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Un año más

Por Alberto Grille.

Un día como hoy, en la primera semana de agosto de 2001, vio la luz la primera edición de la revista Caras y Caretas. Han pasado 19 años, cinco gobiernos de distinto signo, más de una pandemia, muchas atrocidades, infinidad de buenas y malas noticias y un solo milagro, esos pliegos de papel que tenemos entre las manos.

En casi dos décadas se han publicado 970 revistas, 97 grandes tomos encuadernados que ocupan más de una pared, casi 100.000 páginas si contamos las ediciones especiales y suplementos.

Nacimos en medio de la crisis, cuando la familia Peirano y los hermanos Rohm se llevaron los ahorros de miles de uruguayos y nos dejaron con una mano adelante y otra atrás.

Asistimos al derrumbe del Partido Colorado, al resurgimiento de los blancos y a los tres gobiernos sucesivos en los que el Frente Amplio creyó poder iluminar un nuevo país.

Cuando, habiendo pasado 35 años, había quienes decían que había que dejar atrás el recuerdo de la dictadura, reaparecen los nostálgicos -la barra de Manini- que intentan eludir la memoria y evitar la no siempre presente larga mano de la justicia.

En estos años, también vimos crecer al actual presidente y apagarse lentamente los tiempos de Mujica, Tabaré y Astori.

Asistimos a las exequias del Gral. Seregni y al fin del wilsonismo, a la muerte de Fidel y de Chávez y al ascenso irreparable y trágico de Donald Trump y Jair Bolsonaro.

También se fueron Lilí Lerena, Susana Sienra y María Auxiliadora.

En estos 19 años hubo un Presidente negro en Estados Unidos, un indio en Bolivia y un obrero en Brasil. China se fue para arriba y se convirtió en nuestro principal socio comercial. Putin sigue ganando en todas las elecciones que hay en Rusia. Casi salimos campeones mundiales en Sudáfrica, seguimos discutiendo con Sergio Gorzy si Paco es bueno o es malo, se nos fue Ghiggia, Suárez mordió a uno por última vez y terminamos con la oprobiosa Ley de Caducidad.

Se encarceló a Bordaberry, a Gavazzo, a Gregorio Álvarez y Juan Carlos Blanco y aparecieron los restos de Julio Castro y Fernando Miranda. Se empezó a hacer justicia con los crímenes de la dictadura y se encontraron algunos de los compatriotas desaparecidos. Se abatió la pobreza y casi desapareció la indigencia, se dignificó a las maestras, se universalizó el derecho a la salud. Se reconstruyó el Solís y el Auditorio del Sodre, tenemos un aeropuerto como la gente, pero se nos fundió Pluna.

Creció Uruguay, se ampliaron los derechos. También el PIB, la industria, la cultura y el campo. Hicimos el Antel Arena y queremos crucificar a Carolina Cosse, tenemos una empresa telefónica como Antel y la queremos desguazar.

El mundo mejoró y las injusticias crecieron, se acumuló muchísimo conocimiento, información y riqueza, pero el planeta se volvió algo peor para vivir y cuanto más riqueza hay, más contaminación, más hambre y más desigualdad. La pandemia del coronavirus vino a cerrar un largo ciclo. Nadie se imagina cómo será el mundo después de la pandemia, pero probablemente no sea mejor; por lo pronto habrá más personas pobres y más países pobres. Uno quiere creer que se puede aprender algo, que habrá no solo nuevos líderes, sino una nueva política inspirada en las necesidades de los más humildes y que incorpore a los mejores científicos, a lo mejor de la cultura, a la Academia, a los más preparados, a los más generosos y a los más capaces para imaginar y proyectar cambios que hagan más habitable el mundo en que vivimos.

Si no se reacciona, la vida en la Tierra estará como el periodismo gráfico y, lamentablemente, como yo: en extinción.

Han sido 19 años difíciles para todos, pero más difíciles para algunos que para otros.

Caras y Caretas ha sobrevivido cuando otros colegas han desaparecido.

En el rubro revistas, somos la única semanal en Uruguay y ninguna similar ha sido en nuestro país tan duradera, ni Peloduro, ni Noticias, ni Mundo Uruguayo, ni Tres, ni Riesgo País, ni Guambia, ni Posdata ni Galería.

Desde hace muchos años, hay augures que pronostican el final de esta quijotada. Recientemente, muchos trolls y algunos imbéciles con nombre y apellido nos anunciaban en las redes de “que se van, se van”.

Sin embargo, Caras y Caretas aún se mueve.

Caras y Caretas va por un año más, a festejar su 20º aniversario. Dentro de algunas semanas cumpliremos las 1.000 ediciones, que se hicieron sin faltar un solo viernes en el quiosco del canilla.

Son muchos los artífices de esta modesta obra e imposible nombrar a todos. Esto es patrimonio de los periodistas que escribieron en ella, de los anunciantes que pautaron sus avisos, de los vendedores de diarios y revistas que están en el quiosco en invierno y en verano, de los impresores que trabajan en la madrugada de los jueves, de los dueños de las imprentas y de los que la leen y los que la compran, de los suscriptores y los integrantes de la comunidad, de los amigos que nos apoyan y de los adversarios que nos cuestionan.

Todos han contribuido a darnos ánimo, a empujarnos hacia adelante para procurar entender la realidad, analizarla desde diferentes ángulos, tratar de ver donde no se ve, buscar detrás del escenario cuando la verdad parece no encontrarse. Algunos, incluso, nos han dado abundantes temas para escribir.

Hoy somos muchísimos los que sostenemos y crecemos con este proyecto, los mil y tantos suscriptores, los 19.000 socios de la comunidad de lectores, los que ven los viernes Legítima Defensa y los que compran la revista en los quioscos, los 500.000 lectores que entran mensualmente al Portal, lo que siguen nuestra publicaciones en las redes, los que chatean con nosotros, los que mandan noticias, los que aportan con artículos para ser publicados en nuestras páginas. También los avisadores privados que son más de 200 al año, los sindicatos que nos apoyan, las organizaciones sociales y los entes públicos.

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