“El problema actual es que están volviendo a recorrer ese camino, en las declaraciones y las cosas que hacen; es el mismo proceso, objetivamente. Que empezó durante la administración del FA, con declaraciones políticas de mandos militares, y las más groseras fueron las de Manini, que merecían lisa y llanamente la destitución. De hecho, cuando se rompe la cadena de mando de una institución vertical como el Ejército con el poder civil, el poder militar empieza a actuar por su cuenta, y eso es lo que pasó en el Uruguay”.
Esta ley de inteligencia en tratamiento parlamentario fue muy posiblemente producto laborioso de los coroneles con experiencia directa en el tema, y entregada como paquete cerrado a Lacalle para integrar el proyecto de ley de urgente consideración, que abarca treinta temas en medio millar de artículos que de acuerdo a la Constitución necesita ser aprobada en plazo perentorio, ya sea como la mandó el Ejecutivo, o como salga de su tratamiento legislativo, ya que no hay votos para rechazarla.
Con ella aprobada, el Servicio de Inteligencia de Estado cumplirá la orden presidencial y se dedicará al narcotráfico como prioridad nacional, aunque algunos pequeños atentados sucedidos sugieren que también se puede incorporar el terrorismo a sus objetivos. Son todos temas internos. “Y donde abras esas puertas, no hay límites. Es muy difícil que no pasen de una cosa a otra, porque todo se interconecta”, señala Gregori.
En contraposición, Gregori señala un ejemplo de Inteligencia de Estado que debería ocuparlos: actuar en estrecho contacto con el excelente grupo de científicos que asesora a Presidencia en materia sanitaria y coordinando grupos en materia económica y de relaciones internacionales “para el tsunami económico que se viene en lo nacional, en lo regional y en lo global; lo otro es policial”.
Pero con esta directiva presidencial, “estamos en problemas que terminan en lo que le pasó a la Argentina: inteligencia interna y en materia política, de acuerdo a opiniones de personas o por análisis y suposiciones que alguien hace. La inteligencia hacia adentro no reconoce límites, y por eso se hace hacia el propio partido de gobierno: la sensación de poder que da el instrumento es demasiado grande. En el caso de Argentina y del Presidente Macri, se ve un uso indiscriminado del poder, que instituye la impunidad y el uso espurio de su influencia, a partir de una primera señal que fue muy fuerte, cuando les dijo que no tenían que dar cuenta de los gastos reservados. Como señal para los que están en el tema es un vamo’arriba. Es una señal que significa que en el fondo todo es posible.”