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Una mala señal

Por Alberto Grille.

¿Se terminó la farsa? La decisión del presidente de la República de no autorizar la utilización de la cadena de radio y televisión para que un representante del Pit-Cnt se dirija a los trabajadores el 1º de Mayo es una señal.

Me cuido de no decir que es una mala señal porque supongo que habrá uruguayos que la festejarán mucho y sentirán que se sacan la espina de haber tenido la oportunidad de escuchar o no escuchar, durante 15 años, una voz alternativa a la que, por razones de clase, difunden los grandes medios hegemónicos.

Pero es una señal que, un poco “al cuete”, ubica al gobierno en el campo de la oligarquía y además en el de la intolerancia.

Digo “al cuete” porque tiene un valor, más  bien, simbólico. Sabedores de que será muy difícil realizar actos, movilizaciones o concentraciones de gente, se abusan de su posición dominante y tratan de aislar a la dirección sindical de su masa trabajadora.

Se trata de una sonora señal, categórica y definitiva, de que el diálogo era una farsa, que la ilusión de un acuerdo nacional, era solo eso, una ilusión y el consenso frente a una crisis terrible que ya vivimos, solo un mito.

Toda esta construcción ilusoria, en la que algunos de los dirigentes frenteamplistas, tal vez, creían o querían creer, duró solo 40 días y se prolongó porque la fiesta tuvo un invitado inoportuno que se materializó como un virus feroz y el gobierno se sintió débil para enfrentarlo solo.

Si no hubiera llegado el coronavirus, la ilusión hubiera terminado antes. Las reuniones con el Frente Amplio y el Pit-Cnt para “dialogar” fueron solamente un espectáculo, puesto en el tablado para facilitar el “trabajo” de los grandes medios, cada vez más escuálidos, y de las empresas encuestadoras que miden y recontrainfluyen en la opinión pública.

La absoluta falta de voluntad de Luis Lacalle Pou y la coalición gobernante de alcanzar cualquier tipo de acuerdo, que de alguna manera condicionara su propósito restaurador, estaba cerrado desde el principio con cuatro candados.

La oligarquía logró que su candidato ganara las elecciones y lo hizo porque el Frente Amplio no quiso o no pudo profundizar su proyecto transformador, porque su dirección no estuvo a la altura del momento histórico, porque la base frenteamplista no se apropió de sus conquistas y   porque subestimó las fuerzas de un adversario  que vino con un proyecto oligárquico y proimperialista y dispuesto a perpetuarse en el poder, dividiendo e invisibilizando a la izquierda, a su expresión política y al movimiento social .

Los primeros días fueron para dar satisfacción a los principales apoyos de este gobierno, Donald Trump y la corporación agroexportadora.

El virus interrumpió la fiesta, pero al mismo tiempo despertó la ansiedad de quienes no quieren perder un minuto de tiempo porque saben que en esto de agarrar al contrario medio grogui y proponerse sacarlo del combate en el primer round, a veces hay solo un par de golpes y una única oportunidad.

La pandemia fue un invitado de piedra, puso al gobierno y a la oposición frente a una situación inesperada y de alguna manera mostró fortalezas y debilidades de ambos. A un mes del primer paciente infectado, los rivales se siguen estudiando porque hay un bicho que los está picando a todos y todavía no es posible saber qué pasará dentro de una semana, 15 días, un mes dos meses o seis meses.

Sin embargo, hay cosas que sí se saben, la epidemia está instalada, se vivirán horas más duras, habrá muchos uruguayos con tests positivos, ojalá no muchos muertos y desde el punto de vista social y económico, un daño muy difícil de evaluar hoy.

Pero, sin duda, el país será más pobre y los uruguayos viviremos peor.

Conste que no digo que no haya que dialogar, hablar y negociar hasta el cansancio. Cualquier camino, especialmente los menos dolorosos, son válidos para preservar derechos, oportunidades, beneficios y salarios para los más débiles. Pero ya vemos que el buen talante de Álvaro Delgado es solo lo que vemos arriba del escenario. Detrás de las bambalinas se ocultan los titiriteros que son los que hacen bailar a los muñecos.

En ese cuadro de situación, el gobierno ha decidido enfrentar la crisis sanitaria escuchando más a los economistas y a los empresarios que a los médicos y los trabajadores; cuenta además con los grandes medios de comunicación y con un relato que culpará de los desastres que se vienen a la herencia recibida, la pandemia maldita y a quienes se oponen a su programa de ajuste, que solo traerá desocupación, pobreza, hambre, pérdida de derechos y represión.

Las cámaras empresariales, los medios hegemónicos ávidos de prebendas, la corporación agroexportadora, el capital financiero, los economistas neoliberales y el núcleo duro del herrerismo están apurando al gobierno para que el tiempo y la magnitud de la crisis no hagan naufragar la política económica diseñada y hagan peligrar las mayorías parlamentarias que necesita la aprobación de la ley de urgencia.

El 1º de mayo de este año será histórico porque de nuevo pondrá a la clase trabajadora y a todo el movimiento social en el centro del escenario y en al frente de la lucha.

En primer lugar, para minimizar los daños de la epidemia, alentando el cumplimiento de las medidas sanitarias recomendadas y apoyando todas las acciones destinadas ayudar a las familias más dañadas por la consecuencias económicas de esta crisis. Pero también en la defensa de los derechos de los trabajadores, el salario, el trabajo, la salud y la educación. En defensa del Estado y las empresas públicas, de un país independiente, protagonista en la defensa de la paz y la soberanía, la independencia, la integración y la autodeterminación de los pueblos.

El aporte de los trabajadores es fundamental para la construcción de un país mejor. Silenciar su voz es una expresión de intolerancia y autoritarismo. Da la impresión de que el gobierno está convencido de que necesita de eso para llevar adelante su programa. Eso sí, es una mala señal.

 

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