La era de la producción y la creación de empleo ha quedado atrás, reemplazada por la era de las tasas de interés, la especulación financiera, el trabajo precario y la concentración de los ingresos. Las economías latinoamericanas crecieron desde la década de 1930 hasta la crisis de la deuda neoliberal a fines de la década de 1970. Con gobiernos progresistas, vuelven a crecer, al contrario del neoliberalismo, entre los años 2003 y 2012, con políticas para promover la expansión de los sectores productivos de la economía y distribución del ingreso, generando millones de empleos formales y políticas sociales.
La contraofensiva conservadora, restaurando el neoliberalismo en varios países, trajo de nuevo el estancamiento económico, el alza del desempleo, así como las turbulencias financieras.
A escala mundial, se ha pasado de un ciclo con relativa estabilidad económica a un ciclo marcado por la continua turbulencia económica, causada por la inestabilidad típica de los mecanismos financieros. Las crisis se reprodujeron en México, Brasil, Argentina, Corea del Sur, Rusia, y se generalizaron a partir de 2008, lo que puso a la economía mundial en recesión.
Las políticas neoliberales, que abren los mercados internos a los impactos de la economía global, desindustrializan las economías de los países y promueven la centralidad del capital financiero, debilitan la capacidad de regulación estatal y la fortaleza de las empresas públicas, causan enormes debilidades en las economías de cada país frente a inestabilidades internacionales.
Es lo que sucede en el momento presente. Ante la inminencia de una nueva recesión internacional, en lugar de tratar de proteger nuestra economía, los gobiernos neoliberales están tratando de aprovechar la situación para impulsar aún más sus proyectos, que golpean incluso más al Estado, intensifican las privatizaciones y debilitan su capacidad de acción. Los efectos de la situación internacional en Brasil se pudieron resistir en 2008 porque se fortalecieron los créditos de los bancos públicos, se resistieron los enfrentamientos externos, en lugar de multiplicarlos, como se hace ahora, abriendo aún más nuestras economías.