Un tranvía llamado desafío
El Palacio Peñarol se fue llenando desde muy temprano en la mañana del domingo. Como si las 12 o más horas de trabajo en comisiones de la jornada previa, lejos de extenuar, hubieran renovado energías y entusiasmos. El Congreso del FA esmeriló por un lado varias diferencias angulares tanto como exhibió las asperezas propias de los filamentos ideológicos dispares que en inusual arquitectura política entreteje los retazos que la unifican. Desde la socialdemocracia al trotskismo. ¿Es posible? No sin movimientos sociales que lo nutran desde las raíces, ni corazones experimentados que haciendo caso omiso al otoño de los calendarios, persistan en una juvenilia de apelación reanimada de viejos horizontes atraídos por nuevos sueños. Aunque la gestión de gobierno y las responsabilidades administrativas los ahuyentan, no estuvo exento de intervenciones con desbordes y audacias que no compensan por ello la sangría de militancia e independentismo cuya principal sintomatología resulta la anemia movilizatoria y la ausencia de efectivo protagonismo juvenil, como precisaré sobre el final.