La Inversión Extranjera Directa (IED) comprende aquellos recursos que empresas o inversionistas extranjeros destinan a instalar nuevas plantas, ampliar operaciones, adquirir empresas o desarrollar proyectos productivos con vocación de permanencia en un país.
A diferencia de los movimientos financieros de corto plazo, la IED representa una apuesta de largo plazo sobre una economía. No solo aporta capital, sino también tecnología, innovación, capacidades de gestión, acceso a nuevos mercados internacionales y generación de empleo de mayor calidad. Cuando está orientada hacia sectores estratégicos, puede convertirse en uno de los principales motores para aumentar la productividad y acelerar el crecimiento económico.
Precisamente por ese motivo, la CEPAL sostiene que la inversión extranjera debe formar parte de políticas de desarrollo productivo capaces de transformar la estructura económica de los países y generar un crecimiento más sostenible e inclusivo. Dentro de ese escenario desafiante, Uruguay obtuvo un resultado que merece ser destacado. Según el informe, durante 2024 el país recibió US$ 1.118 millones de Inversión Extranjera Directa, lo que representa un incremento de 128% respecto al año anterior.
El aumento estuvo explicado principalmente por una fuerte reducción en la salida de préstamos entre empresas vinculadas las denominadas operaciones intragrupo, lo que permitió fortalecer el saldo neto positivo de inversiones recibido por el país. Si bien un solo año no alcanza para hablar de un cambio estructural de tendencia, los resultados muestran una mejora significativa respecto de los ejercicios anteriores y constituyen una señal favorable en un contexto internacional particularmente complejo. Otro dato especialmente alentador surge de los anuncios de nuevos proyectos de inversión. Durante el último año se anunciaron iniciativas por US$ 904 millones, prácticamente el triple que en el período anterior. Este indicador resulta especialmente relevante porque refleja decisiones de inversión futuras y anticipa la instalación de nuevas capacidades productivas.
Más importante aún es el perfil de esos proyectos. La mayor parte de las iniciativas se concentra en combustibles verdes y en la producción de combustibles sostenibles para la aviación (SAF), sectores que aparecen entre las principales oportunidades de inversión vinculadas a la transición energética global.
Esto supone un cambio cualitativo para Uruguay, ya que las inversiones no solo aumentan en volumen, sino que además comienzan a orientarse hacia actividades intensivas en innovación, sostenibilidad y generación de valor agregado. La CEPAL también recuerda que los flujos anuales de inversión extranjera suelen presentar importantes variaciones. Sin embargo, más allá de esa volatilidad, Uruguay mantiene una posición relativamente sólida cuando se analiza el stock acumulado de inversión.
Actualmente, la inversión extranjera directa acumulada representa aproximadamente el 45% del Producto Interno Bruto, uno de los niveles más altos de América Latina. Este indicador refleja la capacidad que ha tenido el país para consolidarse como un destino confiable para la inversión internacional, apoyado en factores como la estabilidad institucional, la seguridad jurídica, reglas de juego previsibles y un marco macroeconómico relativamente estable.
El informe de la CEPAL deja una conclusión clara: atraer inversiones continúa siendo una condición necesaria, pero ya no suficiente. El verdadero desafío consiste en canalizar esos recursos hacia sectores capaces de generar innovación, aumentar la productividad, diversificar la matriz productiva y crear empleos de calidad. En un contexto internacional donde la competencia por captar inversiones estratégicas es cada vez mayor, el desempeño de Uruguay constituye una señal positiva. No implica que el país haya resuelto definitivamente el desafío de atraer capitales, pero sí muestra que existen condiciones para recuperar dinamismo y posicionarse mejor en sectores vinculados a la transición energética y las nuevas industrias.
Los resultados del informe representan, en definitiva, una buena noticia para la economía uruguaya. Reflejan una mejora en la confianza de los inversores y abren una oportunidad para consolidar una estrategia de desarrollo que aproveche la inversión extranjera como instrumento para impulsar el crecimiento, la innovación y la competitividad de largo plazo.