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Columna destacada

A las urnas

Por Juan Raúl Ferreira.

El domingo próximo habrá elecciones nacionales. A veces no valoramos suficientemente el ejercicio del sufragio. Bastó que nos prohibieran elegir nuestros gobernantes tras el golpe de Estado del 73, para que asumiéramos cuán importante era. Ahora que lo recuperamos no lo perdamos nunca más. Desde que tengo trece años, elección tras elección oigo decir en las tribunas que son las elecciones más importantes de la Historia; quizás sea cierto. Todas son las más importantes, en todas se juega el destino nacional.

 

Hay algo especial, sin embargo, en estas próximas. Uno ve que la opción es que siga el Frente y profundice los importantes cambios que la gente ha conquistado (recordemos como estaba el país hace 15 años) y se corrijan los errores propios del ejercicio del poder, o que se aplique el modelo mal llamado neoliberal, que ha demostrado ya en la región sus consecuencias. En Argentina llevó al hambre a millones de argentinos y acuerdos don el FMI. Estos acuerdos han profundizado la crisis, haciendo que ricos sean menos y más ricos y los pobres más y más pobres.

 

Argentina es solo un ejemplo. Ecuador, a días del acuerdo con el FMI, el presidente debió derogar el “paquetazo” de ajuste y volver al punto de partida. Pero en el camino habían quedado nueve muertos y miles de heridos entre los manifestantes. El único país que se vanagloriaba de seguir las recetas del Fondo y, sin tener disturbios, era Chile. Al escribir estas líneas, antes de la veda electoral, comenzaron las protestas multitudinarias y diarias contra el ajuste del presidente Piñera. No queremos un Uruguay con ese modelo para nuestros hijos.

 

Hoy vi la grabación del programa “Santo y Seña” con el reportaje a Luis Lacalle. Su descripción del fin de los impuestos va en contra de lo que era un valor fundamental en mi formación política. Para Wilson los impuestos no debían ser finalistas (orientadores de la economía y distributivos). Para el Dr. Lacalle, según describe, serán fiscalistas (recaudadores).

 

Vi a Martínez en el mismo programa. Me pareció que era un uruguayo con cuya vida, cargada de dificultades, pero aún prescindiendo de ello, cualquiera podía sentirse identificado o identificada. No pasa lo mismo con Lacalle. No es su culpa, pero es un hecho. ¿Cuántos uruguayos pueden reconocerse en alguien que dice, con mucha sinceridad, que nunca trabajó en su vida? No le fue necesario. Y es él precisamente el que ofrece un modelo idéntico al que probó sin suerte Macri. La gente no debe ser ratón de laboratorio con estas experiencias. Es ella, la gente, la que pierde el empleo, no puede pagar el alquiler y a la que le cortan la luz, cuando se aplican estas recetas.

 

He pasado las últimas semanas recorriendo el interior. Más allá de la experiencia que ello implica, he hecho varias veces el recorrido de toda nuestra red vial. ¿Alguien recuerda cómo estaban carreteras y puentes hace 15 años? Si no se quiere ver, hay que mirar al costado y, en ese caso, se verá que a cada lado de las rutas hay fábricas, talleres, centros de reparación de equipos de alta calidad técnica (como “containers” refrigerados), depósitos de contenedores… Es otro país.

 

Yo viví un proceso personal en etapas. En un momento, sentí que las viejas banderas del wilsonismo ya no se izaban en el Partido Nacional. Si no se utiliza su nombre para asociarlo a políticas que no eran las suyas, se le olvida. ¿Se puede creer que en el año de su centenario la Comisión de Homenajes creada especialmente por la Asamblea General no se haya reunido ni una sola vez? Los integrantes del Partido Nacional no contribuyeron a hacer quórum. Paso un aviso: sin ingresar en la polémica partidista, he publicado un libro sobre el cual mañana, viernes 25, a las 22 horas hablaré en TNU.

 

Luego sentí que en el Partido Nacional no sólo no se defendían más sus ideas, sino que se defendía aquello contra lo que luchó toda su vida. ¿Habrá pensado Wilson que su partido iba a apoyar el TIAR en la OEA? No, si lo combatió toda su vida. ¿Se podría haber imaginado al Partido que nació de la tradición blanca que iba a apoyar una intervención de marines en el continente? ¿Que un gobierno electo por el Partido Nacional iba a propiciar un régimen tributario que castigue a los más vulnerables? ¿Que rompiendo sus antecedentes se iba a buscar coparticipación en un gobierno colorado (a lo que siempre se opuso) en contra del Frente, con el que hizo varios acuerdos?

 

Finalmente: ¿hubiera pensado que toda su filosofía de seguridad de “distinguir los roles de las Fuerzas Armadas y la Policía era fundamental para la democracia” y olvidara su célebre autocrítica en la Asamblea General: “Ejército en las calles nunca más? Ya me bastó un error para arrepentirme y comprometerme a no volver a cometerlo nuevamente”.

 

Serenamente esperamos con optimismo, y mirando el futuro, el veredicto del domingo.

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