La misión por un lado es la de acompañar pedagógicamente a todos/as para abreviar la “zanja” que se crea durante una internación y producir condiciones que permitan que cada niño que atraviesa una circunstancia de este tipo pueda regresar a clase a su escuela de forma más natural. Pero también hay niños y niñas que llegan al hospital ya con una inserción escolar muy precaria o definitivamente fuera del sistema educativo. En general padecen trastornos psiquiátricos, lo que resulta un impedimento en un sistema educativo que como hemos dicho una y mil veces tiene muchas dificultades para adaptar una oferta para chicos y chicas con peculiaridades. En cualquier caso, son todos niños que pierden contacto con la actividad curricular, circunstancia para la que hay que generar una respuesta.
El aula requiere de docentes muy formados y versátiles pues hay niños que sufren internaciones de tres días y otros que están más de un año. Si los niños pueden trasladarse dentro del hospital asisten al espacio del aula o de lo contrario las maestras se trasladan a las salas para trabajar con ellos/as y respetar el reposo físico.
El aula del Pereira Rossell está atendida por dos maestras que llevan adelante con versatilidad la tarea de atender a una población en esta situación tan especial que también le brinda aditivos muy distintos a los habituales a la tarea educativa. Trabajan dos maestras que tienen organizado su día para recibir en el aula -un recinto adecuado como salón con una mesa central y varias estanterías con juegos y libros- y recorrer las habitaciones. Nunca saben cuántos niños o niñas deberán atender, por eso además de la profunda formación pedagógica se juegan aspectos personales de las maestras como la adaptabilidad y la buena comunicación, así como la flexibilidad para adaptar las propuestas y planificar actividades en función del estado afectivo del niño o niña que tienen delante, en las que, sin duda, el juego y el arte ocupan un lugar principal. Son además integrantes de un equipo especial porque trabajan con el equipo médico sin perder su propia definición profesional como docentes. Es clave entender cómo la circunstancia educativa abre a estos niños chances para tramitar muchos aspectos de su vida.
En el año 2017, comenzamos a trabajar la posibilidad de la apertura de un aula de educación media dentro del Hospital, destinada naturalmente a los y las adolescentes. Un espacio que imaginamos dependiendo de un liceo de la zona, en la que ofrecer unos recorridos educativos adaptados que habiliten a que nuestros adolescentes que viven estas situaciones puedan sostener el tiempo de internación pensando en un mañana de inserción social natural. Pensamos incluso en que aquellos que cumplieran con las condiciones médicas podrían ser visitados por otros adolescentes con propuestas puntuales de taller, considerando que la adolescencia es un tiempo de la vida en que la figura de los pares es esencial. Diseñamos el dispositivo pensándolo como una forma de reencontrarse con la vida en un momento del desarrollo en que muchos jóvenes viven situaciones de internación por intentos de autoeliminación o abusos sexuales, no solo por dolencias físicas. Imaginamos un equipo docente dando continuidad al proceso de estos adolescentes y a otros profes y líderes juveniles con carácter itinerante iluminando las tardes y las mañanas estériles de ese tiempo monótono de vidas a las que a veces les cuesta construir el sentido. Sentimos que era parte de cumplir el mandato ético que, como educadores, tenemos en relación a proveer en forma sostenible ocasiones de desarrollo para todos y todas los/las adolescentes.
“No es asunto de magia ni de alquimia./Se trata de pensar de otro modo las cosas /Palparlas de otro modo…” dicen los versos del poeta Roberto Juarroz. El proyecto está escrito hace más de dos años y los y las adolescentes ya no deberían tener que esperar más.