestiones de finanzas globales. Por ejemplo, en lugar de tratar de sustituir al FMI y al Banco Mundial -las instituciones de Bretton Woods que han contribuido a preservar el dominio occidental y la explotación de las economías del Sur Global-, los BRICS han pedido la reforma del FMI, incluyendo nuevos derechos de voto y el fin de la tradicional dirección europea del fondo.
En cuanto a la desdolarización, es probable que sea un largo y prolongado proceso que bien podría acelerarse con cuatro años de Trump 2.0. Actualmente no existe un sustituto viable para el dólar ni es probable que surja en los próximos años. A pesar de todo el bombo y platillo de los últimos años, los BRICS ni siquiera están cerca de desarrollar un régimen monetario alternativo.
Los temores de Trump sobre el dólar
Sin embargo, aunque puede que el dólar no tenga los días tan contados como sugieren algunos, incluido el propio Lula, Trump se está tomando muy en serio la amenaza de la desdolarización. Sabe que el dólar es uno de los pilares más importantes, si no el más importante, sobre el que descansa el poder mundial de Estados Unidos, e incluso ha comparado la potencial pérdida de la condición de moneda de reserva del dólar con perder una guerra mundial.
En estos últimos meses, Trump ha descrito a los BRICS como un foro “antioccidental” y llegó a amenazar con imponer un arancel del 100% a sus miembros si desafiaban la hegemonía del dólar. El martes, Trump prometió imponer un arancel adicional del 10% a los BRICS, alegando que el bloque fue creado para sustituir al dólar estadounidense como moneda dominante en el comercio internacional.
Pero cuanto más resopla Trump, más se debilita el dólar, algo que a corto plazo puede ser una buena noticia para las exportaciones estadounidenses, pero que también es una clara señal del debilitamiento de la confianza en la economía de Estados Unidos. Como informa NBC, el dólar ha caído más de un 10% en comparación con una canasta de divisas en los últimos seis meses, algo que no había ocurrido desde 1973. Al mismo tiempo, la demanda de oro, sobre todo entre los bancos centrales, está en máximos históricos.
Una de las principales razones del paulatino desplazamiento del dólar en los últimos años es el flagrante abuso de su hegemonía por parte de Estados Unidos. Como escribió Michael Hudson en marzo de 2022, “la confiscación del oro y de las reservas de divisas de Venezuela, Afganistán y ahora Rusia, junto con la apropiación selectiva de cuentas bancarias de extranjeros ricos ha torpedeado la idea de que las tenencias de dólares o las de sus satélites de la OTAN en libras esterlinas y euros son un refugio de inversión seguro cuando las condiciones económicas mundiales se tambalean.”
No más Dólar como moneda de reserva = No más sanciones de EE.UU.
En un vídeo muy difundido en febrero, Marco Rubio demostró que era plenamente consciente de este riesgo. Pero la mayor preocupación de Rubio por la progresiva erosión del prestigio del dólar estadounidense era la consiguiente pérdida de capacidad de Washington para intimidar a otros países mediante la amenaza o la imposición de sanciones económicas. Así se expresaba Marco Rubio:
“Brasil, el mayor país del hemisferio occidental al sur de nosotros, acaba de cerrar un acuerdo comercial con China. A partir de ahora van a hacer el comercio en sus propias monedas y esquivar el dólar. Están creando una economía secundaria en el mundo totalmente independiente de Estados Unidos. Dentro de cinco años no tendremos que hablar de sanciones porque habrá tantos países que realicen transacciones en monedas distintas del dólar que no tendremos capacidad para sancionarlos.”
Lo que ahora está claro, si no lo estaba aún, es que los aranceles de Trump son en esencia sanciones por otros medios, y en muchos casos se están imponiendo por razones que no tienen nada que ver con el comercio. Los aranceles de Trump parecen estar haciendo tanto daño a la economía estadounidense como a muchos de sus pretendidos objetivos, del mismo modo que las interminables rondas de sanciones a Rusia por parte de Bruselas han perjudicado a la economía de la UE.
Las rabietas arancelarias de Trump y otras amenazas también están perjudicando la ya empañada imagen de EE.UU. en todo el mundo, incluso entre las naciones ampliamente alineadas con EE.UU. Brasil, al igual que la India, desea profundizar sus relaciones con sus socios del BRICS, al tiempo que mantiene estrechos vínculos económicos con Estados Unidos y Europa. Pero la amenaza de Trump de imponer aranceles del 10% “a cualquier país que se alinee con las políticas antiestadounidenses de los BRICS” sugiere que eso puede no ser posible.
Lo que Trump parece estar intentando establecer aquí es el equivalente económico del ultimátum de GW Bush “estás con nosotros o contra nosotros”. Como tal, las amenazas de Trump no solo van dirigidas a Brasil; van dirigidas a todo lo que los BRICS representan en general: un enfoque más multilateral, o Sur-Sur, del desarrollo global, o lo que los líderes chinos suelen llamar “cooperación Sur-Sur”. Y eso es lo que Estados Unidos no puede tolerar....
(*) Nick Corbishley es escritor, periodista, profesor y traductor residente en Barcelona. Antiguo redactor jefe del sitio web de noticias económicas y financieras Wolf Street, con sede en San Francisco, actualmente es un colaborador habitual del blog estadounidense de noticias y análisis financiero Naked Capitalism, donde escribe sobre tendencias y acontecimientos financieros, económicos y políticos en Europa y América Latina. Columna publicada el 11 de julio.
https://nickcorbishley.com/2025/07/11/trump-probably-just-did-lula-a-massive-favour-with-his-50-tariff-threat-against-brazil/